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Del Odio al… Rencor

Author: Anne Zamora
last update publish date: 2022-05-29 09:12:18

Érika Camel

Aún no me podía creer que este hombre tuviera la poca vergüenza de aparecer frente a mi, después de haberme privado de la más elemental libertad durante 15 días completos. Era una suerte que mi padre no se encontrara

en su habitual horario de visita esta mañana de lo contrario lo sacaría a patadas de la comisaría. La paciencia interminable de Alejandro Camel está llegando a su fin.

Estaba tan furiosa, tan cansada de estar todo el tiempo de mal humor, que   no le daría el gusto de que supiera cuánto me estaba afectando se presencia en este sitio.

Casi veinte días habían pasado desde que no lo veía, veinte días de no estar en su presencia.

¿Cambio algo durante ese tiempo?

Si, algo cambio en mi. No me creía como pude estar tan embobada por ese Alemán, como para perder del todo el sentido común. Si mi noción del peligro no se hubiera desactivado por estar en las nubes, pues me podría hacer dado cuenta que era peligroso lo qué hacía.

—Hablemos de ese embarazo entonces— expresó el muy cínico esperando que me sentara después de que me fueran retiradas esas malditas esposas que me maltrataban las muñecas. Eso sin contar que me dejaban más humillada ante ese hombre. —¿Por que si estás embarazada?¿ O no?

— Si estoy embarazada o no... no veo cómo pueda afectarte. ¿Exactamente de quieres hablar Derek Mayer?—Inquirí con mi habitual aire de princesa guerrera. No me dejaría amilanar por él nunca más  y tampoco  caería más bajo rogando por que retirara la acusación. Podía hacer lo que quisiera que no me volvería a humillar. Él guardo silencio y no respondió instantáneamente —¿Si sabes hablar? Te recuerdo que estas visitas son por tiempo limitado, así que estás perdiendo minutos en mi presencia.

—¿Por qué diste la orden de retirar tu proyecto Érika?— preguntó primeramente dejándome sorprendido.—Todo espere menos eso.

—Pensé que solo hablaríamos de mi embarazo— observe e hice una pausa. Lo miré con superioridad haciéndome odiar —. Esa respuesta es muy sencilla— musité y dramatice una sonrisa—Lo hice principalmente porque podía darme ese lujo sin afectar a mi empresa, y también  porque sabía que no ganarías contra mi ni con un milagro del aire de la Rosa de Guadalupe .

—¿Y Querías que yo ganara por…? ¿Exactamente por…?  ¿Eso también estaba contemplado en tu plan?— esta vez fue él quien fingió una sonrisa— ¿Por qué tenías un plan? ¿O me equivoco?

—Lo hice y punto. No sé a donde quieres llegar con tus preguntas— musité evadiendo emitir una respuesta que me dejara mal parada ante él. No podía olvidar que a pesar de su rostro encantador y sus ojos divinos, Derek Mayer se había convertido en mi verdugo al enviarme a la cárcel sin contemplaciones de ningún tipo.

—A saber porque lo hiciste… ¿no es lógico que quiera saber ?— insistió plantando sus manos en la mesa. 

—¿Por qué hice “qué” exactamente ? — ironicé enumerando con los dedos las posibles preguntas—¿Meterme en tu empresa? ¿o te referías a retirar mi proyecto?— si de mi dependía Derek Mayer no obtendría ni una sola de las respuestas que vino a buscar.

—¿Meterte en mi cama? — formuló la frase y me miró de la manera en que lo hacía cuando estaba debajo de mi, mientras que yo lo cabalgaba. — A eso me refería.

Tuve que apartar la vista, no estaba preparada para responderle esa pregunta. Si cuando me descubrió no tuve problemas en decirle que lo amaba y que todo lo había hecho por amor; ahora me había jurado a mi misma que no volvería a decirle “Te Amo” a ese hombre, así mi libertad y vida dependiera de ello.

— Esa respuesta no te parece tan sencilla, ¿no es así?— se burló.

— Está conversación no nos está llevando a ninguna parte— dije empezando a ponerme de pie—Si no te molesta le dire al oficial que esta visita terminó.

—Siéntate Érika— musitó en voz amenazante— Tu mejor que nadie sabe que tenemos mucho que hablar.

