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11. Recuerdo de amor.

Penulis: Nocturnal
last update Tanggal publikasi: 2022-02-18 02:12:00

Un día libre no fue en realidad el descanso que esperaba. Mantuve mi promesa de no ver las noticias, tan sólo imaginar la reacción del señor Daleman a toda la situación me hacía querer vomitar. Había logrado su cometido, manchó la reputación de su propio hijo con tal de quitarlo del camino. No importa que su imagen nunca volvería a ser la misma. Sería recordado con esposas de camino a una patrulla aun cuando su inocencia fuera demostrada. Hay imágenes capaces de arruinar una vida entera, una vez es plantada la semilla de la duda es imposible eliminarla por completo.

 Christian no parecía preocupado, ya fuera por que de verdad no había razones para temer o por dar una apariencia fuerte enfrente del resto del mundo. No era el tipo de persona que muestra su debilidad a los demás, después aprendería que esto era por culpa de su padre, Christian aparentaba una gran fuerza, caminaba con la cabeza en alto, los brazos relajados como si no tuviera incómodas esposas manteniendo sus manos juntas.

Regresé a mi casa y con una taza de café negro comencé a revisar los archivos de Luisa, era tanta información… tuve mucha suerte al encontrar su computadora desbloqueada. Horas después un fuerte dolor de cabeza me hizo dejarlo. No había nada claro aún, tras revisar papeles muy diversos estaba segura de que Daleman escondía algo en el corazón de la compañía. Tuve atisbos de transacciones sospechosas que parecían salidas de la nada cada dos o tres semanas. ¿Por qué Luisa tenía acceso a eso? ¿Estaba implicada en algo ilegal con el señor Daleman? ¿Podía tratarse de una cruel coincidencia?

Aun tenía mucho por investigar, ahora sentía como si me estuviera acercando a un descubrimiento importante, podía sentirlo, era semejante a caminar en la oscuridad, cuando presientes que algo se encuentra a pocos centímetros de distancia, pero cuando estiras el brazo sólo encuentras aire. En eso momentos resultaba más difícil ser paciente. Suplicaba encontrar pronto algo capaz de derrumbar ese maldito imperio.

Frustrada me dejé caer sobre la cama, tras llegar a casa me había puesto al cuello una cadenita con los anillos de compromiso que Antonio y yo intercambiamos varios años atrás. Por él lo hacía todo, por ese futuro que nos fue cruelmente arrebatado. Sostuve ambas sortijas en mi mano derecha, lo extrañaba tanto y sentía su ausencia a cada instante.

Nos conocimos de niños, una de esas historias que comienzan en la infancia, nuestras vidas parecían enlazadas y nuestros caminos se cruzaron en varias ocasiones. “Es cosa del destino, estamos destinados el uno al otro” solía decir Toño, con una sonrisa capaz de arrugarle la piel alrededor de lo ojos.

A los dos nos cuidaba la vieja señora Carmona cuando nuestros padres asistían a las reuniones de vecinos. No éramos los únicos bajo su cuidado, su patio trasero parecía un parque en aquellas ocasiones. Yo era tímida y ahí dejaban a dos niñas que siempre se burlaban de mí, por eso cada vez me escondía en el rincón más frondoso del jardín solía pasar horas ahí, mirando las nubes pasar entre las ramas de un viejo níspero. Un día él se sentó a mi lado sin decir nada, debió notar lo sola que estaba. Antonio, con sus salvajes cabellos desordenados y el pantalón lleno de tierra por tanto jugar se quedó junto a mí, a pesar de ser uno de los niños más populares y juguetones del lugar. Se quedó ahí hasta que mi padre llegó a recogerme, despidiéndose con una sencilla inclinación de cabeza.

- ¿Hiciste muchos amigos? -preguntó mi padre, su usual pregunta al recogerme.

-Sólo uno, Toño…

De cierta forma esos sentimientos hacia Christian se sentían como una traición a aquel momento, no sólo traicionaba a mi prometido, también a mi mejor amigo de toda la vida. Su amistad y su amor fueron lo mejor que me pasó en la vida. La alegría de estar en sus brazos, de reír a su lado, de mirar sus ojos llenos de amor… no tenía igual en el mundo.

Mil veces desee poder recuperarlo, morir en su lugar o a su lado, pero no fue así, sobrevivir es mil veces peor. Con esos pensamientos me quedé dormida, temía a mis pesadillas usuales sin imaginarme que de una noche a la siguiente estas habían cambiado.

