EL VICIO DE GRECO
—Entonces ve por ella antes que el mundo te la quite.
Al día siguiente, Paolo y Rubí llegaron al puerto viejo. Era una zona peligrosa, con bares donde los cuchillos hablaban más que las palabras. Un hombre los esperaba en una bodega desmantelada. Su silueta era larga, delgada, con una cicatriz cruzándole el rostro. Era Silvano, uno de los antiguos rivales del padre de Greco. Exiliado, marginado, pero vivo.
—Así que… el novio celoso —dijo Silvano, mirando a Paolo como a un perro callejero.