Share

LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ
LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ
Author: Cinnamon

Capitulo 1

Author: Cinnamon
last update publish date: 2026-09-15 14:17:50

Las manecillas del reloj de pared del pabellón oeste marcaban las ocho de la noche cuando Giovanni Rinaldi terminó de masajear ambos pies de la tía Elena.

Sus manos se movían con un ritmo constante, presionando determinados puntos nerviosos con una precisión que solo poseía alguien que había recibido una formación médica avanzada.

—¿Cómo te sientes, tía? ¿Estás mejor? —preguntó Giovanni mientras acomodaba la manta para cubrir el cuerpo de la mujer de mediana edad.

La tía Elena suspiró profundamente. Miró a Giovanni con una expresión cargada de culpa. Desde el accidente ocurrido tres años atrás, que había afectado parte de sus funciones motoras, Elena había pasado la mayor parte de su vida en una silla de ruedas.

—Mucho mejor, Vanni —susurró Elena con voz débil.

Sus dedos rígidos intentaron darle unas palmaditas en el dorso de la mano a Giovanni.

—No deberías tomarte tantas molestias para hacer esto todas las noches. Esta familia tiene contratado a un enfermero privado.

—Me quedo más tranquilo si lo hago yo mismo —respondió Giovanni con una leve sonrisa.

Elena lo miró con tristeza.

—Tres años, Vanni... Has enterrado toda tu juventud en esta casa. Bruno lleva dos años pagando por lo que hizo en prisión. Ya no me debes nada.

Giovanni guardó silencio por un momento mientras acomodaba el frasco de aceite esencial sobre la mesita de noche. Sí, su hermano mayor ya estaba entre rejas, cumpliendo su condena por el trágico accidente que había dejado paralizada a la tía Elena.

Durante ese mismo período, la vida de Giovanni se había hecho pedazos. Su padre se había suicidado, su madre había enfermado gravemente y todos los bienes de la familia Rinaldi se habían agotado para saldar las deudas y pagar las indemnizaciones.

Giovanni había sido entregado a la familia Lozano como rehén y garantía, y después lo habían casado con Tristán para preservar la reputación de aquella prestigiosa familia ante la opinión pública.

Sin embargo, durante tres años, Giovanni había seguido resistiendo, desempeñando un doble papel como cuidador y como cónyuge que jamás había sido reconocido como tal.

Esa noche, Giovanni había tomado una decisión firme. Planeaba hablar con Tristán para pedirle permiso para regresar al mundo de la medicina. Quería especializarse en rehabilitación neurológica, con la esperanza de curar a la tía Elena y conseguir que volviera a caminar.

—Descansa, tía. Volveré mañana por la mañana —dijo Giovanni antes de apagar la luz principal del pabellón.

Después de asegurarse de que Elena se había quedado dormida, Giovanni se dirigió a la planta principal de la majestuosa mansión Lozano. Exactamente a las nueve y media, se escucharon pasos procedentes del vestíbulo. Tristán había regresado.

El hombre se estaba quitando el abrigo largo. Su apuesto rostro reflejaba el cansancio característico de un empresario, y llevaba una camisa gris oscuro que se ajustaba a su corpulenta figura.

Giovanni se acercó para recibir a su esposo.

—Buenas noches. Ya regresaste...

Antes de que Giovanni pudiera preguntarle cómo estaba o iniciar una conversación, la mirada indiferente de Tristán recorrió su rostro sin el menor interés.

—¿Cómo está mi tía hoy? —lo interrumpió Tristán de inmediato, con su fría voz de barítono.

—Su estado es estable. La respuesta muscular de sus piernas está comenzando a mejorar...

—Cuídala todavía mejor —lo interrumpió Tristán, sin siquiera preguntarle si estaba cansado o cómo le había ido el día.

Para aquel hombre, el estado de su tía era la única razón relevante para que Giovanni estuviera frente a él.

—Tráeme una taza de té de manzanilla a mi habitación ahora mismo.

Sin esperar respuesta, Tristán pasó junto a él y subió las escaleras.

Giovanni se quedó inmóvil. La oportunidad de hablar sobre su sueño de regresar a la medicina le había sido arrebatada antes siquiera de que pudiera empezar.

