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26. Un cambio temido.

Author: Nocturnal
last update publish date: 2022-05-15 08:59:41

De regreso al trabajo descubrí que los demás trabajadores no parecían seguros de que la situación con el señor Daleman hubiera dejado atrás la situación del robo. Al caminar por los pasillos de la oficina temporal escuché los susurros, sentí las miradas y noté que se preguntaban qué papel jugaba yo ahí. ¿Estaría de su lado incondicionalmente o me aliaría algún día con el señor Daleman? El ambiente me llenó de incomodidad. Me recordó cuando estaba en la escuela y dos chicas inventaron el rumor de que salía con un chico con novia. Por días nadie me habló, ni siquiera para preguntar mi lado de la historia.

- Rachel, buenos días. -me saludó Christian, su sonrisa me hizo olvidar al instante todas mis preocupaciones. -Por favor comienza a buscar boletos de avión a Buenos Aires, si se puede vuelo nocturno para hoy. Creo que mi padre me está “castigando”, quiere que me encargue de unos reportes semestrales…

-Si, en seguida, señor. Creí que no tenía permitido salir del país hasta resolverse el caso del señor Cruzz. -respondí encendiendo mi computadora. Desde mi escritorio pude escuchar su suspiro. 

-Mi padre logró persuadirlo, son pocas las personas que le negarían algo al señor Daleman.

En ese momento sentí una punzada de orgullo hacia mi padre, porque él no se doblegó ni ante el dinero ni ante amenazas. Se enfrentó a alguien mucho más poderoso que él sin importarle perderlo todo. Nunca aprecié lo suficiente esa parte de él.

- Espere, ¿su idea de castigarlo es mandarlo a Argentina?

- Así es, a mí me encanta viajar…-soltó una carcajada. -Si el cree que viajar me molesta… no voy a corregirlo. De seguro investigó qué oficina está más atrasada con su papeleo y piensa aburrirme hasta la muerte …

Asentí, aun recordaba nuestro viaje anterior, con todas sus incomodidades y el gran progreso al conseguir los correos de Luisa. ¿Sería tan útil la visita a las oficinas de Buenos Aires? Además, debía pasar al menos nueve horas en el avión, todo eso debía servir para algo, sin mencionar que nos daría la oportunidad de pasar un poco de tiempo lejos de su padre y de Dalia. Una vocecita en mi cabeza me decía que no me molestara en hacer planes, el señor Daleman era el tipo de persona capaz de volverte la vida miserable sin necesidad de estar en el mismo hemisferio, de seguro ni siquera necesitaría estar en el mismo planeta. Aparté los boletos, igual que la vez anterior viajaríamos los dos solos.

Antes de buscar el segundo café de Christian pasé al baño, ahí esperaba Aurora, una expresión de seriedad extrema en su rostro usualmente relajado e incluso un poco juguetón.

- Rachel, necesitaba hablar contigo.

- ¿En el baño? -cuestioné, corroborando que todos los cubículos se encontraban vacíos. Era raro ver el baño así, limpio y trabajadoras entrando y saliendo. Quizás Aurora tuvo algo que ver en eso. -¿No deberíamos hablarlo en otro lugar?

- Esto no puede esperar. Escuché que tú y el señor Christian van a viajar de nuevo. Solo quería advertirte que eso no es normal, su padre rara vez le pide que viaje tan seguido… algo más debe estar pasando…

- Muchas cosas están pasando, ¿tienes algo específico en mente?

- Me refiero a ustedes dos. Yo… sé que han intentado ser discretos, pero algunas cosas no pueden ocultarse. Todo el mundo lo sabe o lo sospecha.-Miró alrededor, como si temiera que alguien más se escondiera en ese baño vacío. -Yo conozco a una persona… ella trabaja para el señor Daleman, limpia su casa y se encarga de la cocina. Bueno, ella me contó que lo escuchó hablar con el padre de la señorita Dalia, piensan anunciar el compromiso mientras Christian está en el extranjero y no tiene oportunidad de oponerse.

- Diablos, eso tiene sentido. ¿Sabes cuándo planea hacerlo?

- Mmm no sé la fecha exacta, sólo que será pronto.

- Bueno, gracias, Aurora, te debo una.

