LOGINDerek Mayer
—Señorita Julie, por favor, infórmele a Dominico que lo quiero en mi oficina, ¡ahora!— mi tono esta mañana no es amable, estoy a punto de gritar. Julie se debe haber percatado de ello en mi forma de tratarla.
—Si señor Derek, cómo ordene—ella responde respetuosamente y cierro la línea de intercomunicación con mi asistente. Sigo rondando por mi oficina hecho una fiera, esperando el momento que Dominico se decida a honrarme con su presencia. Estoy por demás impaciente y mi hermano se da el lujo de hacerme esperar precisamente hoy, después de la bomba que me soltó anoche. Con esta, ya va la tercera vez que lo llamo en los últimos diez minutos.
«¿Cómo diablos esa mujer lo volvió a hacer?» No he pensado en otra cosa desde anoche. La duda me martillea en la cabeza. Me resultaba increíble que estando tan alejada de sus negocios cómo afirmaban en las noticias, la tal Érika fuera capaz de haberme arrebatado de las manos el jugoso contrato por el que llevaba más de dos meses trabajando sin aliento. Al parecer la organización de su matrimonio no le quita tanto tiempo como dicen. «Es una Bruja».
Todo mi equipo había sido presionado, trabajábamos a toda prisa, llevábamos días sin dormir y todo para nada.
El que la competencia nos hubiera ganado, además de tenerme furioso solo aumentaba mis dudas de tener un espía infiltrado en nuestras filas. ¡Alguien tuvo que haber vendido mi proyecto! Alguien que descubriré muy pronto y lo refundiré en la cárcel federal acusado de espionaje empresarial y todos los demás delitos que mi equipo de abogados puedan adjudicarle.
Por trabajar tantas horas en ese maldito proyecto tengo mi vida personal patas arriba. Ni siquiera he podido explicar mi situación a ella.
Ella... Aún no puedo borrar las imágenes de Julie , ansiosa, dispuesta y volteada de espalda enseñándome su glorioso trasero desnudo, apoyada en mi escritorio mientras que yo me vaciaba en ella como un animal.
«¡Maldita mujer...mil veces m*****a!», no puedo dejar de maldecir a la tal Erika.
—¡Dominico, entra de una buena vez!— trueno de pie junto a los ventanales. Mi hermano de pie junto a la puerta entra, y cierra la puerta a sus espaldas, se deja caer con desgano en un mullido sofá de cuero.
«Sofá en el que también le hice el amor a Julie en los últimos días», niego con la cabeza intentando apartar a mi asistente de mi mente en este momento.
—¿Para que soy bueno? — pregunta mi hermano al entrar.
—Para mañana quiero toda la información de Erika Camel sobre mi buró. ¿Qué come? ¿Con quién duerme? ¿Si ronca? ¿Qué días no se baña al año? Todo quiero saberlo.
—¿Pero qué pasa Bro?, la mujer es de Armas tomar, pero tampoco es para que la espíes. Desde ahora te puedo decir que te va a gustar lo que vas a ver. Es un genio en los negocios, pero eso no es lo peor... lo peor es que está demasiado buena la condenada. No es que yo la conozca pero es eso lo que todo el mundo dice— trato de imaginarme a una mujer talentosa y hermosa, pero no puedo... la única mujer que viene a mi mente es Julie Peterson. Ella si está condenadamente buena, tanto que no puede evitar seducirla y caer yo mismo en su propia seducción.
—También quiero que me traigas toda la información que encuentres de Julie Peterson —alego concentrado en la vista de la ciudad de New York que tengo desde un piso cincuenta.
—¿De tu asistente?— parece desconcertado— Creo que estas muy paranoico— simplifica poniéndose de pie de un salto.
Desconcertado no se, pero enamorado... estoy comenzando a valorar el hecho de que esté enamorado como nunca lo estuve en la vida.
—Solo has lo que te digo, no hagas preguntas— ordeno y Dominico afirma con gesto exasperado y se dispone a marcharse.
