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Capítulo 2 Eso no lo sé, Sila

ผู้เขียน: Yalow
last update วันที่เผยแพร่: 2026-04-22 08:05:17

La fría y desolada noche había pasado, pero el dolor con el que ella cargaba seguía ahí, porque eran las nueve de la mañana y su esposo no había decidido volver, peor aún, no tenía idea de si volvería o no, pero quería creer que sí. ¿Qué haría con ella? ¿seguiría la tradición o simplemente seguiría amando a su esposa como si nada?

Luego de darse una ducha a regañadientes se paró frente a la ventana mirando por horas, pero él nunca apareció ante su vista, ni tampoco por la puerta, porque tenía la esperanza de que, aunque no lo viera venir, podía aparecer en cualquier momento por su puerta. ¿De verdad no iba a volver? ¿De verdad la iba a abandonar así nada más? Ella se negaba a creer que fuera capaz de eso, él la amaba demasiado. O al menos eso pensaba.

Sin ninguna otra opción, decidió llamar a la familia del hombre, pero colgó al instante, no quería apresurar las cosas, ellos no tenían por qué saber lo que estaba pasando, de hecho, tal vez su esposo andaba deambulando por ahí, y ella iba a meter la pata, empezó a exigirse a si misma un poco más de paciencia que su esposo volvería, no la abandonaría, él no era alguien que se dejaba guiar por el enojo, su amor iba primero que todo, y había mucho en juego.

Pero desgraciadamente su esposo nunca volvió, y tuvo que aceptarlo a la mala, recogió sus cosas, abandonó el hotel, sin rendirse aún, fue directo a la casa de la familia del hombre exigiendo hablar con su esposo, esperaba con ansias una excusa, una razón por la que no volvió y la dejó tirada de esa manera, tal vez ella estaba mal, sí, admitía que era culpable, pero no creía que era razón para que él la tratara así.

La mujer tembló al ver a la persona que le abrió la puerta, el corazón se aceleró con fuerza, no podía ni siquiera controlar su respiración, algo seguro era que las palabras no iban a poder salir de su boca, quería huir de allí, salir corriendo, sin embargo, necesitaba hablar con su esposo.

–¿Con qué cara vienes aquí? –el hombre la sujetó del brazo en un movimiento rápido, su altura hacía que la mujer se viera más indefensa.

Cuando ella entró en sus sentidos, reaccionó y empezó a tratar de zafarse del agarre del hombre, pero este era brusco y fuerte.

–¡Ali! –empezó a gritar, mientras el hombre intentaba alejarla de la puerta. –¡Suéltame! –gritó, desafiando al hombre, podía temerle antes, pero en esos momentos ya no podía permitirse ser débil. –. ¡ALI! –gritó con más fuerzas, pataleando. –. Suéltame, no vine aquí por ti –pateó la entrepierna del hombre y se adentró corriendo a la casa.

Ella sonrió al ver a su suegra en la sala, apresurada empezó a avanzar hacia ella, pero inmediatamente que estuvo frente a ella, recibió una fuerte bofetada que la dejó con el rostro de lado.

–¿Con qué cara te atreves a pisar esta casa? –le preguntó la mujer mirándola de arriba abajo con repugnancia. –. Eres… –la señora apretó los dientes tragándose lo que quería decirle.

La joven desconsolada y cansada se derrumbó en el suelo llorando a mares, ¿Por qué le pasaba esto? No lo entendía, ella amaba a ese hombre y nunca fue su intención dejar que ese bastardo la tocara, nunca lo provocó.

–Señora –sollozó arrastrándose a los pies de ella. –. Usted sabe que amo a Ali, no me haga esto, por favor…

La señora sin piedad alguna la pateó hacia un lado, dándole la espalda.

–Lárgate de esta casa, y no vuelvas –demandó. –. Por tu propio bien, no vuelvas.

La joven negó una y otra vez con la cabeza con lágrimas en los ojos.

–No me pida eso, señora, sólo escúcheme y entenderá –suplico la chica, volviendo a los pies de la señora, esta vez agarrándola de ahí con fuerza.

Unos brazos la levantaron del suelo con brusquedad.

–Ya oíste a mi madre, lárgate –el hombre la empujó hacia un lado.

La joven se paró del suelo, y con fuerza exclamó:

–No me iré hasta que me escuchen, y menos hasta que no vea a Ali.

La señora volteó a verla con curiosidad, no la recordaba así de valiente ni descarada.

–Ya no eres bienvenida aquí, niña –espetó.

–Si no me escucha, puede que se arrepienta porque… –el hombre no la dejó terminar y la volvió a sujetar del brazo para sacarla.

–Mucho cuidado con lo que dices, niña –le advirtió en un tono burlón.

–¡Ali! –la joven gimió al sentir su mandíbula inmovilizada por el fuerte agarre del hombre. Estaba dispuesta a soportar, con tal de ver a su esposo, de hablar con él, aunque este simplemente la había abandonado en la luna de miel.

–¿Cómo haremos para que no se haga un escándalo? –se preguntó la señora mirando hacia la ventana.

Su nuera no podía creer que lo único que estuviera pensando fuera en eso, una vez más se sintió derrumbar, y la persona que se supone que debía apoyarla, ya la abandonó una vez.

–¿Qué es todo esto? –cuando menos lo esperaba, su amado bajó las escaleras, dando la cara, al final sí estaba ahí, escuchó sus gritos y ni se preocupo por si su familia la estuviese maltratando.

La joven fijó los ojos en los de su esposo, preguntándose por dentro, ¿Cómo pudiste irte así? ¿Con qué corazón me abandonaste de esa manera?

–¿Por qué la sostienes de esa manera? –preguntó Ali, retirando el brazo de su esposa de la mano de su hermano, esto le dio una pizca de esperanza a la joven, su corazón volvió a sonreír.

–Tenemos que hablar, Ali –dijo, con voz de súplica.

–No quiero ver a esta mujer en mi casa, Ali –aclaró la madre del hombre, mientras empezaba a retirarse.

–Vete por favor –le pidió su esposo. –. Hazlo por las buenas, esto se acabó.

Los ojos de la mujer empezaron a llenarse de agua rápidamente, una vez más volvía a romperle el corazón.

–Soy inocente, Ali –susurró con la voz cortada.

–Eso no lo sé, Sila –declaró su esposo, dejando en claro su posición.

Si su esposo no quería creer en su inocencia, ¿quién lo haría? Mucho menos su familia que a la primera siempre estaban dispuestos a pisotearla. Definitivamente, no tenía salida, ni apoyo.

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