LOGINDerek Mayer
La noticia del embarazo de Erika Camel, queda rondando en mi cabeza. No se que creer, dieron como el emisario Perfecto para clavar la sutil espina de la duda en mi.
Claro que era posible que yo pudiera haber embarazado a Erika. Tuvimos sexo desprotegido más veces de las que puedo recordar.
También puede haberse acostado con…
Ardo de celos imparables al imaginar que pudo haberse estado acostando con ese novio suyo al mismo tiempo que estaba conmigo.
No sé ni siquiera porque estoy valorando la posibilidad de que esté embarazada, si perfectamente se puede tratar de otro engaño de su parte. A fin de cuentas es una experta mentirosa.
Cada palabra que dijo el traidor de Dominico da vueltas en mi cabeza. No puedo ni culpar a mi hermano, se del poder de la mujeres Camel para hechizar los sentidos.
Analizo todos los hechos. No puede ser cierto que ella se haya retirado del proyecto. Dominico afirma que lo hizo…
Solo sé, que si lo hizo no fue por mio por ¿amor?
Si lo hizo fue por el miedo de ser descubierta, ya imaginaba seguro que estaba cercada, y no quiso sumar otro delito a su prontuario.
Sería otra noche larga si seguía con la mente ocupada en Érika Camel y todos los problemas que la rodeaban. Tan larga como todas las noches anteriores en que me fue imposible arrancarla de mi mente. Si es que hasta en los breves espacios en que consigo dormir, se las arregla para aparecer entre sueños haciéndome el amor, marcándome como suyo aunque yo me rehusé cada vez más.
Estoy reacio a perdonar, solo el cielo sabe cuánto me ha afectado lo que hizo, como para que la perdone a la primera de cambio.
Jugó con mis sentimientos, los más profundos, los que no les abrí a nadie… me enamore como un idiota de una mujer que no existía… me enamore de su farsa, por eso no la puedo perdonar. Es por eso que está pagando, por eso es que me niego a retirar los cargos.
A la mañana siguiente la cabeza amenazada con estallarme. Trate de hacer ejercicios pero estaba demasiado cansado, agotado por la noche entera sin dormir.
Salí a la oficina y lo primero que me comunicó al entrar la señorita Natalia, la torpe asistente suplente fue el fallo de proyecto ganador.
Entre y lancé el portafolio sobre el sofá.
«Entonces si era verdad»Dominico no mentía... como de costumbre tenía una cualidad casi insufrible para jugar con las verdades que me resultaba tan chocante.
Las Camel se habían retirado. Lo había hecho…
Así que también existía una posibilidad que ese embarazo fuera real...
«¡Bruja!… ¡Bruja!… ¡Bruja!»
Érika definitivamente quería hacerme enloquecer… pero no se lo permitiré. Ella no seguiría jugando con mi mente. Aún detenida no conseguía tener paz, no conseguía liberarme de ella y su influencia nociva.
Salgo del despacho a toda prisa. Las venas de mi garganta son más gruesas y la sangre me palpita en las sienes por la ira.
«Yo no necesitaba limosnas tampoco» si se retiraba para que yo ganara y no humillarme…
Pues se equivocó.
Cruce el área destinada a la asistente y gruñí a la señorita Natalia algo que raramente fue capaz de entender.
—Cancele mi agenda del día de hoy. Para quien me llame… No estaré disponible durante todo el día.
Bajo a la carrera, y me meto en mi coche.
Le pondré un punto final a esta historia… esto de continuar con puntos suspensivos está pasando factura a mi salud física y mental.
Para jugar a este juego ella necesita a dos personas y yo hasta aquí llegue.
Conduzco hasta cierto lugar de la ciudad. He venido aquí casi todos los días desde que Érika fue detenida. Aunque no me atrevo a poner un pie fuera del coche… hoy será distinto.