—Dominico, es con carácter urgente, así que date prisa.
Veinte minutos después estoy sentado tras mi escritorio, tratando de adivinar, revisando minuciosamente los informes generales del proyecto. ¿Por qué me ganó esa bruja si todo aquí está Perfecto ?
Un sutil toque a la puerta me hace levantar la vista. Presionó el botón bajo el escritorio y la puerta se abre.
Julie Peterson entra cerrando la puerta tras de sí, tan despampanante que no puedo apartar mis ojos de ella. Su boca pecadora con ese labial rojo, hace que la polla se me ponga gruesa de tan sólo recordar esos labios carnosos alrededor de mi glande, devorándome con pericia.
Camina segura de si misma, contoneando ese cuerpo de guitarra que Dios le dio y que ella mejoró con horas de entrenamiento.
Rodea mi escritorio y llega a mi lado, de un solo movimiento aparta los documentos desparramados sobre el escritorio. Se sienta justo frente a mi, abierta de piernas dejándome claro que no lleva ropa interior, y que su visita a mi oficina en ese estado no es casual. Su falda se le sube a los muslos torneados dejándome el acceso a lo que deseo completamente libre.
— He traído algo para calmarlo— susurra coquetamente.
—¿Si? — pregunto mordiéndome el labio inferior y comenzando a acariciar su entrepiernas. No puedo controlarme, de tan solo tenerla cerca me olvido del mundo. Pienso con la polla y no con la cabeza.
—Muéstrame— le digo mirándola a los ojos, ella observa con morbo el rumbo que lleva mi mano arqueándose para recibir mi toque.
—Lo que te he traído está aquí— le cuesta hablar ya que ha comenzado a gemir al sentir mis caricias. Con ambas manos se abre la camisa marrón que usa hoy y me deja ver el diminuto sostén que usa. A penas cubre su voluptuoso par de tetas, que ella sabe que me enloquece.
—Me gusta lo que trajiste... ¿Lo puedo conservar? — pregunté segundos antes de bajar el encaje del hermoso y sensual brasier y liberar su pezon para lamerlo encantado. — ¿Me das más? — le sugiero invitándola a que me acerque su otro pecho a la boca. Ella lo hace y se entrega aún más sin reservas enredando sus dedos en mi cabello. Echa la cabeza hacia atrás disfrutando del diapasón de sensaciones que mi lengua va levantando sobre sus pechos turgentes. Podría recorrerla toda con la lengua, y durante toda mi vida. No me cansaría de hacerle el amor de esta manera casi enfermiza, porque adictiva sin duda ya lo es.
— Eres lo más delicioso que he probado y probaré jamás— susurro y no me importa que no llegue a escucharme. Estoy tan excitado escuchándola gemir bajo mis expertas caricias.
Se retuerce ante cada toque, murmura mi nombre entregándose a mi como si fuera su único amo. Estoy seguro que este placer que siento cuando la tengo así es lo que impulsa la gente al BDSM. El poder de dominar a quien te hace vibrar es más de lo que un poner mortal podría aguantar. Es tocar el cielo con las manos, y lograr que esa otra persona lo toque gracias a ti, como si fuera un salto simultáneo al vacío.
Solo Julie es capaz de hacerme olvidar la m****a que me rodea actualmente . Solo con su olor a hembra, a mi hembra... con tenerla cerca me cambia el animo y me llena de su espíritu. Y ni soquiera con ella así ... no puedo, no logro olvidar ese maldito proyecto…
Intento concentrarme y borrar lavándome en ella todos lo negativo qué hay en mi vida. La alzó con destreza y la acomodo sobre el escritorio abriéndola o de piernas. Me saco la bragueta y aparto el bóxer que me está estrangulando la polla que late desde que la vi entrar de manera seductora a mi despacho esta tarde. Estaba seguro a la que venía, y no podía llegar en un mejor momento. De eso estoy seguro .
La necesitaba, nos necesitábamos.
