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28. Luisa, de nuevo.

last update Veröffentlichungsdatum: 24.05.2022 13:30:10

En retrospectiva, debimos esperar una jugada así por parte del señor Daleman. Aunque nunca pensé que fuera a mandar a su exnovia al mismo lugar. De seguro ningún espía era tan fiel como ella, la mujer capaz de traicionar a su novio por él.

- Luisa, no esperaba verte aquí. ¡Qué sorpresa! -respondió Christian. Los dos bajamos del elevador. Estábamos en un piso amplio con varios cubículos en el área común y un pasillo de oficinas del otro lado.

- Escuché un rumor… que el joven y apuesto Christian Daleman está a punto de comprometerse con cierta rica heredera. Necesitaba saber si es cierto. -En ese momento su mirada de detuvo en mí, ya había olvidado lo desagradable que resultaba su expresión de superioridad. -Aunque si ella sigue aquí, dudo que hayas decidido dejarla. El señor Daleman me mandó a vigilarte mientras estés aquí.

- ¿Se supone que me lo digas? ¿No debería ser un secreto entre ustedes dos?

- No tiene sentido ocultarlo, de seguro lo sospechas y no sé si tu padre lo sepa, pero tengo mejores cosas que hacer. -Al decir esas últimas palabras levantó su mano izquierda, en su dedo anular brillaba un enorme anillo de compromiso. -Ya es oficial, pronto seré una Daleman y la boda no se va a planear sola ¡Es casi otro trabajo de tiempo completo!

- Felicidades. -dijimos los dos al mismo tiempo.

- Bueno, suficiente sobre mí, ¿listos para la más grande pila de papeleo que hayan visto en sus vidas?

No tenía que mirar a Christian, sabía que los dos estábamos igualmente preocupados por ese supuesto “castigo” de su padre. Luisa nos guio a la oficina más lejana, al otro extremo del piso. Abrió la puerta e hizo un gesto para que entráramos. Adentro había pilas y pilas de cajas de cartón, desde un extremo al otro de la abarrotada oficina.

- Que tengan un bonito día. -dijo mientras se alejaba.

- Espera, ¿no nos vas a ayudar?

- Am, ¿no? Recuerda que debo planear mi boda, es mi día especial y necesita ser perfecto, Christian. Ah, hay que digitalizar todos los contratos anteriores a 2000, si no es mucha molestia…

Cuando nos quedamos solos lo miré. Entonces esa era la idea del señor Daleman de un castigo: matarnos de aburrimiento.

Una vez pasada la impresión de esa alta muralla de documentos atrasados nos repartimos el trabajo, él separaría los documentos que necesitaran digitalizarse y yo me encargaría de copiarlos a la computadora, misma que descubrimos casi enterrada en papeles.

- Esto será más tardado de lo que temí. -murmuró Christian antes de toser por el polvo que se salió volando al abrir un folder. - ¿Quién diría que teníamos tantos documentos abandonados?

Asentí, aunque en el fondo estaba bastante conforme con el supuesto castigo, en especial cuando noté la antigüedad de los papeles y que podía revisarlos abiertamente sin provocar sospechas. Era la manera más fácil de darle una buena mirada al interior de la compañía casi desde sus orígenes. De seguro Christian no tenía la menor idea de mis intensiones…

Mi entusiasmo disminuyó bastante después de cuatro horas de mirar fijamente hojas de papel amarillento.

- Christian, ¿quieres que traiga algo para comer? -ofrecí al notar la hora, acababan de dar las tres y media de la tarde.  

- Mejor salgamos un rato, necesito salir antes de empezar a alucinar palabras.

- Okay, vamos.

Las personas en los cubículos apenas levantaron la mirada cuando pasamos a su lado y no vimos a Luisa por ningún lado. Comimos juntos en un pequeño pero acogedor restaurante, todo el tiempo no dejamos de hablar, era como si la conversación se negara a terminar ahora que estábamos fuera de la oficina. Hablamos del clima, de nuestros planes si llegábamos a tener tiempo libre y algunos recuerdos del pasado. En una breve pausa me mostró su teléfono con las veinte llamadas perdidas de Dalia y los mensajes demandando que le informara dónde estaba, si había llegado bien y ofreciendo viajar con él.

- ¿Sabes que es lo peor? -dijo bloqueando su teléfono después de que llegara otro mensaje. -Antes de esto nunca expresó el menor interés por mí. Siempre admiré su determinación para trabajar, no era como sus hermanos, que viven de fiesta en fiesta y se dedican a gastar el dinero de su familia. Me sentía mal por ella, trabajaba mucho y aun así su padre prefería a sus hermanos.

- Debió ser difícil. -le di la razón, también me sentía mal por Dalia, aunque no tanto gracias a su actitud y comportamiento hacia mí. - ¿A ti te molesta… eso?

- Sí, me desagrada sentir que la única razón por la que saldría conmigo es gracias a la intervención de nuestros padres. Yo quiero estar con alguien que me ame por ser yo, no por el dinero de mi familia o el apoyo de la empresa.

Tomé su mano, sabía que nunca sería esa persona, no en realidad, no mientras siguiera con mis planes.