En vez del bosque con los sonidos y ruidos que cambiaron mi vida, me encontraba en un claro bien iluminado, podía ver la pistola en mi mano, pero la persona a quien apuntaba lucía borrosa, envuelta por una terrible bruma que revelaba solamente su contorno. Estaba determinada. No recuerdo haber jalado el gatillo, pero escuché el disparo, entonces la bruma desapareció para revelar a Christian mirándome con una expresión de profunda tristeza, ojos llenos de lágrimas de dolor, mientras sus manos intentaban contener el sangrado de su pecho.

-Rachel… ¿por qué?... creí que me entendías, que eras importante…

-No debiste ser tu. - respondí, debatiéndome entre ayudarle y huir.

Miré abajo, mis manos estaban manchadas de sangre, aunque no me había acercado al herido. El olor impregnaba por completo el ambiente. No, no era posible, no Christian. Él no era el culpable. No quería la sangre de un inocente en mis manos. Mucho menos la suya.

-Perdón…-Di dos pasos en su dirección, mis piernas se sentían pesadas, como si saliera de una alberca. -Yo no…

- ¿Siquiera te llamas Rachel? Eres sólo una mentira, una farsa que vive de ideas pasadas para justificar su m*****a existencia. -La voz era la de Antonio, pero salía de los labios de Christian. Me tapé los oídos, no quería escucharlo. - ¿Crees que yo quiero esto? ¿Qué alguna vez quise esto?

-Esto no es posible, no está pasando.

-No quieres oír la verdad, no eres diferente a mi padre, ¿lo sabes?

Las palabras se repitieron con mil ecos imposibles en un espacio tan abierto. Desperté con el cabello alborotado y cubierta con sudor helado. Mi respiración estaba descontrolada, me aferré a las dos sortijas, las apreté en mi mano hasta que sentí la respiración más calmada al igual que un fuerte dolor en la palma.

Salí del cuarto, eran las tres de la madrugada, imposible volver a dormir tras semejante pesadilla. Afuera la oscuridad reinaba en la ciudad, resaltando las escasas luces que seguían encendidas, si miraba abajo de seguro vería las farolas de la calle y a alguna persona caminando rápido en medio de la noche.

Como por hechizo escuché sonar mi teléfono. No reconocía el número, aun así, contesté.

- ¿Bueno?

-Hola, Rachel. -dijo Christian. - Te dije que no te preocuparas.

- ¿Perdón? Son las tres de la madrugada. -hice lo mejor por sonar indignada a pesar del alivio que sentí al oír su voz. Saber que ya no estaba injustamente encerrado levantaba un peso de mi conciencia.

-Si, lo lamento por la hora, acaban de dejarme salir. Creí que te gustaría saberlo. El detective Olmos está seguro de que eventualmente tendrán suficiente evidencia para un arresto, pero mientras esperamos eso soy un hombre libre.

-Tiene razón, prefiero saberlo. ¿Lo veré al rato en la oficina?

-Por supuesto. Medio día en la prisión es lo más cercano a vacaciones que he tenido en años ¿cómo estuvo tu día libre?

-Aburrido.

-Ahhhh, ¿me extrañaste? -bromeó él.

-De hecho, sí.

- ¿Es broma?

-Por supuesto, señor. -respondí, sonriendo.

-Bueno, entonces te dejo y nos vemos al rato. Intenta descansar, Rachel.

-Igual usted, señor.

-Adiós.

-Hasta luego…

Escuché la llamada terminar, bajé el teléfono lentamente. No mentí, de verdad sentí un gran alivio al escucharlo, además de muchas otras emociones que aun no estaba dispuesta a analizar o siquiera admitir. Christian se encontraba bien, eso era lo importante. Más adelante probaríamos su inocencia. ¿Por qué incluía ayudarle en mis planes? ¿Por qué me dolía verlo en apuros? 

Nadie me había importado tanto desde aquella noche, ni siquiera el resto de mi familia, quienes aparte de creerse la versión oficial de lo sucedido culpaban a Antonio por todo. Creían que inventé lo del señor Daleman para justificarlo. Ya no me preocupaba su inevitable destino cuando descubrieran la verdad, pero Christian era diferente a todos lo demás. No sabía nada sobre mí y sabía muy poco sobre él, la falta de conocimiento no detenía la creciente conexión que sentía con él.

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