Me bajo sin pensarlo y cruzo la calle dando grandes zancadas. Empujó la puerta y entró a la comisaría donde con seguridad se que aún está detenida Érika Camel. Hoy la enfrentaré. Enfrentaré a esa Bruja y pondré un punto final enorme a esta historia.
El detective a cargo nota mi presencia y se acerca.
—Soy el empresario Derek Mayer y necesito ver a una detenida. Solicito una entrevista con…
—¿La Reo 45678?— interrumpió el hombre
—¿Qué? — pregunté sin entender nada.
— De seguro viene por La Reo 45678. Érika Camel— terminó por explicar el detective.
—No la llamé así, por favor— pedí educadamente, se me rompió el corazón al saber que la nombraba con una serie numérica seguida de la palabra “Reo”
—¿Cómo quiere que la llame?— inquirió el hombre — ¿La Reo 45678 se llama Érika Camel?
—No la llame por un número, ella aún no ha sido condenada— expresé con cautela, hasta yo mismo me sorprendía ante ese deseo de defenderla. —¿Cómo sabe que he venido a ver a Erika?
—Eso es fácil. Lo supe con solo escuchar su nombre. Todos los días un miembro de la familia Camel maldice su nombre en distintos idiomas— el hombre sonrió y se acercó para susurrar con diversión — Creo que usted es el malo de la historia.
—¿Puedo ver a la señora Érika Camel?— insistí sin tomar en cuenta lo que acababa de decirme.— Por favor…
—¡Venga! Lo llevaré al área de los calabozos.
—No por favor— pedí con urgencia.
—¿No que quería verla?— me interrogó el hombre sorprendido.
—Si… pero no así— No estaba preparado para verla a través de barrote. Me había convertido en un cobarde — ¿No tendrá una oficina de esas en la que los abogados se reúnen a sus defendidos?
—Veré que puedo hacer. Es usted un hombre con demasiado remilgos… con razón lo maldicen tanto— afirmó el hombre.
En otra ocasión no me hubiera quedado tranquilo ante su comentario, pero si me ponía intransigente no lograría ver a Erika. Tenía que salir de esto de una buena vez. De eso dependía que pudiera continuar con mi vida.
Diez minutos más tardes regreso el detective rascándose el mentón.
—Acaba de terminar un interrogatorio, la sala está libre— hizo una pausa— ¿Desea usted que le informe a la reo que usted será su visita? ¿O solo le digo que tiene visita?.
—Dígale que es Derek Mayer — anuncié firmemente. Después el detective refunfuñó algo que perfectamente pude entender.
— Si yo fuera ella y me dicen que es usted el que solicita verme… me negaría a muerte.
—Está bien— musité meditando por breves instantes— No días que soy yo… solo anuncié una visita.
No me podía creer lo metiche que podría resultar un detective. Al parecer el que Érika estuviera detenida aquí se había convertido en un drama colosal.
Me guío hasta la pequeña sala de interrogatorios y me hizo esperar hasta que trajeran a Erika ante mi.
Entré en silencio y me senté en una de las únicas dos silla metálicas separadas por una mesa también de acero que habían en el diminuto recinto.
T
Todo era tan frío e impersonal, que se sentía tan helado como quirófano un quirófano quirúrgico
Espere otros diez minutos ante que ella llegara. Mis nervios eran un océano enfurecido, y las olas amenazaban con derribarme.
Solté el aire varías veces antes que Érika llegase. Trate de ganar en sobriedad… pero era casi enfermizo estar allí.
Otra vez la corbata parecía estrangularme impidiendo que el aire llenara mis pulmones. Me puse de pie… y camine en círculos por el reducido espacio con que contaba.
Finalmente se abrió la puerta de pronto y ella apareció escoltada por dos guardias y con las manos esposadas a la espalda, como si de una delincuente peligrosa se tratara.
Me la imagine mil veces detenida, que sentiría si llegara a verla. Mi imaginación se quedó escasa ante la tormenta que emociones dolorosas que se desató en mi interior.