- Todo estará bien. -le dije, deseando poder decir mucho más…

- Ahem, deberíamos regresar a la oficina, de seguro Luisa nos está buscando. Ya sabes, entre más pronto terminemos antes puede regresar a planear su boda.

- No me imagino su boda…

- Mi pobre tío no sabe lo que le espera…

Siempre atesoraría el sonido de su risa. Cada señal me mostraba que nuestra despedida estaba cercana, no podía continuar la farsa por mucho tiempo, solo lo suficiente para regresar a la ciudad de México y averiguar el paradero de su padre, Su corazón sanaría, estaba segura. Además, mis sentimientos por él, cada momento entre nosotros no fueron parte del plan, algo que no le importaría cuando descubriera la verdad. Aprovecharía el presente sabiendo que en el futuro cada instante de alegría sería visto bajo la sombra de la duda.

Pasamos el resto de la tarde trabajando sin hacer pausas, él para terminar pronto su castigo, yo para no tener que mirar esos ojos claros llenos de amor. Christian revisaba los papeles dividiéndolos por fecha, yo pasaba los más viejos a formato digital y sin que él lo notara, me fija un poco más en los contratos que manejó el señor Daleman en persona. Como sospeché estaban plagados de inconsistencias, de personas renuentes a vender hasta que de repente decidían hacerlo por la mitad de lo ofrecido, arquitectos que dejaban un proyecto a la mitad, pero de alguna forma era completado a tiempo… Algo estaba muy mal ahí.

- No aguanto ni un minuto más. -se quejó Christian cuando dieron las ocho de la noche, conteniendo apenas un bostezo.

- Los demás ya se fueron. -informé, la mayoría se retiraron antes de las seis, incluyendo a Luisa, quien pasó el día al teléfono, gritándole a todos los futuros involucrados en su boda. La pobre planeadora debía estar arrepentida de aceptar el trabajo. - ¿Quieres quedarte otro rato? Podemos trabajar hasta las nueve y luego…

Sus manos acariciaron mis hombros en un sensual masaje, no tenía idea de lo tensa que estaba. Besó mi cuello haciéndome soltar un suspiro.

- ¿Y si mejor volvemos a casa y te doy un masaje? -giré para besar esos labios delgados pero capaces de gran pasión.

- No hay cámaras aquí. -le recordé cerrando la puerta…

A la mañana siguiente despertamos, nuestros cuerpos entrelazados y cubiertos con las prendas de ropa que nos habíamos quitado con prisa la noche anterior. Afuera se escuchaba la llegada de los primeros empleados y desde la ventana entraba la tenue luz del amanecer. Él besó mi hombro, yo besé el punto junto a la comisura de sus labios.

- Ouch, mi cuello. -se quejó él a intentar moverse. -Aunque definitivamente valió la pena. Rachel, viviría con dolor de espalda si eso significara que puedo despertar a tu lado…

Nos vestimos en silencio, conscientes del riesgo de que alguien entrara a la oficina en cualquier momento, de cierta forma el peligro volvía a situación aun más emocionante. Cuando cerré el último botón de mi blusa sentía mi corazón latir desbocado. Christian seguía peleando con su corbata cuando Luisa entró, su cabello mojado suelto empapaba su saco de color rosa mexicano.

- Vaya, no espera verlos aquí tan temprano… aunque a juzgar por su ropa no se fueron anoche…

- Buenos días, señorita Luisa. -la saludé al pasar a su lado, necesitaba café y pronto.

Mientras me alejaba escuché a Christian contestarle que trabajamos toda la noche y que no debería cuestionar esa decisión si quería regresar pronto a planear su perfecta boda. No pensé en ninguna de mis preocupaciones hasta regresar, mientras me acercaba desde el elevador pude notar como ellos dos seguían en la oficina, pero esta vez Luisa parecía estarle advirtiendo algo en voz baja. Me acerqué lo más posible sin hacer ruido con tal de escuchar sus apresurados susurros.

- Tu padre está preocupado, siempre ha sido paranoico, pero esta vez es diferente. -murmuró Luisa, su mirada se alternaba entre el pasillo y la ventana. - está convencido de que alguien está siguiendo sus pasos con malas intenciones.

- Así es mi padre…

- No, Christian, sé que no tienes razones para confiar en mí, pero…

- Tienes razón, no confío en ti. Aunque agradezco la intención. Por favor, no vuelvas a hablarme de mi padre, no cuando preferiste serle leal a él y no a tu prometido. -su voz subió un poco de volumen y temblaba con el resentimiento que impregnaba esos recuerdos.

- Bien, no diré nada. Tú y tu secretaria tienes sus días de revolcarse en oficinas contados.

Dicho eso salió, tan enojada que ni siquiera me vio ahí afuera. Entré con los dos cafés y los sándwiches empaquetados que conseguí para desayunar. Christian levantó la mirada de la caja de papeles ante él.

- Rachel… ¿escuchaste eso?

- Solo la parte de revolcarse en oficinas. -mentí.

Él sonrió antes de contestar, la risa evidente en su voz.

- Supongo que no fuimos tan discretos como pensamos…

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