La Traición del Juego Final
Con ese escándalo, la atención del grupo volvió rápidamente a centrarse en ella.
Todos volvieron a rodearla en el chat para suplicarle recursos, y a mí volvieron a dejarme de lado.
Tomé mi tableta con la batería cargada al máximo, me recosté en el sofá y observé en silencio aquella farsa.
Al tercer día, la lluvia de imanes volvió a intensificarse.
El cielo parecía haberse desgarrado. Enormes bloques de metal negro caían desde las nubes. Cada vez que uno golpeaba el suelo, todo el edificio temblaba ligeramente.