Sus ojos se encontraron con los míos y percibí el fuego de la ira en su mirada. Era obvio cuánto me estaba odiando.
También había sorpresa en su modo de actuar. Al parecer ya no creía posible que yo apareciera ante ella.
Estaba sorprendida en extremo, era muy fácil darse cuenta de ello. Algo había aprendido a conocer sus gestos, y su lenguaje corporal. Con eso le quedaba grande mentir.
O quizás ya se había olvidado de mi cara de idiota… y no deseaba verme otra vez, porque nada de lo que decía sentir por mi era cierto, y solo fue otro truco para engatusarme, su supuesto amor no fue nada mas que una vil fugaz mentira para lograr salirse con la suya.
Avanzo dos pasos y luego como de la nada se volteó hacia al detective con rostro ofendido.
—No quiero ver a este hombre— expresó con tono neutro y sin ninguna expresión de odio en el rostro.—Regrésame a la celda— terminó por exigir sin perder la compostura un instante o alzar la voz.
Eso me pego más fuerte que una patada en el pecho proporcionada por un caballo pura sangre de carreras.
El detective estuvo a punto de hacer lo que pidió, así que me tocó impedirlo. No había venido tan lejos, no me había sometido a esta presión, para que ahora la princesa real no quisiera recibirme.
—Te conviene sentarte y escuchar lo que tengo para decir Jul… — hice una pausa forzada al darme cuenta que había ganado su atención—perdón… Te decía Éri-ka—pronuncie con más fuerza de lo habitual su nombre— que sería sensato que te sentaras durante dos minutos y hablaras conmigo.
—No tengo absolutamente nada que hablar con usted— me miró más altanera que nunca con la mirada alta — Si tiene algo que decir del caso por el cual me acusó… reúnase con mis abogados. Estarán encantados de recibirlo.
La contemplé de cuerpo entero. Aún no llevaba el uniforme de reclusa, me imagino que era por no haber sido trasladada aún a la cárcel del Condado. Vestía un chandal negro un poco suelto y una sudadera blanca ajustada. Aún con ropa sencilla y cómoda lucía hermosa. Érika Camel sin dudas era de esas mujeres que aún sin maquillaje poseían un rostro Perfecto.
Su melena negra azabache estaba recogida en una coleta, que le daba un aspecto de juventud.
Aún así, note que también había perdido peso, y que en su rostro habían aparecido la sombra de ojeras violáceas.
No se veía demacrada… pero era evidente que estos días también habían sido duros para ella.
—¿Y si no es del caso de lo que deseo hablar señorita Érika?— pregunté con cierta impertinencia en la voz. Me resultaba chocante que aún dependiendo de mi para salir de este problema fuera tan altanera. —¿Qué me aconseja entonces?— la pinché con la pregunta.
— ¿Aconsejarte a ti? No me haga reír ¿A que vino el gran e importante Derek Mayer?— la calma con que me hablo comenzó a exasperarme, la imagine hecha una fiera… pero no así. — ¿A burlarte de mí porque te saliste con la tuya o a llorar como a un puerto al que le pisaron la cola? ¿Cuál de las dos opciones? — me retó y comprendí que bajo ese velo de calma que deseaba mostrar estaba la leona que tanto me gustaba ver en ella. Solo era cuestión de no caer en sus provocaciones y agujonear un poco más.
—Ni lo uno ni lo otro. Vine aquí a hablar sobre mi hijo— entonces si mi frase dio en el blanco y palideció otro poco si eso era posible.— Te sugiero que te sientes y hablemos tranquilamente.
Le hizo una seña a uno de los guardias y se acercó al hombre sin darme la espalda en ningún momento.
—¿Quién demonios te contó de mi embarazo? —inquirió mientras un oficial le quitaba las esposas para que se sentara cómodamente frente a mi. —¿Quien te dijo que el bebé que espero es tuyo?
Sin duda su última frase dio en el blanco de mis inseguridades... pero aún así me llamé a la calma.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







