Beranda / Romance / EMBARAZADA DE MI ESPOSO POSESIVO / Capítulo 2: Las reglas de la casa

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Capítulo 2: Las reglas de la casa

Penulis: Alfa🥰🥰
last update Tanggal publikasi: 2026-10-02 08:41:04

Valeria se despertó con la boca pastosa y el cuello duro.

Techo altísimo. Cortinas gruesas. Luz gris.

Casada. Estaba casada.

El vestido yacía en el piso, un bollo de seda blanca. Se tocó la cara y los dedos le quedaron negros.

-Genial. Divina.

Se lavó con agua helada, se puso un jogging viejo y salió descalza. El piso era un hielo. Olía a café y a pan quemado.

Adrián estaba en la cocina, con camisa blanca y una tablet. Ya vestido. Ya peinado. Ya inalcanzable.

-Buen día.

-Son las nueve y diez.

-¿Y?

-Yo desayuno a las siete.

-Qué bueno para vos.

Él levantó la vista. La recorrió entera, el pelo hecho un desastre, los pies descalzos, la cara sin maquillar. Y se quedó un segundo de más.

A ella se le subió el calor al cuello.

-Sentate.

-¿Me estás dando una orden?

-Te ofrezco café.

Se sentó. Él le sirvió con el azúcar justo, sin preguntar.

Ahí había algo. Después entendió: le habían pasado un informe completo sobre ella. Qué ternura.

-Reglas -dijo él-. Salgo a las ocho. Vuelvo entre las nueve y las diez. No traés gente acá sin avisarme.

-Esperá...

-Y tu celular.

Valeria clavó los ojos en él.

-¿Qué pasa con mi celular?

-Cualquier cosa que salga en redes puede...

-¡Pará, pará! -Golpeó el tenedor contra el plato-. ¿Me pedís que no use mi propio teléfono?

-Te pido cuidado.

-Me controlás. Es distinto.

-Es lo mismo.

-¡No es lo mismo, boludo!

Silencio. Una tostada se enfriaba. Afuera pasó un helicóptero y la ventana vibró.

Adrián apoyó las dos manos en el mármol. Con una calma que daba más miedo que un grito.

-Es la primera vez que me llamás así.

-Se me escapó.

-No me molesta.

Un costado de su boca se movió. Un milímetro. Después lo borró.

-El chofer te lleva a la fábrica a las diez.

-Voy en colectivo.

-No.

-Mi viejo va a esa fábrica hace treinta años. Si llego en un auto polarizado me miran como si me hubiera vendido.

Se le quebró la voz en la última palabra.

Porque eso había hecho. Y los dos lo sabían.

-Te deja a dos cuadras -dijo él al final.

-Una.

-Dos.

-Una y media.

-Valeria.

-Bueno. Dos.

---

El portero sonó tres veces seguidas. Con esa insistencia de gente que no espera.

Adrián cerró los ojos.

-M****a.

-¿Quién es?

-Mi abuela.

-¿A esta hora? ¿Sin avisar?

-Siempre sin avisar.

Se oyó el ascensor. Después un bastón en el mármol. Tac. Tac. Tac.

Doña Beatriz entró como quien conquista un país. Chiquita, flaca, rodete blanco perfecto, tapado crema que olía a lavanda y naftalina.

Y unos ojos celestes que te leían el prontuario en medio segundo.

-Adrián. Me debés un llamado.

-Abuela, te iba a llamar.

-Mentiroso. -Agarró a Valeria de los antebrazos con una fuerza que no parecía de ochenta años-. A ver. Dejame verte.

Dedos secos. Fríos. Valeria no se movió, con el jogging y la cara lavada, más desnuda que nunca.

-Cara de buena persona. Y ojeras. ¿Dormiste mal?

-Un poco.

-¿En qué cama?

-Abuela -cortó Adrián.

-Pregunto nomás.

-No es asunto tuyo.

-Todo lo tuyo es asunto mío, nene. Yo te crié.

Valeria sintió que se le iba la sangre de la cara. La vieja olfateaba. Los cuartos separados. La llave. La tensión.

Tenía que decir algo. Ya.

-Dormí bárbaro -soltó, con una sonrisa que le dolió-. Adrián me dejó la cama calentita.

Se quiso arrancar la lengua.

Adrián la miró con los ojos abiertos de más. Beatriz soltó una risa seca de pájaro.

-Ajá. Qué bien. -Giró hacia su nieto-. Vení al living, que hablamos de los accionistas. Y vos, querida, andá a vestirte. Te llevo yo.

-No hace falta, señora...

-Beatriz. Y sí hace falta.

---

Valeria se frenó en el pasillo y apoyó la espalda contra la pared helada. El corazón le iba a mil.

Del living llegó la voz de la abuela. Baja, pero nítida.

-A esa chica la mirás distinto.

-No la miro de ninguna manera.

-Te conozco. Y no me gusta.

-¿Por qué?

-Porque la última vez que miraste así a alguien, casi te destruye.

Un vaso se apoyó con demasiada fuerza.

¿La última vez? ¿Quién?

Entonces, desde el saco que Adrián había dejado en una silla, se encendió la pantalla de un teléfono.

Un nombre. Un mensaje.

**Camila:** *Anoche no dejé de pensar en vos. ¿Ya terminó tu teatrito?*

Valeria sintió un frío subirle por los brazos.

*Teatrito.*

Eso era ella. Una función. Un papel.

Todavía no había terminado de digerirlo cuando oyó pasos. Rápidos. Y la voz de Adrián, seca, desde la puerta del living.

-¿Qué estás mirando?

Ella levantó la cabeza. Él tenía el teléfono en la mano. La pantalla, todavía encendida, entre los dos.

No supo qué decir.

Y entonces la vio. Una sola palabra en la cara de él, antes de que la tapara.

Miedo.

-No es lo que pensás -dijo Adrián.

Valeria sonrió. Una sonrisa chiquita, helada, que no era de ella.

-Tranquilo. Para pensar algo, tendría que importarme.

Se dio vuelta y se fue a vestir.

Pero en el cuarto, con la puerta cerrada y dos vueltas de llave, se le doblaron las piernas y se sentó en el piso.

Porque sí le importaba.

Y eso era lo peor de todo.

---

FIN DEL CAP 2

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