ログインPasé el resto de la noche en los zapatos de Aria, riéndome de los chistes de los ricos y dando las gracias por cada nueva caja de regalos que llegaba a mis manos.
Cuando la música se apagó y los invitados empezaron a irse, solté un suspiro de alivio. La pesadilla por fin había terminado… y era hora de ir a casa.
A la casa de Edrick, no a la mía.
El camino de regreso fue dolorosamente silencioso.
Las luces de la ciudad se deslizaban sobre las ventanas tintadas, iluminando por momentos su mandíbula afilada y su rostro indescifrable. Conducía como vivía: preciso, distante, completamente en control.
Yo iba sentada a su lado, con las manos entrelazadas en mi regazo, fingiendo interés por el cielo nocturno, cuando en realidad solo podía sentirlo a él. Su colonia, suave y limpia, llenaba el coche, rozando mis sentidos como un susurro no invitado.
Cada vez que movía la mano para cambiar de marcha, mi respiración se cortaba. No porque me tocara… sino porque me preguntaba cómo se sentiría si lo hiciera.
La tensión era densa, asfixiante. No me miró ni una sola vez, pero aun así podía sentir su presencia, como si sus ojos estuvieran sobre mí incluso cuando no lo estaban.
Y en ese silencio… algo cambió. Sutil, no deseado… pero real.
Odiaba que mi pulso reaccionara a cada uno de sus movimientos, odiaba que el espacio entre nosotros se sintiera cargado. Él no era mío. Nunca debió serlo.
Esto no era romance. Era un accidente, un giro cruel en el que había sido arrastrada.
Así que me quedé quieta, obligando a mi respiración a estabilizarse, obligando a mis pensamientos a alejarse de él.
Él era el esposo de Aria.
Y yo solo era la tonta que dijo que sí.
El viaje en el ascensor fue aún peor que el trayecto en coche.
El silencio pesado se colgaba en el aire. Su reflejo estaba junto al mío en las paredes espejadas: alto, compuesto, con esa misma mirada fría que me obligaba a apartar la vista.
Cuando las puertas se abrieron, me recibió el mármol frío y un ligero aroma a cedro. Su penthouse no era solo grande… era impecable. Todo brillaba como si jamás hubiera sido tocado, desde los sofás de cuero negro hasta las estanterías de vidrio llenas de libros que dudaba que alguna vez leyera.
Gritaba riqueza… pero no calidez.
No había fotos familiares. Ni desorden. Ni rastro del hombre detrás del traje.
Dejó las llaves sobre la consola, con movimientos precisos y calculados.
—La habitación de invitados está por ahí —dijo sin emoción, señalando un largo pasillo antes de alejarse sin añadir nada más.
Me quedé ahí un momento, intentando no mirar su espalda… la forma en que sus hombros se movían bajo la tela de su camisa. Mi pulso se aceleró por razones que me negaba a admitir.
El silencio en el penthouse era demasiado ruidoso, rebotando a mi alrededor. Era hermoso, sí… pero de esa forma que te hace sentir que no perteneces.
Finalmente me giré y caminé hacia el pasillo que había señalado, mis tacones resonando contra el suelo como el único latido en toda la casa.
Y por un segundo estúpido y fugaz… me pregunté qué haría falta para que un hombre como él sintiera algo.
Dentro de la habitación de invitados, me aseguré de que no estuviera cerca antes de sacar mi teléfono y marcar el número de Aria una última vez.
Para mi sorpresa, entró la llamada.
Mis manos temblaban mientras esperaba a que respondiera.
Después de varios tonos, contestó.
—¡Aria! —grité.
—Fuiste una novia encantadora, Alina. Debo decir que ese vestido te queda perfecto —para alguien que me dejó casarme con su marido, sonaba demasiado tranquila.
—¿Qué es esto, Aria? ¿Estás loca? —espeté—. ¿Qué estupidez hiciste esta noche? —empecé a caminar de un lado a otro, mis pies hundiéndose en la alfombra.
—Aria, esto no es un castigo de secundaria. Es la vida real, ¿y me dejaste reemplazarte? ¿Cómo te atreves a desaparecer sin avisar?
Estaba furiosa, rezando en silencio que las paredes fueran lo bastante gruesas. Si no, su malhumorado esposo me oiría.
—Mira, me entraron dudas —respondió con indiferencia.
—¿Dudas? ¡Me dejaste casarme con el monstruo con el que estabas comprometida, Aria! ¿Cómo puedes ser tan egoísta? —las lágrimas llenaron mis ojos.