En la silenciosa cocina, Giovanni permaneció de pie, contemplando el agua hirviendo dentro de la tetera de porcelana.

«Es verdad... Para Tristán, nunca he sido más que un sirviente», pensó Giovanni con amargura.

No había ninguna muestra de calidez propia de un esposo hacia su pareja, ni una sola palabra de interés por él.

Tristán solo lo veía como un instrumento para pagar por los pecados de otros, el hermano menor de un criminal que, por casualidad, tenía el título de esposa legítima sobre el papel. Aquel matrimonio no era una unión por amor, sino un castigo que debía soportar con obediencia.

Giovanni cerró los ojos por un instante.

¿De qué servía seguir suplicando su aprobación? ¿Por qué tenía que pedirle permiso a un hombre que ni siquiera me consideraba un ser humano completo?

Giovanni respiró profundamente. Su decisión ya estaba tomada. No volvería a buscar la aprobación de Tristán. Su decisión de regresar al mundo de la medicina ya no tenía como objetivo conseguir una mínima muestra de reconocimiento por parte de aquel hombre, sino encontrar una salida para salvarse a sí mismo.

Giovanni vertió el té en una taza de porcelana, la colocó sobre una bandeja y subió las escaleras hasta el segundo piso.

Sin embargo, cuando llegó frente a la puerta entreabierta del dormitorio principal, se quedó paralizado de inmediato.

Desde el interior de la habitación llegó la melodiosa risa de una mujer.

A través de la abertura de unos pocos centímetros, Giovanni vio a Tristán sentado en el sofá junto a la ventana, con la espalda recostada contra el respaldo. En sus manos sostenía una tableta encendida que mostraba una videollamada de alta resolución.

En la pantalla aparecía una mujer a la que conocía demasiado bien: Mireia Del Valle.

Mireia estaba recostada de lado junto al borde de una piscina al aire libre. Su cuerpo apenas estaba cubierto por un diminuto bikini rojo burdeos que dejaba al descubierto sus curvas de manera provocativa.

—Tristán, ¿hace tanto frío en Madrid esta noche? —preguntó Mireia con coquetería desde la pantalla, mientras enrollaba entre sus dedos las puntas de su cabello mojado—. Aquí hace muchísimo calor. Deberías haber venido conmigo a Marbella ayer, en lugar de seguir tan ocupado con los negocios.

Lo que más destrozó el corazón de Giovanni no fue la osadía de Mireia al exhibir su cuerpo frente a la cámara, sino la expresión de su esposo. Durante los tres años de matrimonio, Tristán siempre había mantenido un rostro frío como el hielo, rígido e inexpresivo frente a Giovanni. Sin embargo, ahora conversaba con otra mujer con una calidez y una vitalidad que Giovanni jamás había visto en él.

El hombre contemplaba la escasa vestimenta de Mireia sin mostrar la menor incomodidad, como si aquellas escenas íntimas fueran algo habitual entre ellos.

—Siempre sabes cómo encontrar una excusa para holgazanear, Mireia —respondió Tristán con familiaridad, seguido de una carcajada despreocupada—. Regresa mañana a Madrid. Mamá ha preparado una cena para ti, y el historial médico de la tía Elena necesita que lo evalúes.

—Por supuesto que regresaré por ti —suspiró Mireia con voz mimosa, dedicándole una sonrisa seductora a la cámara—. Pero tienes que venir tú mismo a recogerme al aeropuerto, ¿de acuerdo? No mandes a tu chofer.

—Está bien. Iré yo mismo a recogerte —respondió Tristán sin la menor vacilación.

Giovanni sintió como si un martillo invisible le golpeara el pecho. Sus pasos quedaron completamente inmovilizados en el pasillo.

«La mujer que ama por fin ha regresado...», susurró su conciencia.

¿Acaso Tristán se divorciaría de mí después de esto?

En teoría, aquel pensamiento debería haberle producido alivio. ¿No era eso lo que había estado esperando? Por fin podría dejar de desempeñar el miserable papel de esposa rehén, encerrada en aquella jaula dorada. Sin embargo, ¿por qué seguía sintiendo un dolor punzante en lo más profundo de su corazón?

