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Capitulo 4

Author: Cinnamon
last update publish date: 2026-09-15 14:20:38

Los pasos de Giovanni se detuvieron de repente en cuanto atravesó las puertas de cristal del vestíbulo del club. La barrera de defensa que había construido tan alta como un muro finalmente se derrumbó en aquel lugar solitario. Las lágrimas comenzaron a caer sin control, empapándole las mejillas.

El pecho de Giovanni palpitaba con un dolor tan intenso que tuvo que inclinarse ligeramente para recuperar el aliento.

No es nadie importante.

Las palabras de Tristán seguían resonando en su cabeza, sepultando cada sacrificio que había hecho durante los últimos tres años.

Giovanni se secó rápidamente las lágrimas con el dorso de la mano, respiró profundamente y luego se acomodó el blazer. Llorar solo le haría perder el tiempo y erosionaría lo poco que quedaba de su dignidad. Bajó las escaleras hacia el área de estacionamiento.

Paul salió rápidamente del automóvil y abrió la puerta trasera.

—¿Señora Giovanni? ¿Está bien?

—Estoy bien, Paul —respondió Giovanni mientras entraba al asiento trasero—. Llévame ahora mismo al centro de capacitación médica. No debo llegar tarde.

—Sí, señora.

Treinta minutos después, el automóvil se detuvo frente al edificio del instituto especializado de capacitación médica. Giovanni bajó con su carpeta de documentos en la mano y avanzó rápidamente por el corredor hasta la sala del examen de calificación.

En cuanto colocaron el examen frente a ella, el tumulto de dolor que había en su corazón desapareció de repente. Durante las tres horas siguientes, toda la concentración de Giovanni estuvo puesta en cada análisis clínico, en la terminología de neurorehabilitación y en la formulación de tratamientos neurológicos.

Mientras sus ágiles dedos llenaban hoja tras hoja de respuestas, Giovanni sintió algo que había estado muerto durante mucho tiempo. La confianza en sí misma, el orgullo intelectual y la agudeza mental de una brillante aspirante a médica comenzaron a agitarse con fuerza en su interior.

Cuando salió del edificio del examen, su reloj marcaba las dos de la tarde.

Paul, que todavía la esperaba junto al automóvil, abrió de inmediato la puerta.

—¿Regresamos directamente a la residencia Lozano, señora? El señor Tristán llamó hace un momento para preguntar dónde se encontraba usted.

Al escuchar aquel nombre, el cansancio volvió a pesar sobre Giovanni.

—Paul, regresa primero a la mansión.

—Pero, señora, el señor Tristán me pidió que siempre me asegurara de que usted regresara a tiempo...

—Quiero estar sola un momento —lo interrumpió Giovanni—. Dile a Tristán que tengo un asunto personal y que regresaré más tarde.

—Pero...

—Por favor, Paul. Solo esta vez.

Al ver la firmeza en los ojos de Giovanni, Paul finalmente cedió.

—Está bien, señora. Tenga cuidado en el camino.

Después de que el automóvil de la familia Lozano se alejara, Giovanni sacó su teléfono. Al ver la lista de llamadas perdidas de Tristán, apagó inmediatamente el teléfono. En ese momento no quería escuchar la voz de aquel hombre.

Giovanni detuvo un taxi y se sentó en el asiento trasero. Durante el trayecto de regreso, el taxi atravesó una antigua zona residencial y pasó frente a una entrada acordonada con cintas amarillas y sellos oficiales del tribunal. Era la antigua residencia de la familia Rinaldi.

—Señor, por favor, deténgase aquí un momento —pidió Giovanni con voz ronca.

El taxi se detuvo a un lado de la calle. Giovanni contempló a través de la ventana del automóvil aquella majestuosa casa de estilo clásico con una mirada vacía.

En el pasado, aquella casa había sido el palacio que la protegía. Sin embargo, el trágico accidente causado por las acciones de su hermano tres años atrás lo había derrumbado todo en un instante. La presión de las enormes demandas de indemnización y la bancarrota total llevaron a su padre a la desesperación, hasta el punto de decidir quitarse la vida.

Mientras tanto, su madre, que había caído gravemente enferma a causa del shock y el dolor, finalmente fue llevada por su tío a otra ciudad para que pudiera recibir cuidados intensivos. Su feliz familia había quedado hecha pedazos.

Para hacerse cargo de las deudas restantes y expiar el error de su hermano, Giovanni se entregó como rehén matrimonial a la familia Lozano.

Una sonrisa amarga y una risa vacía escaparon de los labios de Giovanni. Se estaba riendo de su propia ingenuidad.

Qué ingenua había sido entonces. La joven que había admirado en secreto a Tristán desde su adolescencia había llegado a creer que su sinceridad y su paciente dedicación serían capaces de derretir el corazón de aquel hombre.

Creyó que, si era obediente y cuidaba de la familia Lozano sin quejarse, Tristán la miraría con amor.

Pero la realidad era que todo aquello no había sido más que una triste broma que ella misma había creado. Para Tristán, seguía siendo la hermana de un criminal, una mujer de baja categoría que no era nadie importante.

—Siga conduciendo, señor —susurró Giovanni al taxista, apartando la mirada de la casa que alguna vez había sido su hogar.

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