LOGINGael sostuvo la mirada sombría de Carlos.—No hace falta que me trates con tanta hostilidad. No somos enemigos. Ya me encargué de que cuiden a Julieta. No corre peligro. Héctor se llevó a Noemí y yo me llevé a Julieta. Es justo, ¿no crees?—No me interesan sus problemas. Pero más te vale cumplir tu palabra y mantener a Julieta a salvo.Gael sonrió apenas.—Un amor tan profundo como el tuyo merece ser correspondido. Si no confías en mí, puedes ir a cuidarla tú mismo. Al fin y al cabo, está embarazada. A mí tampoco me conviene que le ocurra algo.—Aunque parece que Héctor todavía no sabe del embarazo. Si ella le oculta algo así a Héctor, quizá no tenga tantas ganas de volver con él.Carlos frunció el ceño y su expresión se endureció.Poco después llamaron de Casa Quiroz. Gael atendió y se marchó de El Rincón de Olivia.Carlos se quedó solo en el salón. Tomó un sorbo de café, con la cabeza ligeramente inclinada y sin dejar ver lo que sentía.***La noche cubría Casa Quiroz.Reinaba un s
Jairo frunció aún más el ceño.Héctor le dijo:—Vuelve a casa.Jairo no se movió.Héctor alzó la vista.—¿Quieres algo más?—Más te vale poder garantizar la seguridad de Julieta.Jairo se volvió hacia la puerta, pero Héctor lo detuvo con otra frase:—Adviértele a Carlos que piense bien si le conviene colaborar con Gael.Jairo se detuvo y lo miró por encima del hombro.—No es tan fácil manipularlo.Héctor apartó la mirada y no añadió nada.Jairo bajó las escaleras, subió al carro y regresó a Cumbres del Valle.Mauricio y Jimena se acercaron en cuanto lo vieron entrar.Jimena preguntó, angustiada:—¿Dónde está Julieta?Jairo intentó tranquilizarla.—Está a salvo. No le va a pasar nada.Mauricio insistió:—¿Pero dónde está?Jairo no lo ocultó.—Con Gael, el hermano de Noemí.Jimena frunció el ceño.—¿Para qué se llevó a Julieta? ¿Por Noemí?—No creo que sea solo por eso. Ahora mismo no se atreverá a hacerle daño a Julieta. No se preocupen.Jimena seguía intranquila.—Julieta está embaraza
Julieta dijo con frialdad:—Puedo caminar sola.Miró a Gael una última vez, se levantó y se dirigió a la puerta.Apenas salió, el asistente entró a toda prisa y le entregó a Gael un celular que estaba vibrando.—Señor Gael, es el señor Héctor.Gael contestó con voz grave y tranquila.—Dime.—Más te vale traerme a Julieta antes de que termine el día.Gael sonrió ligeramente.—Por supuesto. Tú me devuelves a Noemí y yo te devuelvo a Julieta.—Vaya, sí que estás enamorado.—No pienso dejarle a Noemí a Sergio.Héctor le advirtió con frialdad:—Si le haces el menor daño a Julieta, no voy a tener ninguna consideración contigo.Gael tamborileó suavemente con los dedos sobre el apoyabrazos.—Qué ironía. Antes la detestabas y ahora se ha convertido en tu punto débil.Su sonrisa se acentuó.—Tranquilo, te garantizo que estará a salvo. Solo la invité a pasar unos días. Cuando quiera regresar, la dejaré ir.Héctor apretó el celular.—¿Qué quieres decir?Gael no respondió. Colgó y le devolvió el ap
Julieta subió al carro y salió de Costa Dorada.Por la mañana le había dicho a Héctor que iría a Cumbres del Valle y le había pedido que enviara a alguien a recoger a Sofía a la escuela por la tarde. Como sabía que iba a casa, Héctor no hizo más preguntas.Durante el trayecto, Jimena llamó a Julieta.El carro estaba a punto de llegar a la avenida de Cumbres del Valle cuando un sedán negro apareció por un costado y les cerró el paso. El chofer frenó bruscamente.Julieta se protegió el vientre por instinto. Su cuerpo se inclinó hacia delante por la inercia, pero el cinturón de seguridad la detuvo.—Señora Julieta, ¿se encuentra bien?—Sí, estoy bien.Apenas terminó de hablar, vio bajar del otro carro a un desconocido alto y corpulento.Julieta se tensó al verlo acercarse a la puerta trasera y tocar la ventanilla. Su sola presencia resultaba intimidante.El chofer bajó y preguntó con cautela:—¿Quiénes son?El desconocido respondió con cierta cortesía:—Mi jefe quiere invitar a la señ
Noemí no le quitaba los ojos de encima. Lo miraba con una mezcla de nervios e ilusión que solo Sergio conseguía despertar en ella.Después de probar el pastel, Sergio asintió.—Está delicioso. No está demasiado dulce y no empalaga.Los ojos de Noemí se iluminaron.Sergio terminó el trozo que tenía en la mano y alzó la vista.—Me da gusto que te entretengas preparando postres.Noemí asintió.Él dio unas palmaditas en el asiento a su lado.—No te quedes de pie. Siéntate.Noemí se acomodó junto a él. Aunque deseaba acercarse, la timidez la hizo dejar un poco más de espacio entre ambos.—¿Has tenido alguna molestia en los ojos?—No. Siento que veo más claro, por eso dejé de usar los lentes.Su vista ya había vuelto a la normalidad. Los lentes que llevaba eran solo para protegerse los ojos.—Mañana te llevo a revisión.—¿No te voy a quitar tiempo del trabajo?Sabía que estaba muy ocupado y que antes había dejado pendientes muchas cosas por ella. Todavía se sentía culpable.Sergio le sonr
Cuando Héctor regresó con el agua, Julieta ya se había acomodado la ropa y estaba recargada en el sofá.Recibió el vaso y bebió un sorbo.Héctor se sentó a su lado.—¿Te duele el estómago?—Ya se me pasó.—Será mejor que venga un médico a revisarte, para estar seguros.—No hace falta. De verdad estoy bien.Héctor siguió observándola hasta que Julieta comenzó a inquietarse.—¿Por qué me miras tanto?—Pareces muy nerviosa.Ella apretó el vaso entre las manos.—¿Por qué habría de estarlo?Héctor esbozó una sonrisa.—¿Vas a tomar más?Julieta apartó la mirada y terminó el agua.No sabía si él sospechaba algo. Soltó el aire con disimulo e intentó serenarse.Si lo descubría, tampoco podría hacer nada. Tarde o temprano tendría que enterarse.Héctor recibió el vaso y Julieta se levantó.—Voy a subir.Él la siguió con una mirada indescifrable mientras se alejaba.***Durante los días siguientes, Noemí continuó alojada allí y procuró no interrumpir los momentos que Julieta y Héctor pasaban jun