Le agradecí. Ella salió del baño, mirando a ambos lados del pasillo antes de irse como si se tratara de atravesar una calle llena de conductores imprudentes. Por un instante miré mi reflejo, los ojos fijos en mí casi no parecían míos. Un detalle de la conversación resaltaba en mi memoria: su amiga conocía la dirección del señor Daleman, la misma que este se había esforzado tanto por mantener oculta del mundo. Ah, y planeaba tenderle una emboscada a su hijo a cambio de un buen trato comercial.

Aun distraída fui a la cafetería, ordené y esperaba recibir mi pedido cuando vi a Dalia llegar. Al inicio no me reconoció, después hizo su además de estar oliendo basura.

 -Secretaria Guerra, no esperaba verla aquí. Debería rendirse ¿sabe? Yo ya gané. -Dijo deteniéndose a mi lado.

- No sé de qué me está hablando, señorita Dalia. -Respondí, atrás del mostrador podía ver al barista a punto de terminar mis cafés. -Yo nunca he competido con usted.

- Claro, no estás a mi nivel como para competir. -se mofó. Yo solo agradecí que no llevara de nuevo el vestido de corazones o me sentiría tentada a arrojarle el café encima. -Pronto será oficial y en cuanto nos casemos haré que te despida, no queremos tener problemas ¿verdad?

- Debo regresar a mi trabajo, mándele mis saludos a su chofer, señorita Dalia. - Intenté alejarme de ella, pero me detuvo agarrando mi antebrazo con su delgada mano adornada con largas uñas postizas. - ¿Tiene algo más que decirme o sólo le gusta la compañía?

- Las personas como tú no se quedan con personas como Christian y yo, espero que lo entiendas por las buenas y te rindas de una vez por todas.

- Las personas como usted…-dije subiendo un poco el volumen de mi voz, aunque no lo suficiente como para gritarle. - Ustedes existen sólo como herederos de sus padres, son poco más que piezas de ajedrez para sus propias familias y les resulta imposible salirse de su molde porque nunca se han molestado en mirar más allá de su propia riqueza. Ni siquiera se dan cuenta cuando lastiman a las personas o cuando son queridos por algo que no sea su dinero. Me siento mal por usted, señorita Dalia.

Sin volverla a mirar aparté su mano y me adelanté a recoger mi orden. Una parte de mí quería ver su expresión, pero ¿y si intentaba causar una pelea? Si bien Christian no estaba enamorado de ella, semejante escena de seguro le desagradaría. Un momento, ¿por qué me preocupaba tanto su opinión? Sacudí la cabeza, era una pregunta para cuya respuesta no estaba lista.

Esa misma tarde, de regreso en mi casa, comencé a empacar mis maletas, el vuelo saldría esa noche y debía reunirme con Christian en un par de horas para ir al aeropuerto. No había mucho tiempo para preparar todo. Christian esperaba que permaneciéramos al menos una semana en Buenos Aires. ¿Sería ese viaje el inicio del final? Temía y a la vez esperaba regresar a la Ciudad de México para buscar a la amiga de Aurora. Una vez que tuviera acceso a la casa del señor Daleman no debía dudar, quizás solo tendría una oportunidad…

De nuevo guardé mi cámara en la maleta, no pensaba sacarla, pero nunca se sabe. Empacar no es difícil cuando tu vida no es en verdad tuya. Además de mi ropa de trabajo guardé un par de prendas casuales y el vestido que usé en la fiesta. Le avisé de mi ausencia al casero y le envié un mensaje rápido a don P**e, temerosa de que fuera a buscarme en mi ausencia e incapaz de encontrarme creyera que había vuelto a escapar.

“Gracias por avisar, ten un buen viaje y cuídate mucho” me respondió unos minutos después. Sonreí.

El tiempo pasó rápidamente, no estaba segura de si esperaba o temía el viaje. Sentía que algo iba a cambiar pronto, ya fuera por el compromiso de Christian o la posibilidad de acelerar mi venganza contra su padre. Era extraño y confuso, ahora que me acercaba a la meta… no me sentía tan determinada. “Maldito corazón” pensé. Tomé mi maleta y mi bolsa antes de salir. No tenía la menor idea de que cuando regresara ambas posibilidades se habrían cumplido y mi vida se pondría de cabeza una vez más…

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