Teilen

Capítulo 3

Tiptik
Antonio me sujetó del brazo, como si en cualquier momento fuera a perderme.

—¿Por qué no me llamaste? ¿Por qué viniste sola al hospital?

Me miró de arriba abajo, con esa urgencia en los ojos… casi convincente.

Diez años.

“Diez años… y parecía que su amor no se había desgastado ni un poco”, pensé.

El frío me subió desde las manos hasta el pecho, extendiéndose despacio, como escarcha.

¿Cómo lo hacía?

“¿Cómo podía mirarme así… mientras su amante estaba a unos metros, comprobando si llevaba a su hijo dentro?”, me pregunté.

—Estoy bien —bajé la mirada, esquivando la suya—. Solo vine a ver a una amiga.

Soltó el aire con fuerza y me abrazó.

—Me diste un susto terrible, amor.

Sus dedos recorrieron mi brazo con suavidad, como si estuviera tocando algo frágil, valioso.

Pero en mi piel… se sentía como hierro caliente.

Tuve que contenerme para no apartarlo de un golpe.

Mi corazón latía fuerte. Pesado.

Uno tras otro.

Sin fuerza para hacer nada más.

La puerta del consultorio de al lado pareció moverse.

Miré, casi por instinto.

Antonio siguió mi mirada… y volvió a mí con la misma sonrisa intacta.

Perfecta.

—¿Qué pasa? ¿Viste a alguien conocido?

Negué.

—No… me confundí.

El pasillo estaba lleno de gente yendo y viniendo, todos con prisa, todos metidos en sus propias vidas.

Nadie imaginaba lo que estaba pasando… justo ahí, a la vista de todos.

Miré la espalda de Antonio.

Ancha. Firme.

Y de repente… completamente ajena.

Lo había amado diez años.

“¿De verdad lo conocía?”, reflexioné.

—Antonio… ¿de verdad te preocupa tanto lo que me pase?

Lo miré al decirlo.

—¿Cómo no me va a preocupar? —me apretó más contra él—. Cuando te casaste conmigo estabas hecha polvo. Pasé tres años cuidándote… y recién ahora empezabas a mejorar.

Su voz bajó.

—Amor, ¿sabes el miedo que sentí cuando te vi aquí? Si te pasa algo… ¿yo qué hago?

Quise reír.

Pero los labios… no respondieron.

Solo temblaron.

—Entonces… ¿tú qué haces aquí? —pregunté.

Sus brazos se tensaron apenas.

—Vine a ver a un familiar. Está internado.

Maternidad.

No dije nada.

En el camino de regreso, su teléfono no dejó de sonar.

Lo apagó.

—Aunque hoy se incendie toda la costa este… me quedo contigo.

No respondí.

Me limité a mirar por la ventana.

Las calles de Black Bay pasaban frente a mis ojos.

El coche tomó la ruta que cruzaba frente a la universidad Biston.

Todo me resultaba familiar.

Demasiado.

Antes eran recuerdos dulces.

Ahora… eran cuchillas cubiertas de azúcar.

No sé en qué momento la vista se me nubló.

Y en ese desenfoque… aparecimos nosotros.

Los de antes.

—Elena, ya… no te enojes, ¿sí? Déjame explicarte. Solo escúchame una vez.

—Una.

—¿Dos? ¿Dos veces, mínimo? —Antonio sonreía, insistente, tirando de mi manga como si no supiera soltar.

—Vete a la mierda, Antonio.

—No llores… pégame si quieres, Elena. Golpéame… pero no llores, ¿sí?

El teléfono vibró en mi bolso.

El sonido cortó todo de golpe.

Volví.

Saqué el móvil.

Número desconocido.

Abrí los mensajes.

“Dice que tu cuerpo es un desastre. Que nunca has sabido satisfacerlo. Tres años de matrimonio y ni siquiera cambias de postura. Está harto.”

Mis dedos se tensaron.

“No le gusta usar preservativo. Dice que le da pena conmigo, así que no me deja tomar anticonceptivos. Si quedo embarazada, me dejará tenerlo. Total… tú ni puedes.”

El mundo… se quedó en silencio.

“Señora Rizzo… eres inútil. ¿Por qué sigues ocupando el lugar de la Madre de la familia?”
Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen

Aktuellstes Kapitel

  • Cuando el Don tuvo una amante   Capítulo 15

    Perspectiva de MarcoAl final… me casé con Elena.El día de nuestra boda vinieron muchísimos compañeros y viejos amigos. Incluso más que cuando Antonio se casó con ella en su momento.Nuestra boda no fue tan ostentosa. No hubo hoteles enteros reservados, ni guardaespaldas por todas partes, ni pétalos cayendo desde helicópteros.Pero fue cálida.Y feliz.De verdad feliz.Todos los que estaban ahí… venían porque querían estar.Después de la boda, Elena y yo pasábamos mucho tiempo separados. A veces meses… incluso medio año sin vernos.Era lo normal.Los asuntos de los Santoro nunca eran fáciles, pero cada vez que volvía… era como conocernos otra vez.Como si fuera la primera vez.Volvíamos a enamorarnos… una y otra vez.Yo nunca le pregunté dónde estaba ni qué hacía.Ella tampoco me preguntó por mis negocios.Simplemente… estábamos juntos.En las primaveras cortas de Biston.En los veranos tranquilos junto al mar.Entre los bosques rojizos del norte en otoño.Y en los inviernos fríos, cu

