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Lola, con una destreza fría, accionó el seguro, extrajo el cartucho del arma y la dejó caer al suelo.Acto seguido, se acercó al bolso de Chantal y le quitó las llaves del auto junto con su teléfono móvil, dejándola completamente incomunicada.En ese preciso instante, el sonido de un motor anunció la llegada de un vehículo a la entrada de la propiedad.—Hermanita, hoy es el día de mi boda —dijo Lola ajustándose el abrigo con parsimonia—. Reza por mi felicidad al lado de tu hombre. Aprovecha este tiempo a solas para reflexionar sobre lo cruel y patética que eres. Adiós.—¡Lola! ¡No me dejes aquí! ¡Lola! —suplicó Chantal golpeando el suelo.Sin volverse a mirar, Lola la dejó allí tirada, subió al automóvil que la esperaba con el motor encendido y se alejó del lugar a toda velocidad.***En el majestuoso salón de bodas, el ambiente estaba impregnado de flores blancas y murmullos de expectación.Darius caminaba de un lado a otro en la mesa de novios, junto a un sacerdote que los bendecirí
Chantal apretó la pistola con ambas manos, dominado por una mueca de terror absoluto.—¡Tú! —exclamó con la voz rota y sofocada—. ¿Desde cuándo lo sabes?—¿Desde cuándo sé que tú y ese hijo de puta me traicionaron? —respondió Lola. Su tono no denotaba histeria ni desesperación, sino una frialdad glacial, calculadora, nacida del desprecio absoluto—. ¿Desde cuándo sé que te casaste en secreto con Darius y que ahora resulta que yo soy la otra?El cuerpo de Chantal se estremeció violentamente.Por un instante, la presión en sus dedos cedió tanto que el metal del arma estuvo a punto de resbalar hacia el suelo.Sin embargo, tras la conmoción inicial, una chispa de rabia ciega emergió de sus ojos inyectados en llanto.—¡Me quitaste al hombre que amo! —chilló, intentando convencerse a sí misma de su propia versión de la historia.Lola no pestañeó.Se limitó a mirarla fijamente, con una serenidad implacable que desarmaba cualquier intento de provocación.—¿Él te amaba? —inquirió Lola con una r
Chantal conducía con las manos aferradas al volante, pero lo que realmente llevaba dentro era una mezcla de rabia, celos y desesperación.Desde el momento en que había visto a Lola vestida de novia, algo dentro de ella se había quebrado.Lola estaba hermosa.El vestido blanco resaltaba su figura, su cabello estaba perfectamente arreglado y aquella expresión de felicidad en su rostro había sido suficiente para hacer que Chantal sintiera que le faltaba el aire.Porque mientras Lola se dirigía hacia el hombre que amaba, ella solo podía pensar en una cosa.Ese hombre debía haber sido suyo.Apretó el acelerador.El automóvil avanzó cada vez más rápido por la carretera.—Chantal, ¿puedes ir un poco más despacio? —preguntó Lola, mirando por la ventana—. Vamos a llegar a tiempo de todos modos.Chantal no respondió.Tenía la mandíbula tensa y los ojos clavados en el camino.—Chantal…—¡Estoy conduciendo! —espetó ella.Lola sonrió suavemente.—Sé que estás preocupada por mí, pero todo saldrá bi
Lola estaba tranquila.Habían pasado varios días desde aquella conversación en la mansión de los Loredo y, durante todo ese tiempo, Lola no había hecho ninguna escena.Por el contrario, había actuado como si estuviera completamente de acuerdo con todo.Había elegido el salón.Había revisado las invitaciones.Había organizado cada detalle.Sabía que la paciencia podía ser mucho más poderosa que la rabia.Durante aquellos días, además, había ocurrido algo que le permitió distraerse.Su empresa de construcción había conseguido algunos contratos nuevos.No eran proyectos enormes, pero sí importantes para una compañía que todavía estaba creciendo.Aquellos contratos le habían permitido respirar un poco y, sobre todo, demostrar que podía construir su propio futuro sin depender de Darius ni de la familia Loredo.Lola había pasado horas revisando presupuestos, hablando con proveedores y supervisando algunos proyectos.Su trabajo se había convertido en su refugio.Cada vez que pensaba en Dariu
—¡Lola!Darius bajó inmediatamente a la mujer que llevaba entre sus brazos y corrió hacia ella.Por un instante, pareció olvidar todo lo que acababa de suceder.La tomó entre sus brazos con desesperación, como si temiera que volviera a desaparecer.Pero Lola dio un paso atrás.No quería recibir su abrazo.No todavía.Darius la miró con angustia.—Lola, espera. Déjame explicarte.Ella permaneció en silencio.—Lo hice porque Chantal está embarazada.Aquellas palabras quedaron suspendidas entre ambos.Lola lo miró durante unos segundos y, para sorpresa de Darius, sonrió.No había lágrimas. No había gritos.Ni siquiera había reproches.—Me alegro por ti y por ella.Darius frunció el ceño.—¿Eso es todo?—¿Qué quieres que diga?Lola tomó la maleta que había dejado a un lado.—Es una buena noticia. Chantal está a salvo, es todo lo que importa.—Lola…Ella comenzó a caminar hacia la salida.—¡Lola, espera! ¿A dónde vas?La mujer se detuvo justo antes de cruzar la puerta.Se giró lentamente y
Darius tomó a Brenda del brazo, pero la mujer apenas podía mantenerse en pie. Lloraba desconsoladamente, presa de una crisis que parecía haberle arrebatado toda capacidad para pensar con claridad.—¿Son tus hijos? —preguntó Darius, mirándola fijamente—. ¿Qué quisiste decir con eso?Brenda abrió la boca, pero las palabras no salieron.—Yo... yo...Se cubrió el rostro con ambas manos.Había cometido un error.En medio del miedo, del dolor y de la desesperación, había revelado algo que llevaba demasiado tiempo ocultando.Darius la observó con incredulidad.—Brenda, mírame.Ella negó con la cabeza.—No...—¡Mírame!Brenda levantó lentamente los ojos. Estaban completamente inundados de lágrimas.—¿Tus hijos son los secuestradores? —preguntó Darius.La mujer no respondió.Aquella ausencia de respuesta fue suficiente para que Darius comprendiera que había algo mucho más oscuro detrás de todo aquello.Antes de que pudiera continuar interrogándola, uno de los oficiales se acercó.—Señora, acomp







