LOGINEsta vez no me sentí tan nerviosa por viajar con Christian a un país lejano, quizás por nuestra naciente relación o por el hecho de que viajábamos en un avión lleno de personas demasiado cansadas para notar al rico empresario entre ellos. Me preguntaba si debería decirle algo sobre su inminente compromiso a Christian, ¿despertaría sus sospechas que lo supiera? ¿y si no me creía? Mis pensamientos se quedaron en blanco cuando él tomó mi mano, sus largos y delgados dedos entrelazándose con los míos.
- No me pediste que reservara un hotel. -comenté.
- Tengo un pequeño apartamento, podemos quedarnos ahí. Te prometo que es más agradable que cualquier hotel y yo puedo hacer el desayuno.
Asentí, me ponía un poco nerviosa la idea de pasar tanto tiempo con él, temía que nuestra cercanía creciera al punto de no poder terminar mis planes para el señor Daleman. Y aun así… sentir su mano en la mía me llenaba de una inigualable e inesperada calidez. Sin pensarlo recargué mi cabeza sobre su hombro, lo escuché suspirar y segundos después sentí su cabeza junto a la mía. Era lo más cerca que habíamos estado incluso desde antes de la cita. Ahora que el espacio entre ambos había desaparecido, no sentía el menor deseo de apartarme.
- No pudo prometer que las cosas mejorarán con mi padre de la noche a la mañana. -susurró, evitando ser escuchado por los demás pasajeros, quienes mantenían sus propias conversaciones en voz baja. -Pero sí puedo asegurar que después de este viaje me encargaré de que las cosas sean diferentes.
- ¿Estás seguro? Pero Dalia…
- Tengo la solución, lo prometo. No tendrás que preocuparte por nada, Rachel.
- Okay, confío en ti, Christian. Y en realidad no me importa lidiar con todo eso. -dije refiriéndome a su padre y su posible prometida. -Sin importar lo difíciles que se pongan las cosas, no volveré a huir.
Unos minutos después sentí su respiración volverse más lenta y profunda. Yo estaba casi segura de que no podría dormir durante el vuelo, pero una vez pasada la media noche cerré mis ojos e invitada por la calidez de la persona a mi lado me quedé perdidamente dormida.
Una vez pasado el aterrizaje y el paso por aduanas Christian y yo nos encontramos por fin en Buenos Aires, el edificio de industrias Daleman, a diferencia del de Ciudad de México, se encontraba cerca del aeropuerto internacional, pasando un parque muy grande y cerca del barrio chino. De camino noté con gusto su cercanía con un museo de arte español, si llegaba a tener tiempo libre definitivamente tenía que visitarlo, desde niña amaba visitar museos.
El discreto apartamento de Christian era en realidad el pent-house de edificio vecino de las oficinas, porque claro, no sé por qué me imaginé su apartamento pequeño, de una habitación o algo por el estilo, en vez de eso encontré un pent-house de varias habitaciones y si bien su vista no era tan impresionante como el otro, lo compensaba al ser más espacioso y con un diseño más hogareño.
Las altas paredes de madera también estaban cubiertas de fotografías y pinturas, me entristeció pensar que quizás las tenía ahí para evitar que fueran vistas o criticadas por su padre. Durante el vuelo Christian me confió que su padre desconocía la existencia de su hogar en Argentina. “Ese departamento lo compré con mi propio dinero, mi padre no tiene la menor idea…” dijo orgulloso por esa independencia tan anhelada.
- Bienvenida a mi refugio lejos de casa. -Me dijo, dejando su maleta junto a la puerta después de cerrarla. -Déjame mostrarte el lugar, en la medida de lo posible espero que podamos trabajar desde aquí. Creo que te va a gustar el lugar.
- ¿Podemos trabajar desde casa?
- Sería lo ideal, así evitamos a los espías de mi padre, sospecho que tiene un par en cada oficina. Supongo que ya debes haberlos notado. -Negué con la cabeza, aunque tenía ligeras sospechas sobre el portero y un chico de contabilidad quien siempre se me quedaba viendo raro. -Regresando te digo quienes son, así sabrás alrededor de quién debes tener cuidado.
Christian me dio un tour rápido el lugar, me mostró la oficina al fondo, el balcón con vista a la calle, y la acogedora sala. Al igual que en su otro hogar, la cocina era el lugar mejor amueblado y donde parecía pasar la mayor parte del tiempo cuando estaba ahí. Tenía un cuarto de huéspedes donde yo pasaría la noche.
- No quiero presionarte a nada. -explicó con un tono de voz lleno de nerviosismo. – Además es posible que por las reuniones yo regrese tarde un par de días, no quiero despertarte…
- Soy tu secretaria aparte de tu novia, ¿no es así? -él asintió con la cabeza, el movimiento hizo que sus rizos rebotaran de una forma adorable. -Como tu secretaria debería estar contigo en las reuniones, como tu novia, nunca me molestaré contigo por hacer tu trabajo.
Apenas terminé de decirlo besó mis labios, los dos demasiado cerca, nuestros cuerpos prácticamente pegados. Él acarició mi cabello, su mano se deslizó desde los teñidos mechones hasta posarse en mi espalda.
- De… deberíamos descansar, mañana será un día muy ajetreado. -dijo él, apenas separando sus labios de los míos.
- De acuerdo. -no me había dado cuenta de lo cansada que me sentía por el vuelo.
Esa noche dormimos en la misma habitación, con sus brazos rodeándome y el sonido de su suave respiración. A diferencia de otras veces ambos dormimos tranquilos, como si nuestros subconscientes hubieran escogido olvidar por un día las pesadillas que solían atormentarnos a ambos. Quizás nos relajamos de más porque al día siguiente descubrí que no escuché mi despertador, y no fui la única.
- Christian, despierta. -toqué su hombro, él hizo un ruidito raro pero tierno. -Son las diez de la mañana…
Ante eso se levantó de golpe.
- M****a, no puedo llegar tarde el primer día.
-Creo que ya llegamos tarde. -comenté saliendo de la cama.
Nos vestimos tan rápido como pudimos, yo terminé usando un traje negro con falda a la rodilla y una blusa rosa con un olán en el escote. Christian salió del cuarto con un encantador traje azul marino que hacía que sus ojos lucieran aún más azules.
Llegar a la oficina fue literalmente salir del edificio y caminar al edificio del lado, el corto trayecto me hizo sentir más ridícula por llegar tarde, la impuntualidad era una de las cosas que no soportaba tanto en otros como en mi persona. Atravesamos el amplio vestíbulo hasta llegar al elevador, ahí Christian presionó el botón para el quinto piso. En ese momento noté que su corbata estaba un poquito chueca.
- ¿Puedo? -pregunté señalando su pecho.
- Ah, sí, por favor.
La acomodé sin problemas, ahora la cercanía no se sentía extraña, sino cargada con una tensión que parecía a punto de estallar en cualquier momento. Apenas acababa de apartarme cuando se abrieron las puertas para rebelar a Luisa parada justo afuera, su hermoso rostro con una expresión de fastidio que contrastaba con su cabello cuidadosamente rizado y su traje costoso.
-Christian, secretaria Guerra. -nos saludó.- Que bueno que decidieron honrarnos con su presencia…
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