Lo mire a los ojos, había tanto rencor en ellos que comprendí que no estaba ahí movido por un deseo sincero de arreglar las cosas. Si solo deseaba regodearse en su dolor, pues yo no sería parte activa de sus intenciones .

—El día que te atrape en la empresa… pues ese día tenías mucho más para decir— enarcó una ceja y señaló la silla esperando que me sentara de frente nuevamente. — Dicen que paga mentir hay que tener buena memoria, repíteme lo que dijiste ese día.

—No tengo que convencerte de nada. Si estás aquí es para satisfacer tu propia curiosidad, u eso lo puedes hacer leyendo el interrogatorio que hizo la policía. Allí expliqué porque lo hice.

—Me gustaría oírlo de ti— insistió otra vez y comencé a perder la paciencia. — Creo que me debes esa explicación. A fin de cuentas no creo que estés apurada por alguna causa, aquí tienes el tiempo del mundo. No es como que tengas una agenda por organizar ni un coorporativo esperando por ti para una junta. 

—Te equivocas… todas las mañanas recibo visitas de …

—¿De tu novio? — me interrumpió molesto—¿ Del pobre hombre que te hacía en Europa mientras yo te mantenía amarrada a la pata de mi cama?.

—Eso no es asunto tuyo— me limite a decir, peor me daba cierta satisfacción saberlo celoso. Tenía que haberme mordido a lengua para no hablar pero no lo conseguí—¿Estás celoso? Puedo recibir las visitas que…

—¿Celoso?¿De ti y ese hombre?— se levantó  de prisa hecho una furia, su nariz  aleteaba con cada respiración y las venas de su cuello se marcaron más de lo normal — ¡No podría estar celoso!. Mis planes de boda con Rocciane Drake se renovaron y estoy preparado para dar el siguiente paso—la noticia de que había retomado su compromiso fue como un puñetazo en el estómago, pero lo disimulé lo mejor que pude—Además que estés con ese diputado si es de mi total interés, como hay posibilidades de que ese bebé que llevas dentro sea mio…

—¡No es tuyo!— alegue en el tono más hiriente que encontré.

—¿Como estas tan segura?— alegó rodeando mi silla y deteniéndose justo detrás de mi silla. Apoyo ambas manos en la mesa, rodeándome entre sus fuertes brazos. Su cuerpo rodeando el mío, hizo que mis hormonas se revolvieran y comenzara a sentir deseo sexual por el muy idiota. Lo peor es que él sabía perfectamente lo que hacía. —Hubo mucho de mí dentro de ti en los últimos meses— susurro en mi oído, regodeándose de lo que provocaba en mi. Luego se alejó.

— No es tuyo y punto. Pude haber llegado embarazada a ti—traté de clavar la duda en él, pero mi voz sonó como un murmuro, estaba a penas recuperándome de lo que me había hecho sentir su cercanía.

—Hay muchas formas de comprobar la paternidad. Si existe la posibilidad de que ese bebé sea mío, no dejaré que ese pelele cornudo que tienes por novio lo críe.

—Para hacer esa prueba de paternidad necesitas contar con mi aprobación— refuté y con toda la razón. Derek Mayer no tendría derechos sobre mi hijo.

—No si sigues detenida, mi amor. Enseguida le pediré a mis abogados que tramiten una orden de un juez para hacer una prueba…

—No lo permitiré — grité a su cara poniéndome de pie. — No me tocarán ni un pelo, y tampoco a mi bebé para que tú tengas esa estúpida prueba. Mi hijo no tiene nada que ver contigo x ¿No entiendes o qué?

—Tú no eres quien para permitirme o negarme algo Érika. Pediré esa prueba, y si resulta que es mi hijo, te quitaré la custodia. Mi hijo no se criara con una criminal como tú.

Me puse de pie y lo abofeteé con tanta fuerza que la mano terminó por picarme.

—!Eres un malnacido! Eres la peor a escoria que he conocido. No te imaginas lo que me arrepiento de haberme enredado contigo.

—Está cachetada te saldrá demasiado costosa Érika— siseó con la mano aún tocándose el sitio en donde deposité la bofetada. — No retiraré los cargo…

— Y yo prefiero realizarme un aborto antes de permitir que te apoderes de mi hijo— chille a punto de golpearlo nuevamente.

