เข้าสู่ระบบBIANCA DEVEREUXLo estaba viendo, en su regazo tenía a una chica rubia que le acariciaba el cabello y su mano estaba sobre su trasero, él le estaba susurrando algo al oído y ella reía. Enarqué una ceja y me crucé de brazos, buscando su mirada, pero estaba tan ensimismado en aquella chica que ni siquiera notaba mi presencia, sabía perfectamente cómo pagarle con la misma moneda. Me acerqué a la barra, pedí un cocktail para mi y me senté en uno de los taburetes. Esa era la señal perfecta para indicar que estabas buscando una aventura de una noche. Justo sentí como una mano se posaba en mi espalda, pero el toque era diferente. — Hola. — Una voz gruesa hizo que mi piel se erizara. Lo mire. Su máscara lucía fracturada, su rostro izquierdo estaba cubierto por la máscara y el otro lado a pesar de que era visible no se reconocía porque justo su ojo derecho tenía un lente de contacto completamente negra.— Hola. — Respondí con coquetería. — ¿Qué hace una mujer tan hermosa sin un dueño?La
BIANCA DEVEREUX ¿Será que realmente escuché bien? Su voz hizo eco en mi cabeza, como si… Me bajé rápidamente del escritorio de mi madre y acomodé mi falda y me fui hasta el otro lado de la oficina, Christopher me miró frunciendo el ceño.Solamente a una sola persona le digo papi, y esa voz se me hace conocida. Dijo aquella voz en mi cabeza, me niego a creer que Christopher es el hombre enmascarado.Mi madre entra a su oficina y nos ve con una sonrisa.— ¿Arreglaron sus diferencias? — Pregunta ella inocente de lo que sucedió minutos atrás. — No. — Respondí para luego salir de la oficina. Necesitaba ir con Khloe y contarle lo que acaba de suceder, así que tomo las llaves del auto, me subo en él y conduzco en dirección a la casa de mi mejor amiga.El volante estaba frío bajo mis manos, pero mi cabeza ardía.Conduje casi en automático por las calles que conocía de memoria, intentando ordenar el caos que Christopher había dejado en mi mente. El tráfico del domingo era ligero, el sol de
CHRISTOPHER VARON.La familia Devereux tenía una costumbre casi sagrada: almorzar todos los domingos juntos.Una tradición que nadie cuestionaba y de la que nadie se ausentaba… aunque por dentro deseara hacerlo.Y este domingo no era la excepción.Jazmín entrelazaba sus dedos con los míos mientras caminábamos hacia la mesa larga instalada en el patio. El sol caía sobre el mármol blanco, haciendo brillar el agua de la piscina como si fuera una joya absurda, demasiado ostentosa incluso para los estándares de esta familia.— Hoy vinieron todos —comentó Jazmín con una sonrisa ligera—. Mamá está feliz.Asentí apenas, aunque mi atención ya no estaba en la conversación.Estaba en ella.Bianca.Sentada al otro lado de la mesa, justo al lado de ese pelafustán de su prometido.Edward.Los vi reírse de algo que él dijo. Ella inclinó la cabeza hacia atrás, dejando que el sol tocara su cuello. Ese gesto simple, natural… me golpeó como un recuerdo demasiado reciente.Porque yo sabía cómo se veía es
BIANCA DEVEREUXLa música resonaba por todo el lugar, las máscaras son el principal centro de atención y yo estaba en el lugar que más me encantaba. Descubrí este lugar cuando tenía dieciocho y me prometí regresar al cumplir veintiuno y así lo hice, por supuesto que lo abandoné luego de haberme ido de la ciudad. El característico olor a almizcle del lugar me invadió y de inmediato recuerdos sucios llegaron a mi cabeza y de inmediato sentí como mi ropa interior se mojo, podía saborear a cada uno de los hombres que se encontraba ahí, pero en mi cabeza solamente había uno solo y no sabía si seguía asistiendo al club. Khloe y yo nos acercamos a la barra. — Hola preciosas. — Saludo el bartender desde el otro lado de la barra. — ¿Qué desean beber? — Yo quiero un whisky a las rocas. — dijo Khloe. He decir que ella es un poco dominante y suele demostrarlo de esa forma. — ¿Y tu preciosa? — Me mira. — Yo…Ni siquiera pude terminar de hablar, cuando sentí una presencia detrás de mí, y esa
BIANCA DEVEREUXCaí en la cama tratando de asimilar lo que había sucedido. Mi respiración seguía temblando, aún podía sentir el eco del contacto de Christopher en mi piel… como si mis nervios no hubieran entendido que ya había terminado. Cerré los ojos un instante, intentando ordenar mis pensamientos, pero lo único que regresaba era la imagen de él sobre mí, su voz baja, su cuerpo firme, la forma en que me sostuvo como si yo fuera suya desde siempre.Y eso… eso era lo más peligroso.Había cruzado una línea. Una que jamás debió siquiera existir.Tragué saliva, tratando de ignorar la corriente cálida que me recorría el estómago solo de recordarlo. Fue bueno, malditamente bueno, el tipo de experiencia que deja huella, que te roba el aliento y te hace cuestionar cada decisión de tu vida. Nadie me había tocado así. Nadie me había hecho sentir así. Nadie había despertado en mí algo tan… adictivo.Pero la realidad cayó sobre mí como una cubeta de agua fría.Christopher ya había elegido a mi
CHRISTOPHER VARONSu espalda se arqueó con violencia y sus uñas rasgaron mis hombros, buscando dónde sostenerse.No pensé en ser suave. No pensé en contenerme. No pensé en nada más que en hacerla sentir exactamente quién era el hombre que había estado esperando.— Eso… — murmuré contra su oído, moviéndome con intensidad creciente, marcando mi ritmo, mi territorio, mi poder sobre su cuerpo y sus suspiros —. No te contengas conmigo, Bianca. Yo sí sé cómo manejarte… y cómo llevarte exactamente al límite que te gusta.Ella jadeó, aferrándose a mi espalda, temblando entera.— Christopher… — su voz se quebró, suplicante, perdida.— Eso es — respondí contra su cuello, deslizando mis labios por su piel caliente —. Quiero escucharte… quiero sentirte… quiero que tu cuerpo diga lo que tu boca siempre intentó callar.La abracé por la cintura, imponiendo un ritmo más profundo, más firme, más desesperado.Bianca no era una fantasía.Pero justo cuando estaba a punto de descargarme dentro de ella







