Teilen

UNA NOCHE SALVAJE

last update Veröffentlichungsdatum: 05.10.2026 15:40:53

Aria permaneció inmóvil, con el corazón latiéndole con fuerza y la respiración entrecortada. Sus manos temblaban mientras contemplaba su nuevo hogar.

La casa de Lucien era una cabaña demasiado pequeña. Estaba construida de piedra y tenía superficies irregulares. Parecía la vivienda de un sirviente.

—¿Esta es tu casa? —preguntó incrédula.

—Por mucho que odie decirlo —respondió Lucien mientras permanecía de pie en la entrada de la casa—, ahora esta es nuestra casa. Ahora, entra —ordenó.

Aria tragó saliva y, con pasos rápidos, se apresuró a seguirlo dentro de la pequeña cabaña.

En cuanto entró, la puerta se cerró de golpe detrás de ella.

Aria dio un respingo ante el sonido. Un escalofrío recorrió su espalda cuando se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, estaba sola en una habitación con un hombre.

Se sonrojó, sus mejillas adquiriendo un intenso tono rojizo mientras bajaba la mirada.

Miró alrededor de la casa. Su mirada aguda reparó en el diminuto dormitorio, un rincón que obviamente hacía las veces de cocina y lo que claramente era también la letrina.

¿Así es como se supone que debe vivir un antiguo alfa de una Clawhold?

Una sombra de compasión cruzó su mirada al darse cuenta de que, al igual que ella, Lucien había tenido una vida difícil.

Entraron en la habitación y Aria se detuvo.

La temperatura allí era elevada. Las paredes de piedra estaban tan cerca que se sentía asfixiada. El fuego crepitando en el hogar hacía que todo fuera aún peor.

Lucien caminó cojeando hasta la cama.

Ahora que estaba en casa, ya no contenía el dolor.

Hizo una mueca audible cuando llegó hasta la cama. Con un gruñido silencioso, dejó caer su bastón de obsidiana al suelo y se sentó sobre la cama.

Se apoyó contra ella, con el bastón abandonado en el suelo y la mirada afilada ahora completamente concentrada en Aria, en lugar de enfocarse en contener el dolor.

Ahora que ya no estaba atormentado por un dolor tan intenso, pudo juzgar a Aria con mayor precisión.

Es hermosa, pensó mientras su mirada recorría sus delicadas facciones y sus profundos ojos azules. Una sombra de compasión cruzó sus ojos.

Pero ser una Sangre Muerta significa que nunca podrá llegar a ser nada en la vida.

—Esta es la parte de la ceremonia en la que se supone que debo llevar a mi novia a la cama —murmuró en voz baja.

Aria asintió. Su respiración se entrecortó mientras apretaba los puños.

No respondió.

No podía.

Él era su amo y un sangre pura. Incluso herido, seguía siendo mucho más poderoso que ella.

Con un gruñido, Lucien se levantó de la cama y dio un paso hacia delante.

No se estremeció.

No gimió.

No se detuvo.

Avanzó lentamente, dando un solo paso a la vez, hasta detenerse a escasos centímetros de ella.

—No soy un lobo gentil —susurró mientras clavaba la mirada en los ojos de su ahora aterrorizada novia.

Un destello de desafío apareció en los ojos de Aria mientras levantaba la mirada y se perdía en sus ojos plateados.

—Entonces no finjas conmigo —susurró—. Somos compañeros.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Lucien ante aquellas palabras. Sus ojos se abrieron ligeramente mientras la estudiaba.

Su mirada recorrió las curvas de su cuerpo y las cicatrices ahora visibles que cubrían todo su cuerpo.

—No tienes ni idea de quién soy —murmuró—. No somos compañeros. Solo eres una carga que me impusieron.

—Quizá sí, quizá no —respondió Aria con una sonrisa burlona. Otro destello de desafío apareció en sus ojos—. Pero lo que sí sé es que no te tengo miedo.

Una sonrisa peligrosa tiró de los labios de Lucien.

—Deberías tenerlo.

Con esas palabras, extendió la mano y le sujetó la mandíbula.

Sus dedos se sentían cálidos, incluso más cálidos que la habitación.

Aria parpadeó. Emociones que todavía no podía identificar comenzaron a agitarse dentro de ella.

—¿Crees que sabes lo que es el dolor? —preguntó con una sonrisa burlona, midiendo sus emociones con la mirada—. ¿De ahí viene tu valentía? Deberías ver lo que les hago a las personas que me mienten.

Sus dedos permanecieron sobre su mandíbula antes de descender y cerrarse alrededor de su garganta.

No la estranguló.

Simplemente mantuvo la mano allí.

—No estoy mintiendo —murmuró Aria, intentando ocultar el pánico de su voz, aunque no lo consiguió.

El silencio se extendió entre ellos.

Ni el Lobo ni la Sangre Muerta hablaron.