—¿Un aborto? ¿en prision? No puedes estar hablando en serio— dijo con una sonrisa diabólica.

Comenzó a avanzar hacia mi, y yo retrocedí asustada. No planeaba abofetearlo, pero no me pude contener cuando me amenazó con quitarme a mi hijo.

Si pedía una prueba de paternidad a un juez era obvio que el resultado iba a ser positivo.

—Haz lo que quieras pero… —alcance a decir y tuve que levantar mis manos y apoyarlas en su pecho para alejar su cuerpo del mío.

— Pero.. ¿Qué? Dime Érika—indagó cínicamente. —¿Qué harás exactamente?  Si tiemblas por mi como cuando te hacía el amor.

Me acorraló a la pared pegando su cuerpo al mío. Intente luchar, pero eso me haría sentir mucho más su prominente ereccion contra mi estómago. Mi respiración entrecortada me delataba. Estaba luchando con las ganas de besarlo, tanto que mordí mi labio inferior para evitar que mi  deseo por él me traicionara.

—Jamás retiraré los cargos— susurró en mi oído haciendo que mi piel se erizara completamente. — No saldrás de aquí directo a casarte con ese diputado baboso llevándote a mi hijo contigo.

—No esperé nada de ti antes, y mucho menos ahora . Saldré de aquí, así tenga que pasar por encima de ti, de tus abogados, del juez que lleva el caso e incluso por a encima o de tu flamante prometida— siseé con más odio del que en verdad sentía. Sus manos rodearon mi cintura y acariciaron mi cuerpo que temblaba como una hoja al viento .

—No, no saldrás. Eso de mi cuenta corre. Mis abogados han resultado bastante eficientes y capaces en lograr mantenerte aquí por encima de todo pronóstico — su voz ronca y sensual en mi oído era más de lo que podía resistir y las piernas las sentía como mantequilla. Me  asuste un poco, pues no podía negar que en eso tenía razón, sus abogados y el juez se habían negado a dejarme salir en libertad bajo fianza — Me casaré con Rocci, y a pesar que no podrás asistir, te enviaré la invitación para que sepas de primera mano la fecha o el día. Mejor aún… No te la enviaré… te la haré llegar personalmente.

—Cásate con esa arpia, pero a mi déjame en paz idiota. Para mi no eres nadie, nunca lo fuiste, y nunca significarás nada más que el estupido que engañe por diversión— escupí tanta palabra con tanto rencor que yo misma no me creía lo real que sonó. 

—Agradeceme que aún no se haya filtrado a la prensa la noticia de tu delito. Sino estarías acabada— su frente contra la mía podrá respirar su aliento. — Después de toda siento debilidad por ti, bruja. 

— Si te encargaste de que la prensa no supiera... ¡ja!— eso no lo hiciste por mi— susurré, lo tenia tan cerca que no tenía caso hablar en un tono más alto.— Lo impediste   para que no saliera peor tú maltrecho ego. Ya bastante tienes  con que yo te haya visto la car de estupido... como para que te la vea también el resto del mundo.  Te imaginas que la prensa diga que se te infiltró  el enemigo en tus propias narices, y tú estabas tan ocupado metido en entre las piernas de la supuesta espía que no alcanzaste darte cuenta. Me encantará ver esa noticia. ¡Cuéntale todo a la prensa!— lo insité y en lugar de eso... prefirió besarme. Primero despacio y previendo el rechazo, pero luego fue desarmando cada una de mis barreras, hasta que mis mando traidoras rodearon su cuello y mi boca se entregó del todo al beso.

Me tomó casi dos minutos recuperar el sentido, pero lo hice. Lo aparté de un empellón que no se esperaba  y aproveche la sorpresa para alcanzar  de tres pasos la puerta.

—¡La visita acabo!— grité, tocando  fuertemente para que un guardia viniera por mi lo antes posible y así fue.

El oficial entró y me volvió a colocar rápidamente las esposas. Tenia  que alejarme de Derek Mayer... o volvería a rendirme ante el amor que le profesaba, y que por desgracia  no era mutuo. 

Antes de salir de esa oficina me volteé a verlo por última vez, y ademas de desconcierto en su rostro vi un profundo  odio, estaba furioso, pero era mejor así. 

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