  • Cuando el Don tuvo una amante   Capítulo 14

    Después de terminar el divorcio con Antonio, me quedé esperando a que cambiara el semáforo. Fue entonces cuando vi el coche estacionado junto a la acera.A inicios de primavera, Marco llevaba un abrigo negro largo, apoyado contra el auto. En las ramas desnudas ya asomaban brotes amarillentos, pero el viento seguía siendo frío.Estaba quieto… aunque sus ojos no dejaban de buscar en mi dirección.En cuanto me vio, se enderezó de inmediato.El sol atravesó las nubes en ese instante. Una luz tenue cayó sobre su mirada.—Elena.Caminó hacia mí con paso firme.El semáforo cambió a verde. La multitud, que había estado detenida, comenzó a moverse como un río, llenando el cruce de gente.Yo no me moví.Solo sonreí, inclinando un poco la cabeza mientras lo miraba acercarse. Paso a paso… como una escena detenida en el tiempo.—Elena.Cuando llegó frente a mí, bajó la mirada para verme. Parecía nervioso. Su respiración no era del todo estable. Tal vez por el frío… o tal vez no.Las puntas de sus o

  • Cuando el Don tuvo una amante   Capítulo 13

    Perspectiva de ElenaEl día que finalizamos el divorcio, salimos del juzgado y Antonio me llamó:—Cariño…Su voz sonaba vacía. Ya no quedaba nada de la luz que antes lo definía. Esos ojos que alguna vez fueron intensos y desbordantes… ahora estaban apagados.Lo miré con calma.—Llámame por mi nombre.—Elena.Se acercó y se detuvo frente a mí. Me miró con una seriedad casi desesperada. En sus ojos apagados, pareció encenderse un destello débil.—Aún podemos ser amigos… ¿no? Como hace diez años. Podemos empezar de nuevo, como amigos.Negué con la cabeza.—No. No podemos.—Pero, Elena…Lo interrumpí sin dudar:—Antonio, hace tres años, cuando nos casamos, te lo dije claramente. En mi familia no se perdonan las traiciones. En ese momento fui yo quien cedió… y ahora estoy pagando el precio.Antonio dio un paso adelante, ansioso.—Entonces no seamos amigos. Empecemos como desconocidos, ¿sí? Solo dame una oportunidad más. Solo una. Te lo juro.Sonreí apenas.—Antonio, ¿todavía no me entiendes

  • Cuando el Don tuvo una amante   Capítulo 12

    Antonio nunca se tomó en serio la “maldición” de Marco.Pero cuando, después de recorrer más de mil millas, llegó a ese pueblo perdido en Nuevo Merico y solo pudo ver, impotente, cómo Marco se le adelantaba y encontraba a Elena primero en medio del desierto… lo entendió.Ese era el castigo.Llegó sin darme cuenta.Brutal.Y él no tenía cómo defenderse.El viento levantaba la arena amarilla, cubriendo el cielo. No sabía si Elena lo había visto. Solo pudo observar cómo Marco sostenía con cuidado su cuerpo herido y la ayudaba a subir al SUV.Cuando ella intentó entrar, parecía demasiado débil. Marco la levantó en brazos y la acomodó dentro.Antonio los siguió hasta el hospital.Los hombres que había dejado Vittorio Santoro para protegerla intentaron detenerlo, pero aun así dejaron pasar a Marco al área de revisión.El viento se detuvo.La arena también.Antonio escupió el polvo que tenía en la boca y encendió un cigarro. Luego otro. Y otro más.No podía parar.Miró a Dante Lombardi, el su

  • Cuando el Don tuvo una amante   Capítulo 11

    Perspectiva de tercerosAntonio leyó el mensaje.Luego se dejó caer en el sofá y, de pronto, se cubrió el rostro mientras soltaba una risa muda.Los miembros de la familia, sentados a un lado, intercambiaron miradas. Nadie se atrevió a decir nada. En los últimos días, Antonio había estado fuera de control buscándola. Aunque no lo había hecho público, el rumor ya corría entre todos.La situación de Caterina tampoco era mejor.Había llegado demasiado tarde al hospital.No pudieron salvarle el útero.Aun así, Antonio no la soltó.Días atrás, Caterina había sido expulsada de la universidad. Sus padres la consideraron una vergüenza y cortaron todo lazo con ella. Ahora vivía al límite, aterrada, rezando día y noche para que Elena regresara… porque solo así Antonio podría dejarla vivir.Pero Elena había desaparecido sin dejar rastro.Como si nunca hubiera existido.—Don… ¿ese mensaje era de la señora? —preguntó alguien, reuniendo valor.Antonio se recostó, cerró los ojos.Guardó silencio dura

  • Cuando el Don tuvo una amante   Capítulo 10

    Perspectiva de ElenaSeguí a la gente que había organizado papá y me fui directo al desierto de Nuevo Merico, a más de mil millas de distancia. Las condiciones eran duras y el ritmo, agotador.Papá estaba preocupado de que mi cuerpo no aguantara, pero después de superar los primeros días de incomodidad, empecé a adaptarme poco a poco a ese estilo de vida acelerado.Conseguí un teléfono nuevo y un número nuevo.El antiguo lo dejé encendido, pero abandonado en el alojamiento. No lo cancelé… simplemente dejé de llevarlo conmigo.Casi todos los días, Antonio llamaba y mandaba mensajes a ese número.Yo no respondía.Ni siquiera los leía.Cuando llegué a Nuevo Merico, llamé a Sofía Esposito y le conté por encima lo que había pasado con Antonio.Sofía se pasó diez minutos enteros insultándolo.—Con razón te fuiste sin decir nada. Elena, Antonio está como loco buscándote estos días. Me ha acorralado varias veces en el hospital, pero yo no tengo idea de dónde estás. De nada le sirve presionarme

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status