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Capítulo 3

Author: Yamila Rivera
Cuando Carlos alzó la vista y vio a la mujer de pie en la puerta, se quedó un instante atónito. No la reconoció de inmediato, hasta que Julieta habló:

—Carlos.

Carlos recompuso su expresión con naturalidad y dijo:

—Llegaste.

Julieta se quitó el cubrebocas y entró en la oficina:

—Cuánto tiempo sin vernos.

Carlos sonrió con suavidad:

—Cuánto tiempo. Casi no te reconozco.

Julieta curvó los labios con ironía:

—Con este aspecto, hasta me da vergüenza venir a verlo.

Carlos se levantó y rodeó el escritorio:

—Es normal que el cuerpo cambie durante el embarazo. Cuando nazca el bebé, todo mejorará.

—Siéntate.

Julieta tomó asiento en el sofá.

Carlos le sirvió un vaso de agua tibia:

—Para que entres en calor.

Julieta lo recibió:

—Gracias.

Carlos miró de reojo su vientre abultado:

—¿Cuántos meses llevas?

—Veinticinco semanas.

—Entonces, cuando empiecen las clases a finales de enero del próximo año, estarás justo en la fecha probable de parto. —Comentó Carlos.

Julieta habló con cautela:

—Quisiera pedirte ayuda. ¿Puedo retrasar el ingreso?

Dar a luz era inevitable, pero no quería perder esa oportunidad.

Carlos se puso serio:

—¿Por qué quieres ir a la Universidad del Valle Dorado?

Julieta bajó la mirada:

—Cuando nazca el bebé, Héctor piensa divorciarse de mí. No quiero seguir aferrada a este matrimonio. Quiero empezar de nuevo mi vida.

Seis meses no parecían mucho, pero para ella habían sido tan largos como una vida entera.

Carlos frunció ligeramente el ceño. Aquella Julieta luminosa y vivaz del pasado había cambiado por completo; el desgaste físico y emocional que había sufrido era evidente.

—Me alegra que hayas logrado pensarlo y quieras recomenzar. Tú y Héctor, en efecto, no eran compatibles. En el futuro, sin duda encontrarás a alguien que te ame de verdad.

Julieta asintió con la mirada baja.

Desde el principio, Carlos se había opuesto a que Julieta trabajara como asistente de Héctor. Pero ella había insistido, y al final terminó estrellándose de frente contra la realidad.

De pronto, Julieta preguntó:

—A tus ojos, ¿qué clase de persona es Héctor?

Carlos guardó silencio un instante y respondió con calma:

—Alguien que no se detiene ante nada para lograr sus objetivos. Para quien el interés lo es todo. Personas así, por lo general, no conocen el amor.

—Sí...

Y, sin embargo, la ternura que él mostraba hacia aquella joven no parecía fingida. Tal vez solo cuando se ama de verdad se está dispuesto a bajar la cabeza.

Solo las mujeres hermosas parecían dignas de él.

Julieta no preguntó más.

—Ya que lo tienes decidido, puedo ayudarte a solicitar el aplazamiento del ingreso cuando llegue el momento.

—Gracias.

Carlos le entregó un formulario para completar.

Julieta lo llenó con cuidado.

—Después de que nazca el bebé, ¿la dejarás en Casa Gómez? —Preguntó Carlos de pronto.

Julieta esbozó una sonrisa amarga. Aunque quisiera llevársela, sabía que no sería posible. Solo podía sentirse culpable con esa niña:

—En Casa Gómez deberían cuidarla bien.

Carlos no insistió:

—Justo ahora necesito una asistente. Sería solo por un mes. ¿Te interesa?

Julieta aceptó sin dudarlo:

—Sí.

Desde que quedó embarazada, Héctor la había relegado a un puesto irrelevante.

De ser asistente del presidente pasó a convertirse en una empleada más, prescindible.

Todo su esfuerzo se había desvanecido como espuma.

Ahora, en efecto, necesitaba un nuevo trabajo para distraerse, para volver a poner su vida en marcha.

Además, le serviría como preparación para los estudios que vendrían después.

Como ese día había pedido permiso, Julieta se quedó a trabajar como asistente.

Al fin y al cabo, había sido alumna de Carlos y, sumado a los años de trabajo intenso junto a Héctor, aunque hubiera pasado meses sumida en el desánimo, se adaptó con rapidez y manejó las tareas con soltura.

En ese instante, Julieta sintió como si recuperara a la persona que había sido antes, como si volviera a encontrar el valor de su propia existencia.

Tal como Carlos había dicho, ella debía brillar en el ámbito profesional. El amor no debía ser lo único en la vida.

Esa noche, Héctor no regresó a casa. Como siempre, solo volvía de vez en cuando.

Y esta vez, a ella ya no le importó.

A la mañana siguiente, Julieta había preparado con antelación su carta de renuncia.

Héctor estaba al frente del banco y de la empresa de fondos de inversión de su familia.

En ese mundo de intereses e intrigas, había heredado el núcleo del imperio familiar y lo había expandido por sus propios medios, demostrando no solo una capacidad extraordinaria, sino también la frialdad necesaria para sobrevivir allí.

Cuando Julieta llegó a la empresa, se encontró justo con Héctor bajando del coche.

Su figura erguida, el traje impecable y el porte autoritario, respaldados por el poder y la riqueza, desprendían una atracción madura imposible de ignorar.

—Presidente Héctor.

Los empleados lo saludaron con respeto.

Julieta volvió en sí y bajó la cabeza de inmediato, dando dos pasos hacia atrás.

Héctor entró a la empresa como si no la hubiera visto.

Julieta entregó su renuncia a Estefanía.

Estefanía era la secretaria de Héctor.

Antes, había sido subordinada de Julieta.

Ahora, Julieta trabajaba bajo sus órdenes.

Cuando Julieta fue degradada, todos en el departamento se sorprendieron. Recién graduada de la universidad, había pasado directamente a ser asistente del presidente.

Ese puesto no requería solo capacidad profesional; la apariencia también era importante.

Y Julieta, tanto en rostro como en figura, era común.

Aun así, había sido elegida, lo que bastaba para demostrar que su talento compensaba cualquier carencia externa.

Incluso el siempre severo Héctor había llegado a elogiarla en más de una ocasión.

Pero Estefanía lo tenía muy claro.

Para ella, Julieta no era más que una mujer que pretendía escalar aprovechándose del jefe. Por muy capaz que fuera, no dejaba de ser, a sus ojos, una mujer sin decoro.

Y precisamente por eso, Héctor la detestaba.

Estefanía echó un vistazo a la carta de renuncia; luego, su mirada se detuvo en el vientre abultado de Julieta. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios:

—La gente valiosa sabe dónde está su lugar. No creas que un embarazo te da derecho a acercarte a Héctor. Mira primero qué clase de familia es la Gómez y luego piensa quién eres tú.

En cuanto a que ella y Héctor ya habían registrado legalmente su matrimonio, nadie en la empresa lo sabía.

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Comments (2)
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Jesus Castro Montero
Que malo es Héctor Julieta debes divorciarte de Héctor el no te merece debes ser feliz con tu niña y así podrás ser feliz con ella ... ... ...
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Byanka Cordova
Good story but i think is a waste to put just a coma in a whole page instead of word because people pay to read
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