Tres años de entrega impecable, mil noches cuidando en silencio de aquel hogar, el sacrificio de su futuro y sus sueños por el bien de esa familia... Al final, nada de eso había significado absolutamente nada para Tristán Lozano. Para aquel hombre, el regreso de Mireia era lo único que tenía valor, mientras que Giovanni no era más que una sombra invisible, alguien de quien podía deshacerse en cualquier momento.

Los dedos de Giovanni apretaron con tanta fuerza el borde de la bandeja que sus nudillos se pusieron blancos.

Tristán terminó la llamada y luego giró la cabeza hacia la puerta, descubriendo a Giovanni inmóvil allí. El rostro del hombre volvió a tornarse frío e inexpresivo al instante, borrando todo rastro de la risa que acababa de mostrar.

—¿Llevas mucho tiempo ahí? Entra —ordenó Tristán con frialdad.

—No mucho. Acabo de llegar —respondió Giovanni con indiferencia, obligándose a avanzar. Dejó la taza de té sobre la mesita de noche sin mirar el rostro de su esposo.

—Después de esto, descansa. Voy a ducharme —dijo Tristán mientras tomaba una toalla y se dirigía al baño.

En cuanto la puerta se cerró y se escuchó el sonido del agua correr, la pantalla de la tableta que había quedado sobre el sofá se encendió de repente, mostrando una notificación de un mensaje entrante.

La mirada de Giovanni se posó involuntariamente en la pantalla. Era una fotografía de Mireia con el bikini rojo burdeos, acompañada de un breve mensaje.

«Me encanta este bikini. Siempre tienes muy buen gusto, Tristán».

Giovanni se quedó inmóvil.

—Entonces... ¿Tristán fue quien se lo compró? —susurró con la voz entrecortada.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ   Capítulo 23

    Giovanni levantó la cabeza de inmediato. Un dolor punzante le atravesó el pecho mientras miraba el rostro de su esposo. La respuesta de Tristán había sido tan ambigua que dejaba abiertas todas las posibilidades, manteniendo deliberadamente la situación en la incertidumbre. El hombre no había pronunciado explícitamente la palabra «soltero», pero su tono de voz había desdibujado el vínculo de tres años que los unía. Al escuchar aquella respuesta, Enzo soltó una risa sonora para evitar que el ambiente se volviera incómodo. —Resulta que mi suposición era correcta —comentó Enzo, mirando a Tristán con una expresión divertida—. Un hombre tan distinguido, exitoso y atractivo como usted sigue estando solo. En un país tan grande como este, con la influencia de la familia Lozano... ¿de verdad no ha habido ninguna mujer capaz de llamar su atención hasta ahora? Giovanni contuvo la respiración y bajó la mirada hacia la superficie de la mesa, con los dedos entrelazados sobre su regazo. —No. Para

  • LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ   Capítulo 22

    En la mesa redonda VIP número ocho, situada en la primera fila y orientada hacia el majestuoso escenario principal de la subasta, Enzo ayudó a retirar la silla para Giovanni. La mujer se sentó con cierta incomodidad y asintió brevemente a modo de agradecimiento.Mientras tanto, Tristán y Mireia estaban sentados frente a ellos. El hombre también hizo lo mismo por Mireia.La mirada de Giovanni recorrió fugazmente a las mujeres de la alta sociedad que ocupaban las mesas cercanas. Todas lucían deslumbrantes con sus vestidos de última colección, los hombros tersos adornados con diamantes auténticos, esmeraldas colombianas y perlas de los Mares del Sur cuyo valor ascendía a cientos de miles e incluso millones de euros.Ella, en cambio, solo llevaba un vestido sencillo y viejo, sin una sola joya en el cuello ni en las muñecas.Su aspecto era muy diferente al de aquellas mujeres. Estaba completamente fuera de lugar, como una extraña en medio de un océano de lujo. Sin embargo, Giovanni mantuvo

  • LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ   Capítulo 21

    —Señorita, ¿se encuentra bien?Aquella voz grave y profunda resonó en tono bajo, rompiendo el pánico que por un instante había invadido la mente de Giovanni. Ella parpadeó y sus ojos quedaron fijos en los de un hombre que se encontraba a escasos centímetros de su rostro.El hombre también se quedó inmóvil por un momento, observando a Giovanni. Incluso los latidos de su corazón parecían resonar con fuerza en su pecho.Sin embargo, aquel silencio se vio interrumpido por el sonido de unos tacones altos y una voz demasiado familiar.—Dios mío, ¿qué está pasando aquí? ¡Hay mucho alboroto!Giovanni se sobresaltó. Por puro reflejo, retrocedió un paso y apartó la mano del hombro del hombre, mientras intentaba recuperar el equilibrio y colocar los pies correctamente.El hombre retiró la mano con un movimiento elegante, volvió a introducirla en el bolsillo de su pantalón de vestir y asintió con comprensión.Junto a la entrada principal, Mireia se encontraba de pie con elegancia, luciendo un des

  • LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ   Capítulo 20

    Frente al alto espejo del tocador, Giovanni se examinó de pies a cabeza. Si pudiera elegir, no asistiría al evento como Tristán deseaba. Sin embargo, había recibido información de que una leyenda internacional de la neurocirugía y la farmacología regenerativa estaría presente allí. Ansiaba conocerlo y hablar con él sobre el estado de la tía Elena.—Esto es por la tía Elena, así que hazlo y listo, Giovanni —se dijo a sí misma.Al contemplar una vez más su aspecto, se dio cuenta de que aquella noche no llevaba encima ni una sola prenda de las que Tristán le había regalado.Giovanni había elegido un vestido de noche de corte recto, de color verde esmeralda oscuro y con escote barco. Era una prenda antigua que había comprado antes de que la familia Rinaldi cayera en la ruina.—Así está bien. De todos modos, nadie se fijará en mí allí —murmuró, como si ya pudiera adivinar lo que sucedería.Giovanni exhaló profundamente, reprimió la incómoda agitación que sentía en su interior y salió de la

  • LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ   Capítulo 19

    Después de terminar su comida, Giovanni se aseó en el baño. No volvió a dirigirle la palabra a Tristán desde que él le había arrojado la invitación a la subasta.Tras cambiarse y ponerse ropa cómoda, Giovanni salió de la habitación sin siquiera mirar a su esposo, que seguía ocupado con su teléfono en el sofá.Recorrió el pasillo que conectaba con el pabellón oeste. Sus pasos eran tan suaves que, al llegar frente a la habitación de Elena, giró el picaporte con sumo cuidado para no hacer ningún ruido que pudiera sobresaltar a la mujer que se encontraba dentro.En cuanto la puerta se abrió un poco, Giovanni se detuvo. La tía Elena aún no se había dormido. Tenía los párpados entreabiertos y la mirada cansada, fija en la puerta, como si hubiera estado esperando a alguien.Al ver la silueta de Giovanni, Elena intentó decir algo. Levantó la mano izquierda, que tenía libre sobre la manta, y la extendió hacia su sobrina política con los dedos débiles.Un dolor punzante atravesó el pecho de Gio

  • LA ESPOSA REHÉN: SU CONTRATO EXPIRÓ   Capítulo 18

    Giovanni apartó el rostro. Aunque respondiera que sí, aquel hombre jamás se preocuparía por ella.La mandíbula de Tristán se tensó al ver el silencio de su esposa.—¡Responde a mi pregunta, Giovanni! —insistió, con un tono exigente.Giovanni respiró brevemente, sintiendo una pesada opresión en el pecho, y luego asintió débilmente sin volverse hacia él.—Sí. Me desmayé.El ceño de Tristán se frunció aún más. Sus ojos reflejaban incertidumbre.—Si tu estado era tan grave, ¿por qué no me lo dijiste?Al escuchar aquella pregunta, Giovanni estuvo a punto de soltar una risa amarga.¿Decírselo? Por favor.Giovanni giró lentamente la cabeza y miró directamente a los oscuros ojos de Tristán.—¿Decírtelo? —susurró con frialdad. Las comisuras de sus labios se alzaron en una sonrisa amarga y desgarradora—. ¿Alguna vez me has dado la oportunidad de hablar o de explicar algo, Tristán? Nunca.Tristán se quedó rígido por un instante, incapaz de pronunciar palabra.—Cada vez que abro la boca, siempre

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status