Él miró profundamente sus ojos y asintió.

Algo brilló en la mirada de Aria cuando dijo aquello.

¿Valentía?

¿Terquedad?

Fuera lo que fuese, hizo que la deseara.

Sin siquiera tomar aire, Lucien se inclinó y la besó.

El beso no fue dulce.

No fue tierno.

Fue fuego y hielo.

Fue la colisión de elementos que jamás deberían mezclarse.

Su boca la atrapó con fuerza. Su lengua estaba caliente, exploradora, mientras se perdía en su boca y ella jadeaba contra él.

Aria permaneció completamente aturdida, con la boca abierta por la sorpresa.

En un ataque de pánico, levantó las manos y comenzó a golpearle el pecho.

Pero cuando el beso continuó, se perdió en él.

Se perdió en un placer que jamás había experimentado.

No sabía cómo besar, pero si algo era Aria, era una alumna rápida.

Lucien movió la otra mano y acercó el cuerpo de Aria contra el suyo.

Su agarre era fuerte e inquebrantable.

No la trataba como si fuera frágil.

La tocaba como si fuera real.

Mientras ambos se perdían en el beso, sus dedos recorrieron la espalda de Aria.

El beso ahogó todo lo demás entre ellos.

Aria se inclinó hacia él. Sus puños, que antes golpeaban su pecho, ahora se transformaron en un agarre feroz que comenzó a desgarrar su camisa.

Gimió cuando sus dedos se deslizaron por su firme pecho cubierto de pelo.

—Esto es un error —dijo Lucien, apartándose al sentir el contacto de su piel contra la de ella.

—Sí, puede que lo sea —susurró Aria.

Y con una sonrisa en el rostro, se inclinó hacia él.

—Pero es mi error y yo decidiré cometerlo.

Algo se quebró dentro de ambos.

En ese instante, sus miradas se encontraron y ambos contemplaron el alma del otro.

Los dos comprendieron que aquello no era amor.

Era calor, rabia y deseo, todo comprimido en un mismo instante.

Dos almas rotas encontrándose y comprendiendo que, por una vez, podían dejarse llevar.

Con una sonrisa, Lucien la levantó entre sus brazos.

Ella se lo permitió, relajando el cuerpo como si fuera la primera vez en décadas.

Herido, cojeando y con el cuerpo destrozado, la llevó hasta la cama.

Aria le sonrió, sus dedos moviéndose rápidamente mientras se quitaba la ropa.

Por primera vez en su vida, alguien la deseaba.

No como un peón.

No como una maldición, una cosa rota o una Sangre Muerta.

La deseaban como mujer.

Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen

Aktuellstes Kapitel

  • LA LUNA ROTA: UNIDA AL ALFA LISIADO   SUS EXIGENCIAS

    Aria estaba inquieta. Cambiaba el peso de un pie al otro, con la cabeza inclinada mientras contenía la respiración e intentaba permanecer lo más silenciosa posible.El silencio se extendió por toda la habitación. El Alfa Alder estaba recostado en su trono de huesos, con los ojos entrecerrados mientras observaba fijamente al enigma que tenía delante.Aria no era una mujer lobo fea. Era hermosa, exactamente su tipo. Incluso había pensado en tomarla como una de sus mujeres, pero negó con la cabeza. Su maldición jamás permitiría que eso fuera posible.Dejó que el silencio se prolongara y se hiciera más incómodo, sonriendo con desprecio mientras observaba a Aria retorcerse bajo la presión.Aria podía sentir sus ojos sobre ella. Pesaban sobre su cuerpo como un par de pesados grilletes de metal.El Alfa Alder la juzgaba y la consideraba insuficiente.Mantuvo los ojos bajos, contuvo la respiración y esperó pacientemente a que él le hablara. Sabía que lo haría. ¿De qué otra manera se explicaba

  • LA LUNA ROTA: UNIDA AL ALFA LISIADO   ODIO A LOS ALFAS

    Una manada de lobos no puede convertirse en un Clawhold sin un alfa.El alfa era el más fuerte de la manada: su líder, su gobernante y su rey.Además, Aria odiaba a los alfas.La última vez que había conocido a uno también había sido la última vez que vio a su padre.Fue durante la celebración de su decimoquinto ciclo solar, su cumpleaños, un día que había planeado celebrar con toda su familia.Fue el día en que su vida cambió.El día en que los ancianos de la manada la proclamaron una Sangre Muerta.Su padre, el hombre al que siempre había amado, adorado y respetado durante toda su vida, la repudió y rechazó de inmediato.Todavía recordaba la expresión de conmoción en su rostro cuando la proclamaron una Sangre Muerta.Ese fue el último día que vio a su padre. Aunque vivían en el mismo castillo, su madrastra se aseguró de que nunca pudiera volver a tener una audiencia con él después de aquello.Además, ¿de qué tendría que hablar un alfa con una Sangre Muerta?Durante el primer año des