Aparto las bragas de Julie con una prisa inusitada, puedo sentir la humedad de sus pliegues, humedad que provoque vin muy poco... es que yo mismo estoy ansioso de ella. Esta vez es distinto, solo deseo saciarme, si el sexo con Julie no puede quitarme la hiel que me amarga el alma, nada lo hará.
Hoy no seré su amante considerado de cada encuentro amatorio, hoy siento ira… ira y un deseo incontrolable por poseer lo único que siento que es mío en este instante. A Julie la siento mía, infinitamente mía; creo que es la única que ahora mismo no podría decepcionarme.
La miro a los ojos y me meto en ella de un solo empellón profundo y brusco, me muerde el cuello como repuesta a mi rudeza. Sus gemidos con cada movimiento comienzan a hacer mella en mi oído. Me enloquezco y solo deseo arremeter con mucha más fuerza. Quiero que me pertenezca toda ella, tanto como yo me siento suyo.
La escucho respirar sobresaltada, gime y grita con fuerza mi nombre cada vez que me voy sobre ella, con mas fuerza y hasta el fondo. Es una suerte que las paredes hayan sido insonorizadas.
Me entierro una y otra vez en su interior , me deleito observándola y comprendo que está a punto de llegar al orgasmo, y que a cada instante se acerca más.
No puedo ser egoísta con ella, así que masajeo su clítoris hinchado y comienzo a penetrarla con menor cadencia.
Está tan enloquecida que me encaja las uñas en la espalda.
—¡Dame más… más fuerte! — pide en un jadeo.
—¡Pssss¡— la calmo —¡Despacio! — murmure rozando sus labios con los míos pero sin dejar que me besara. Eso la hizo morderse los labios .
Muerdo su cuello, y voy dejando con mi lengua un hilo húmedo hasta alcanzar el lóbulo de su oreja para succionarlo.
Se mueve más rápido como posesa tratando de darse a sí misma lo que necesita para estallar, y la detengo un poco más, aunque tengo que reconsiderar ya que a mi mismo me está costando mantener este juego por mas tiempo.
Desciendo mi boca hasta su clavícula dando pequeños mordiscos y chupetones que la hacen gemir. Tomó su pezon en mi boca y ella completa vibra.
Ya está muy cerca de su liberación, y deseo sentirla así, cada pulsación de su sexo en mi verga es como el recordatorio que nadie me hace sentir como ella.
Aumento la cadencia, libero mis manos y las llevo a sus nalgas para posicionarme mejor y empalarla aún más a fondo. La aprieto a mi clavándome más en ellas, penetrandole hasta el nombres Empujó con mis caderas una y otra vez hasta que por fin siento su estallido, y me dejo ir empujando su más fuerte.
El orgasmo tan intenso nos deja exhausto con la respiración pesada, y tratando de recuperar el aliento con las frentes pegadas, mirándonos con una complicidad casi mística.
Nunca había sentido lo que siento por esta mujer. Es mil veces más de lo que logré sentir por cualquiera otra. «Indescriptible».
Una vez más recuperados, la ayudo a bajar de mi escritorio y la beso en los labios una última vez por esta tarde.
Le paso una caja de pañuelos y la observo arreglarse con dificultad, pues la volví un desastre: «mi desastre».
Me arreglo el traje, y me acomodo la verga que aún conserva un tamaño considerable a pesar de haber eyaculado en Julie.
Ella se marcha y yo quedo solo mirando la ciudad a lo lejos.
«Quizás esto de ser empresario no es del todo lo mío».
«Quizás debería trabajar menos y entregarme más a los placeres que me da la vida».
«Si olvidara un poco esta carrera contra mí mismo y contra la tal Érika Camel… pues quizás pudiera ser medianamente feliz».
Pudiera concentrarme en ser esposo… de alguien como Julie… de Julie en realidad. Tal vez padre, ya que la mentira de Rocci en parte me afecto tanto porque ya me había hecho a la idea de genera un mini yo que educar y consentir.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