—Mira, yo solo me fui. No esperaba que papá te obligara a hacer esto. Y no esperaba que fueras lo suficientemente tonta como para aceptar.
Podía imaginar su gesto de desprecio al otro lado de la línea.
Idiota.
—Bueno… no tenía opción —murmuré, molesta conmigo misma.
—Tranquila. Ya tuve tiempo para pensar en mi error. Voy a volver a casa para ocupar mi lugar, y entonces serás libre —dijo Aria.
Esas palabras deberían haberme tranquilizado… pero en lugar de eso, despertaron sospechas.
—¿Dónde estás ahora mismo, Aria? —pregunté.
Se quedó en silencio.
—No importa. Volveré. Lo prometo.
El leve temblor en su voz me dijo todo lo que necesitaba saber. Mis ojos se posaron en el calendario de la mesita.
12 de septiembre. Claro.
No tenía “dudas”. Se había escapado a la fiesta anual Vijan en Los Ángeles. Sabía que yo ocuparía su lugar. Todo esto era parte de su plan.
—Aria, eres la persona más egoísta que conozco. Y créeme, conozco a Jason y a Becca.
—¿De qué estás hablando? —balbuceó, confundida.
Pero para mí todo estaba claro.
Esa chica ni siquiera pensó en mí antes de huir y dejarme arreglar su desastre. Como siempre.
—Te doy dos horas, Aria. Dos horas para que vengas aquí y recuperes tu lugar. O le diré todo a tu esposo sin corazón —grité.
Se quedó en silencio al otro lado, como si estuviera decidiendo si tomar mi amenaza en serio. Pero yo hablaba en serio. Estaba harta de que todos me pisotearan.
—Alina, por favor… que sean cuatro horas. Es imposible conseguir un vuelo en dos.
Su voz temblaba. Sonaba asustada… algo que nunca le había escuchado.
—Está bien. Ni un minuto más.
Un golpe en la puerta me hizo sobresaltarme. Corté la llamada de inmediato.
La puerta se abrió, y Edrick entró, con el rostro imposible de leer.
—Vete a dormir. Mañana será un día largo —dijo.
No me molesté en preguntar a qué se refería.
De todos modos, no sería yo quien lo enfrentara… sería Aria.
Eso esperaba.
Pero cuando se dio la vuelta para irse, lo noté… una leve pausa en la puerta, un cambio en su postura, como si hubiera escuchado más de lo que debía.
Mi pecho se tensó.
No miró atrás. No dijo nada. Solo salió.
Pero no pude quitarme la sensación de que sabía algo.
Y eso me aterraba más que cualquier otra cosa.
## Capítulo [Número]: [Título]**PERSPECTIVA DE ALINA**Arrastré los pies escaleras arriba hacia nuestro acogedor departamento. Clover estaba dormida, y también su niñera, Grace. Las dejé descansar en la habitación y me desplomé en el sofá de la sala.Ahí, lo dejé salir todo. Lloré mi dolor, lloré la pena de ver a mi familia tan devastada, de ver a mi mamá sufriendo tanto. Lo odio. Odio seguir amándolos. Recuerdo que cuando comencé una nueva vida como Liana, jamás pensé que los extrañaría ni por un segundo. Creía que los odiaba por todo lo que me habían hecho, que ya no significaban nada... pero ahora, justo aquí, supe que sigo siendo la misma Alina de siempre. No importaba que me hubiera cambiado el cabello y el rostro; sigo teniendo el corazón de la chica que amaba a su familia con locura. Y dudo que eso cambie alguna vez. Esto podría ser mi fin.Me desperté a la mañana siguiente con la cara hinchada de tanto llorar. Después de pasar una hora entera sumergiendo mi rostro en agua hel
**PERSPECTIVA DE EDRICK**Ella seguía temblando.Y no, no me refiero a Aria, cuyo padre estaba en la UCI. Me refería a Liana, la mujer que estaba escuchando hablar de la familia de Aria por primera vez en su vida.¿Era simplemente una persona empática? ¿Pero qué tan profundo puede calar la empatía? Se veía completamente alterada. En los pasillos, mientras esperábamos a Aria y a la Sra. Dawson, lucía como si se estuviera obligando a sí misma a quedarse quieta; como si estuviera luchando por no salir corriendo hacia la UCI.Y ahora, mientras conducíamos de regreso, tenía las palmas de las manos apretadas entre las piernas para evitar que le temblaran. Su rostro estaba pálido. Todo parecía andar mal con ella. Se veía incluso más preocupada que Aria.¿Por qué? ¿Por qué le afectaba tanto?