LOGINCapítulo 108El silencio en el salón de baile era absoluto, un vacío que le arrancaba el oxígeno de los pulmones a Caleb. La sonrisa de tiburón de Marcus seguía clavada, el dedo listo sobre la tableta como si estuviera a punto de detonar una bomba.Cada mirada de la sala era una aguja, pinchando las costuras del vestido azul medianoche de Caleb, esperando que la tela de la mentira se rasgara.—Creo que te equivocas, Marc —la voz de Evelyn atravesó la tensión, sonora y firme.Se abrió paso entre la multitud como una reina reclamando su corte; la cola del vestido susurraba contra el mármol. No miró a Caleb. No le dedicó ni un gesto de aliento. Simplemente se situó en el centro de la tormenta y le arrebató la tableta a Marcus con un movimiento seco de la muñeca.—Los genealogistas son gente tan aburrida, siempre buscando raíces en tierra seca —dijo, con un tono empapado de condescendencia indolente—. La razón por la que tu especialista no encontró nada en ese pueblo es que Mateo Navarino
Capítulo 107El paso del santuario del vestidor a la mirada depredadora de la gala se sintió como subir al cadalso del verdugo. Caleb, convertido de nuevo en Antonella, sentía el peso de la seda azul medianoche arrastrándose por su piel como una red.Cada paso en los tacones de quince centímetros era una proeza de ingeniería calculada, un intento desesperado de mantener un andar femenino mientras las rodillas amenazaban con doblarse bajo el peso puro de su propia vergüenza.Evelyn caminaba delante de él, con una postura que era una obra maestra de la arrogancia Sterling. No miró atrás ni una sola vez. No hacía falta. Sabía que la correa que sostenía era más corta que cualquier cadena física.Al acercarse a las puertas dobles del gran salón de baile, Lucien los esperaba. Parecía el depredador multimillonario en todo su esplendor: el esmoquin tan afilado que podía cortar, los ojos oscuros con una mezcla de sospecha y hambre posesiva. Al ver a Antonella, una sonrisa lenta y dentada se le
Capítulo 106El eco de la bofetada aún parecía rebotar contra las paredes de mármol, un crujido agudo y cristalino que se quedaba suspendido en el aire mucho después de que el impacto físico se hubiera desvanecido.Caleb yacía en el suelo, la piedra fría presionándole la cadera a través de la fina seda azul medianoche del vestido. Sentía el pulso latirle en la mejilla, un latido caliente y rítmico que coincidía con el frenético golpeteo de su corazón.Sabía a cobre. Un leve sabor metálico le cubría la lengua donde los dientes le habían rozado el interior de la mejilla. No se movió durante un largo instante; sus amplios hombros subían y bajaban con respiraciones cortas y entrecortadas. Desde esa posición, mirando el dobladillo del vestido de Evelyn, ella parecía una diosa vengativa tallada en hielo y sombra.—Evelyn… —dijo con voz ronca. Ahora era su propia voz, el barítono profundo y resonante de Caleb Knight, el hombre que una vez había comandado el respeto de miles con una sola pala
Capítulo 105—¿Es una topo, Evelyn? Porque si es una infiltrada de la familia Moretti o una espía corporativa de la Oficina, no has invitado a una invitada a la casa: le has entregado el detonador a un kamikaze.La voz de Julian era afilada como un bisturí y cortó el silencio denso del salón VIP. Se mantenía erguido, la mirada clavada en su hermana con una intensidad clínica e inflexible.Lucien dio un paso adelante; su sombra se proyectó sobre la cara alfombra persa.—Respóndele, Evie. Hemos seguido el juego con tu revelación escandalosa y con la ejecución pública de Alaric, pero esto… este compromiso es una atadura legal. Si es una agente, ahora tiene acceso al fideicomiso Sterling. ¿Quién demonios es?Evelyn no se inmutó. Permanecía con la cabeza alta; la seda azul medianoche de su vestido atrapaba la luz tenue de las lámparas. Una sonrisa lenta e exasperante se extendió por sus labios: una expresión de dominio absoluto y desconcertante que incluso a Marcus, normalmente el primero
Capítulo 104—Si no te conociera, Lucien, diría que en realidad disfrutaste de ese beso. Parecías demasiado cómodo pegado a una mujer que probablemente recuerda la invención de la rueda.Marcus Sterling se apoyaba en el aparador de caoba del salón VIP privado, haciendo girar un vaso de líquido ámbar que costaba más que un sedán de gama media. Su sonrisa característica estaba firmemente en su sitio, aunque sus ojos —afilados, observadores y perpetuamente inquietos— escudriñaban la puerta cada pocos segundos.Lucien ni siquiera levantó la vista de su propia bebida. Los nudillos todavía se le veían blancos por el agarre que había mantenido sobre Antonella abajo, en el salón de baile.—Fue una necesidad táctica, Marcus. Viste a la gente. Estaban listos para tirar el techo después del numerito de Evelyn. Nada mata un escándalo más rápido que el anuncio de una boda sorpresa.—Una boda sorpresa con una abuela —se rió Marcus, dando un largo trago—. Dios, Lucien. Ya sabía que te gustaban la sa
Capítulo 103La suite principal se sentía más pequeña ahora. El aire espeso olía a lirios y a ese metal amargo de las amenazas que nadie se atrevía a pronunciar. Evelyn se movía con una gracia puramente letal; sus tacones golpeaban el mármol mientras se acercaba al vestidor, un espacio cavernoso que guardaba más secretos que cualquier casa de seguridad de la Oficina.—La gala empieza en dos horas —dijo, con una voz despojada de cualquier calor—. Y la prometida de mi hermano necesita lucir… inolvidable.Abrió una funda de ropa con un silbido seco y violento de la cremallera. Sentí cómo el corazón se me hundía en el estómago. No era solo un vestido. Era una obra maestra de guerra psicológica.La tela era una seda azul medianoche tan oscura que casi parecía negra, diseñada para atrapar cada destello de luz. Un vestido de cuello halter, escote en V profundo y espalda completamente descubierta.—Evelyn —rasgué, con la voz espesa—. No puedo ponerme eso. Es… no hay forma de ocultar el…—¿El