  • LA LUNA ROTA: UNIDA AL ALFA LISIADO   HAS SIDO CONVOCADA

    El aliento de Aria se entrecortó y su cuerpo se tensó al sentir la dura y firme pared detrás de ella.Lucien dio un paso adelante hasta quedar a su lado. Miró fijamente el mercado; su amenazadora mirada ardiente hizo que todos los lobos dejaran de hablar.—Oh. —La guerrera soltó una sonrisa burlona. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Lucien y se detuvieron en su pierna herida—. ¿Qué va a hacer el lisiado? —se burló.Lucien levantó su bastón y golpeó con tanta fuerza la piedra bajo sus pies que esta se agrietó.—Dilo otra vez —gruñó, con la voz peligrosamente baja mientras daba otro paso adelante—. Una palabra más de tu parte, Vera, y no saldrás viva de esta plaza.Vera tragó saliva. Su sonrisa burlona vaciló y desapareció de su rostro en un instante. Su rostro palideció mientras retrocedía un paso, conmocionada.Abrió la boca, a punto de responder, pero se detuvo. Sus pensamientos se agolparon mientras observaba su postura.Hablaba en serio.Realmente la atacaría si decía una palabra m

  • LA LUNA ROTA: UNIDA AL ALFA LISIADO   POR PRIMERA VEZ AFUERA

    Los ojos de Aria se abrieron lentamente al despertar con el suave crepitar del fuego en el hogar. Miró hacia arriba y sus ojos agudos distinguieron el techo desconocido.Las sábanas de la cama estaban enredadas entre sus piernas. Gruñó ligeramente mientras se incorporaba.Frunció el ceño.Por un momento, estuvo perdida, con la mente confundida.¿Dónde estoy? se preguntó, mientras sus ojos se aclaraban de inmediato.El intenso recuerdo de Lucien y de la noche que habían pasado juntos apareció de golpe en su mente, y un rubor comenzó a extenderse por su rostro.Ahora todo volvía a ella.Sus mejillas se calentaron aún más al recordar la noche salvaje e intensa que había compartido con él. Recordó el peso de su cuerpo sobre el suyo y cómo la había hecho sentir placer. Su cuerpo se calentó, su pulso se aceleró mientras bajaba la cabeza.Todavía podía sentirlo dentro de ella.Ya no soy pura.El pensamiento la golpeó como un mazazo.Ahora tenía una pareja, así que no se esperaba que siguiera

  • LA LUNA ROTA: UNIDA AL ALFA LISIADO   UNA NOCHE SALVAJE

    Aria permaneció inmóvil, con el corazón latiéndole con fuerza y la respiración entrecortada. Sus manos temblaban mientras contemplaba su nuevo hogar.La casa de Lucien era una cabaña demasiado pequeña. Estaba construida de piedra y tenía superficies irregulares. Parecía la vivienda de un sirviente.—¿Esta es tu casa? —preguntó incrédula.—Por mucho que odie decirlo —respondió Lucien mientras permanecía de pie en la entrada de la casa—, ahora esta es nuestra casa. Ahora, entra —ordenó.Aria tragó saliva y, con pasos rápidos, se apresuró a seguirlo dentro de la pequeña cabaña.En cuanto entró, la puerta se cerró de golpe detrás de ella.Aria dio un respingo ante el sonido. Un escalofrío recorrió su espalda cuando se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, estaba sola en una habitación con un hombre.Se sonrojó, sus mejillas adquiriendo un intenso tono rojizo mientras bajaba la mirada.Miró alrededor de la casa. Su mirada aguda reparó en el diminuto dormitorio, un rincón que obvia

  • LA LUNA ROTA: UNIDA AL ALFA LISIADO   LA CEREMONIA DE APAREAMIENTO

    Lucien permanecía sentado en silencio, con los ojos entrecerrados mientras contemplaba el fuego ardiente del hogar de su habitación. Su pierna lisiada y destrozada palpitaba de dolor, obligándolo a hacer una mueca silenciosa cada vez que cambiaba de posición.Incluso después de todos estos años, su sangre de hombre lobo —y todos los vestigios de su fuerza como alfa— seguían intentando reconstruir su pierna destrozada.Esperó a que el calor del fuego lo alcanzara. Que derritiera el frío de su corazón.Pero no lo hizo.Nunca lo hacía.Bajó la mirada hacia su pierna. Las cicatrices verticales y retorcidas se extendían desde el muslo hasta la pantorrilla.La puerta se abrió de golpe y Lucien dirigió bruscamente la mirada hacia ella.La ira brilló en sus ojos por la interrupción, pero rápidamente reprimió sus emociones.Ya no era el hombre que había sido.—¿Por qué no llamaste a la puerta? —espetó Lucien, dirigiendo su afilada mirada gélida hacia su antiguo subordinado y hermano menor.—¿P

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status