Teilen

Capítulo 1148

Yamila Rivera
El médico explicó que el embarazo aún era un poco delicado, aunque no había ningún problema grave.

Lo más importante era que Julieta mantuviera un buen estado de ánimo y siguiera tomando sus suplementos durante algún tiempo.

Se los habían recetado unos días antes, después de que los estudios revelaran una deficiencia de micronutrientes.

Héctor preguntó por el sexo del bebé y el médico respondió que lo más probable era que fuera niño.

Al salir del hospital, Héctor tomó a Julieta de la mano y ba
Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen
Gesperrtes Kapitel

Aktuellstes Kapitel

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1151

    Al oír a Julieta llamarlo por su nombre, a Jairo le dio un vuelco el corazón.Sin embargo, disimuló sus emociones con naturalidad y respondió:—Los dos están bien, solo preocupados por ti. Ahora que saben que no te pasó nada, ya pueden estar tranquilos.Julieta había pensado ir a casa ese mismo día, pero al recordar a Sofía, dijo:—Entonces volveré a casa dentro de un par de días.—Claro.Jairo se quedó a cenar, pero no permaneció mucho tiempo después de la comida.Héctor salió a despedirlo y le preguntó con cierto tono de burla:—Ahora que ella te trata tan bien, ¿qué se siente?La expresión de Jairo no cambió. No respondió a la pregunta y se limitó a decir:—Julieta perdió la memoria porque Gael la hipnotizó. En realidad, hacer que la recupere es muy sencillo.Héctor respondió:—No hay prisa. Ya la recuperará cuando sea el momento. Ahora lo que necesita es recuperarse.Jairo lo miró. Era evidente que Héctor no quería que Julieta recuperara la memoria. Por supuesto, también podía i

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1150

    Jairo se acercó, se inclinó para cargar a Sofía y no pudo evitar pellizcarle los cachetes.Sofía le apartó la mano, hizo un puchero y protestó:—Siempre me pellizcas los cachetes.Jairo sonrió con cariño.—Es que eres demasiado tierna y no pude resistirme. ¿Te lastimé?—No. Pero ¿qué tal si me dejas los cachetes aplastados?—Tienes razón, fue mi culpa.Jairo bajó a Sofía y miró a Julieta.Preguntó con voz cálida:—¿Estás bien?Julieta lo miró.—Muy bien.Jairo asintió.—Me alegra. Algo así no volverá a suceder.Héctor dijo:—Entremos primero.Una vez en la sala, Héctor le dijo a Julieta:—Sube con Sofía. Jairo y yo tenemos que hablar a solas.Julieta preguntó:—¿Hay algo que yo no pueda escuchar?Hacía tanto que no veía a Jairo. ¿Acaso Jairo no tenía muchas cosas que decirle?Héctor miró a Julieta.Ahora que no recordaba nada, era incluso más difícil hacerla entrar en razón, aunque su carácter seguía exactamente igual.En esas circunstancias, Héctor no tenía más remedio que ceder.—No

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1149

    La mirada de Héctor se detuvo en el rostro de Julieta. Sus mejillas parecían un poco más llenas que antes y ya no se veía tan delgada.Le apretó suavemente la mano. Nunca imaginó que algún día se encontraría en una situación así.En el pasado, Héctor jamás había pensado en casarse ni en tener hijos. Sin embargo, Sofía le había hecho vivir tantas experiencias nuevas que por fin comprendía la alegría y la responsabilidad de ser padre.Poco a poco también empezó a entender por qué Efraín aprovechaba cualquier oportunidad para presumir delante de él.Pero ¿cómo iba a permitir que Efraín lo superara?***Después de quince horas de vuelo, el avión por fin aterrizó en Monteluz.Ahí eran las nueve de la mañana.Aunque había pasado más de diez horas en el avión, Julieta no se sentía cansada. Durante el trayecto, había notado claramente tanto lo atento que Héctor era con ella como lo mucho que le importaba el bebé.Cuando salieron de la terminal, el carro que iba a recogerlos ya los esperaba

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1148

    El médico explicó que el embarazo aún era un poco delicado, aunque no había ningún problema grave. Lo más importante era que Julieta mantuviera un buen estado de ánimo y siguiera tomando sus suplementos durante algún tiempo. Se los habían recetado unos días antes, después de que los estudios revelaran una deficiencia de micronutrientes.Héctor preguntó por el sexo del bebé y el médico respondió que lo más probable era que fuera niño.Al salir del hospital, Héctor tomó a Julieta de la mano y bajó la mirada hacia ella. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.—Sofía siempre ha querido tener un hermanito. Por fin se le cumplirá el deseo.—¿Solo Sofía lo quería? ¿No dijiste que tú lo hiciste a propósito?Héctor sonrió.—Tenía que ayudar a Sofía a cumplir su deseo.Julieta lo miró fijamente.—Claro. Ahora todo es como tú digas.Ella siguió caminando. Héctor soltó una risa baja, la siguió hasta el carro y le abrió la puerta.Julieta subió y él rodeó el carro para entrar por el otro lado.

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1147

    Muchos turistas se tomaban fotos como recuerdo del lugar.Algunas parejas levantaban el celular y se besaban mientras se tomaban una selfie con el atardecer de fondo; otras permanecían abrazadas, sonriendo felices.Quizá porque la apariencia y el porte de Héctor llamaban demasiado la atención, muchas personas los miraban. Además, mientras todos a su alrededor estaban tomándose fotos, ellos eran los únicos que permanecían sentados en silencio, lo que los hacía destacar todavía más.Poco a poco comenzó a oscurecer.Héctor tomó a Julieta de la mano y se levantó con ella.—Ya, vámonos.Esa noche, Héctor llevó su equipaje a la habitación de Julieta.Cuando Julieta salió del baño, lo encontró ahí. Héctor no dio mayores explicaciones. Mientras acomodaba la ropa y la colgaba en el clóset, dijo:—Mañana por la mañana iremos al centro. Ya que vinimos, quiero llevarte a conocer bien la ciudad. De paso, compraremos algunos regalos para Sofía y los demás.Julieta no dijo nada y se acostó tempran

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1146

    Julieta preguntó:—¿Tienes un hermano gemelo?Héctor frunció el ceño.—¿No te basta con uno? ¿Todavía quieres dos?Con eso, Julieta pudo confirmar que de verdad era él.—Creo que deberías ir al hospital para que te revisen la cabeza.Lo dijo con tanta calma y seriedad que parecía estar dándole un consejo sincero.Héctor respiró hondo.—¿Me estás insultando?—Solo es una recomendación sincera.—Ahórrate esa clase de recomendaciones.Julieta lo miró fijamente por un instante, luego apartó el rostro y dejó de hablar. Al cabo de un momento, volvió a mirarlo.—Si algún día me da un infarto, va a ser por tu culpa.Héctor se levantó, sacó la ropa de Julieta del clóset y la dejó sobre la cama.—Cámbiate.Julieta miró la ropa y enseguida dijo:—Entonces sal primero.—¿Qué parte de ti no he visto ya?—De todos modos, sal primero.Julieta se sentía realmente incómoda. No estaba acostumbrada a cambiarse frente a él.Héctor la miró con el ceño fruncido y luego se dio la vuelta y salió.Julieta se

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status