—Todo estará bien, él se recuperará —dije mientras dábamos la vuelta en la calle de Liana. A estas alturas, ya ni siquiera sabía a quién de las dos estaba consolando. Parecía que ambas lo necesitaban.—Gr
PUNTO DE VISTA DE ALINATodos dejaron de entrar en pánico por un instante y me miraron con expresión extraña. Sabía que no debía haber dicho que quería ir con ellos. Pero no pude evitarlo.—Quiero decir... siento que Aria está destrozada y va a necesitar apoyo.Esperé que mi excusa sonara convincente y no ridícula.—Oh, Liana, no tienes que preocuparte tanto. —Aria extendió la mano y me dio unas palmaditas en el hombro.—Insisto. Además, desde allí puedo irme directamente a casa.—Muy bien, ¿podemos dejar de perder el tiempo? —intervino Edrick.No supe decir si estaba sospechando de mí o simplemente estaba de mal humor. De cualquier forma, en ese momento no importaba.Subimos al coche y condujimos en completo silencio hasta el hospital.Hice todo lo posible por no entrar en pánico ni comportarme de forma extraña. Tenía que actuar con normalidad.Toda mi determinación se vino abajo en cuanto llegamos al pasillo y me encontré con mamá.Tenía el cabello completamente despeinado y las lág
POV de AlinaMe quedé de pie frente al lavabo, lavándome la cara por décima vez.No me importaba que todo mi maquillaje ya estuviera corrido y desastroso. Solo quería borrar la ansiedad.Había pasado de sentir tristeza por la abuela Vale a temer que estuviera a punto de revelar mi verdadera identidad."Otra vez está diciendo tonterías."Eso era lo que Aria había dicho. La mujer solía decir cosas sin sentido... pero ¿por qué tenían que ser tan precisas cuando se trataba de mí?La imagen de las manos temblorosas de la abuela Vale sujetando las mías se repetía una y otra vez en mi cabeza. La forma en que sus ojos apagados se habían iluminado en cuanto me vio. La seguridad con la que dijo que yo había regresado.Me aterraba.Apoyé ambas manos sobre el lavabo y contemplé mi reflejo.Liana Bennet me devolvía la mirada.Cabello distinto. Maquillaje diferente. Una presencia completamente nueva.Pero, debajo de todo eso, Alina seguía existiendo.Tal vez la abuela Vale me había querido lo sufic
POV de AlinaEmpezaba a arrepentirme de mi decisión.Qué demonios... me arrepentí desde el mismo instante en que salí de la casa de moda hace tres días, después de decirle a Aria que podíamos ser amigas.No estoy segura de lo que significa la amistad para ella. Juzgando por el tipo de persona que es, probablemente sea algo muy oscuro.Pero ahora, mientras miraba mi teléfono vibrar con su nombre apareciendo en la pantalla, mi arrepentimiento empezó a convertirse en curiosidad... y en una pequeña chispa de esperanza.Tal vez no había sido una mala idea.—¡Hola, Liana! —chilló con el entusiasmo de una adolescente.—Aria, ¿qué pasa?—¡Nada en especial! Solo que no nos hemos visto desde el martes. Así que estaba pensando... si no tienes planes esta noche, podrías acompañarnos a cenar en la Mansión Vale.¿Cenar? ¿En la Mansión Vale?No había vuelto a poner un pie en esa casa desde el día en que Aria me desenmascaró, me llamó mentirosa y me convirtió en la villana de la historia.¿Cómo demon
### POV de AlinaFastidiosa.Esa era la única manera en que podía describir cómo retumbaba la voz de Aria en mi cabeza. No dejaba de parlotear con estupideces como: «Ay, espero que Edrick no te estuviera molestando», y bla, bla, bla. No, perra, no me estaba molestando. De hecho, acaba de provocarme un dolor en el corazón que presiento que terminará conmigo. Y lo que es peor: hizo que volviera a sentir.Sí.Edrick, sentado aquí, escupiendo cuánto le dolió mi muerte, cómo seguía sufriendo, cómo creía que todo era culpa suya... Eso fue suficiente para hacer que mi corazón volviera a latir.—¿Liana? —Aria me dio un toque en el hombro y salí de mis pensamientos.—Lo siento —dije, volviendo a sentarme—. ¿En qué puedo ayudarte, Sra. Vale?—Oh, qué tontería —Aria se sentó a mi lado—. Llámame Aria. Todo eso de «Sra. Vale» es demasiado formal, ¿no crees? —soltó una risita.—Oh, de acuerdo. Entonces, ¿en qué puedo ayudarte?—Bueno, Liana, no es gran cosa. Es solo sobre lo que discutimos en la ga







