ANMELDENAl día siguiente, Lucas estaba sentado cómodamente en su silla de oficina, pensando... calculando.No podía permitirse dejar nada fuera de su control.Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios cuando su mente reprodujo lo que había sucedido el día anterior en casa durante su búsqueda.Marco pronto entró en su oficina a grandes zancadas, con profundas líneas visibles en la frente mientras se acercaba a Lucas con pasos rápidos.—Señor, la búsqueda de anoche en la oficina del señor Alberto no dio el resultado deseado —declaró Marco, con la voz teñida de preocupación.—¿Qué piensa hacer ahora?Una sonrisa tranquila apareció en los labios de Lucas en cuanto escuchó a Marco.Lucas nunca había sido de los que perdían la calma o la confianza ante los problemas o la frustración.Era precisamente ese lado de él lo que preocupaba aún más a Marco.—¿Has hablado con el señor Alejandro? —preguntó Lucas, con una calma en la voz que incluso sorprendió a Marco.Marco asintió rápidamente.—He hablado
Los días siguientes habían sido muy ajetreados para Natalia en la Escuela de Moda Velasco. Se había sumergido por completo en sus estudios y en hacer los preparativos para la próxima presentación, hasta el punto de que no había estado pensando mucho en el divorcio. Antes de que se diera cuenta, ya casi había llegado el día en que estaría completamente libre de las garras de Lucas. Fue en uno de esos días cuando regresó a casa aquella tarde, hambrienta y totalmente agotada por la carga de trabajo y las prácticas. Pensó que los chefs eran los mejores cuando regresó a casa aquella tarde y le dijeron que la comida ya estaba servida. Natalia se apresuró hacia el comedor y encontró la mesa hermosamente preparada para dos. Lucas ya estaba sentado, pero no había comenzado a comer. Parecía estar esperando a Natalia, tal como lo había estado haciendo durante los últimos siete días. Pero Natalia tenía demasiada hambre como para prestarle atención. Rápidamente se lavó las manos en el freg
Ya habían pasado siete días desde que Natalia solicitó el divorcio. Había estado contando los días desde entonces.A medida que se acercaba el día, se sentía cada vez más emocionada. Simplemente no podía esperar para divorciarse de Lucas y concentrarse definitivamente en su futuro.Después de un mes de terapia, había visto cambios tremendos. A diferencia de antes, ahora podía envolver los dedos alrededor de algo, aunque todavía no podía agarrar nada con firmeza.Natalia estaba ocupada escogiendo el material para su próxima presentación cuando Cassandra corrió hacia ella.—Realmente necesito hablar con mi madre —dijo Cassandra, con la voz quebrada como si estuviera a punto de llorar.Cassandra parpadeó, haciendo todo lo posible por contener las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos.—Acabo de recibir la noticia de que la llevaron de urgencia al hospital. Mi teléfono dejó de funcionar de repente.Un breve silencio pasó entre ellas.—¿Puedo pedirte prestado tu teléfono?Natalia po
Lucas estaba sentado detrás de su elegante escritorio al día siguiente cuando Marco entró en su despacho, llevando al abogado Alberto hasta su oficina. Una oleada de determinación llenó a Lucas en cuanto lo vio. Sabía por qué había venido el señor Alberto, pero, como siempre, creía que todavía había una salida para él. —Señor Lucas Delgado —dijo el señor Alberto, vestido con un traje negro y sosteniendo un expediente en las manos—. Soy el abogado Alberto. Pero las palabras apenas habían salido de sus labios cuando Lucas fijó la mirada en él. —Sé quién es usted, abogado —dijo Lucas, con voz firme y cortante. Los ojos grises de Lucas brillaron con determinación mientras miraba fijamente al abogado Alberto. El abogado Alberto sonrió en cuanto lo escuchó. —En ese caso, creo que sabe por qué estoy aquí —dijo el abogado Alberto—. Eso hace que mi trabajo sea mucho más fácil. El abogado Alberto abrió rápidamente el expediente que tenía en la mano y sacó un documento. Dio un paso adela
Al día siguiente, Lucas estaba de pie junto a su ventana de suelo a techo, mirando la concurrida calle de Madrid que se extendía abajo. Pero su mente estaba en lo que había sucedido la noche anterior. No podía dejar de repetir en su mente las palabras de Natalia y la determinación que había visto en sus ojos. Había pensado que no había manera de que Natalia pudiera conseguir un abogado en Madrid, ya que él se había asegurado de ello. Se había encargado específicamente de mantenerla alejada de todos los bufetes de abogados. Nunca imaginó que ella pudiera conseguir que el señor Alberto, un socio sénior de un bufete de abogados independiente en Madrid, aceptara llevar su caso. Todavía estaba sumido en sus pensamientos cuando Marco entró a grandes pasos en su amplio despacho, sus largas piernas moviéndose rápidamente mientras acortaba la distancia. —Señor —llamó Marco, haciendo que Lucas volviera su atención al presente. —¿Has encontrado lo que te pedí? —preguntó Lucas fríamente a Ma
Nicolás no pudo evitar soltar un resoplido en cuanto escuchó las palabras de Natalia. Había estado observándolos a través de la cámara de vigilancia. Después de que Ruiz le informara que Natalia había regresado y que se estaba reuniendo con el abogado Alberto, se preguntó qué estaría tramando, así que rápidamente decidió observarlos. La mirada de Natalia estaba fija en la pared de cristal cuando Nicolás entró en el aula, pero él podía notar que su mente había ido más allá de ella. —Debes de ser realmente rica para no querer nada de la riqueza de Lucas —dijo Nicolás con calma mientras se colocaba a su lado, con una pequeña sonrisa dibujada en los labios. Fue la voz de Nicolás la que hizo que Natalia volviera al presente. —¿Cómo planeas sobrevivir después del divorcio? —preguntó Nicolás, mirándola. Pero Natalia no le respondió. Por la expresión del rostro de Natalia, Nicolás pudo notar que estaba enfadada. Su silencio lo confirmó aún más. Después de que pasaran unos cuatro segun







