LOGINCAPITULO 13
La mañana ha transcurrido y me ha costado mucho concentrarme en el trabajo. La imagen de JJ tirada en el piso con el cráneo aplastado no ha dejado de darme vueltas en la cabeza. Ha ocurrido otra vez; el rostro en mis sueños no es desconocido, en este momento el cuerpo de JJ debe estar descomponiéndose en algún lugar. Durante los tres días que han pasado he estado al pendiente de las noticias, a la espera de que descubran el cadáver y se confirmen mis temores. No he tenido el valor de mencionárselo a Amy; no sabría cómo.
― ¡Mérida! Ya despierta, me has pedido que venga a verte y no me has dicho más de dos palabras ―Jhonny me mira preocupado.
―oh no, no es nada, es que… ―no puedo hablar, respiro profundo. Johnny aprieta mi mano.
―Vamos Mérida, sabes que puedes decirme lo que sea.
Le cuento lo que pasó la noche de la fiesta. Por supuesto que no le he mencionado que me he tatuado (llevo mi cabello bien acomodado a un lado de mi cuello, me he asegurado de que cubra muy bien la pequeña figura) y menos le he dicho que intenté follarme a mi tatuador. Cuando le digo que he soñado con JJ y que ahora ella ha desaparecido, la expresión en el rostro de Johnny no da atisbo de sorpresa y con una pregunta me hace saber lo que piensa:
― ¿Y dices que Patrick estaba ahí?
―¿Qué dices Johnny? Patrick sería incapaz de algo así
―¿Sí recuerdas que estuvo ahí cuando ocurrió lo de Jada? En aquel entonces fuiste tú la primera en sospechar de él
―Pero ahora lo conozco y sé que no haría algo así. Creo que no conozco a nadie capaz de hacer algo así.
―Pero estuvo ahí cuando desapareció Jada y ahora con esta chica, JJ. No creo que sea casualidad Mérida. Creo que si nos ponemos a investigar encontraremos alguna conexión entre Patrick y todas las chicas.
―Tengo que volver al trabajo Johnny, se me ha acabado la hora de almuerzo ―Hago señas a la mesera para pedir la cuenta ―gracias por haber venido tan rápido.
Me levanto mientras saco el dinero de mi bolso y lo pongo en la mesa
―Mérida, espera, lo siento, no quise que te sintieras así, sé lo que Patrick significa para ti, pero recuerda que ya te mintió antes.
―Basta Johnny ―Doy media vuelta pero Johnny se apresura a levantarse y me coge del brazo.
―Lo siento, solo prométeme que te cuidarás. Mira, que tal si te desapareces unos días, habla con Eleonor, dile que necesitas tomarte unas vacaciones ―Saca unas llaves del bolsillo de su traje ―puedes irte a la casa del lago, estuve ahí el fín de semana y es un gran lugar para relajarse. Te enviaré la dirección.
―Lo pensaré ―digo con el tono de una niña que promete comerse todos los vegetales, pero que en realidad planea esconderlos en un florero. Cojo las llaves y las guardo en mi bolso solo por complacer a Johnny.
******
Llego a casa y entro apresurada a la habitación en la que hago mis pinturas. Arrastro una mesa que está casi al centro y la llevo junto a la pared. Se han caído algunos pinceles, los dejo en el piso, lo que ha quedado en la mesa lo meto en un cajón, corro a la sala a buscar mi laptop. De vuelta en la habitación despejo la pared quitando algunos de los cuadros colgados. Después de un par de horas investigando he conseguido el nombre de cuatro chicas: Kathleen Strong, Mary Turner, Melissa Crowlin y Jada Wiliams; todas encontradas violadas y asesinadas. He impreso sus fotografías y todo lo que conseguí de ellas en la Internet y lo he pegado en la pared cual detective de la ley y el orden. Recuerdo la pared en la habitación del departamento de Patrick, en aquel entonces pensé que era un enfermo, que estaba en peligro al lado suyo y que tenía que alejarme de él lo más rápido posible. En este momento estoy considerando que no estaba tan equivocada. Kathleen era la hermana de Patrick, Jada; pues, Jada era mi amiga, Mary Turner y Melisa Crowlin tenían algo en común: Trabajaron en “Strata magazine”, la revista de Eleonor Stronge.
Froto mi cara con ambas manos. Llaman a la puerta.
―Patrick. Estoy ocupada, no puedo…
―¡Hola! ―una vocecita me interrumpe y al bajar la vista me encuentro con un par de ojos marrones con pestañas tupidas; son idénticos a los de Patrick
―¡Hola Adrien! ―me pongo de cuclillas frente a él. ―¡Guao cuánto has crecido! ¿!cómo puede ser posible que hayas crecido tanto si solo han pasado unos días!? Tienes que dejar de crecer o no entrarás por la puerta ―Adrien suelta una carcajada
―No puedo dejar de crecer, soy un niño; tengo que crecer y no puedo controlarlo
―oh si, lo entiendo ―me pongo de pie y le revuelvo el cabello en forma juguetona
―¿Podemos pasar?
Aunque con un poco de recelo, dejo entrar a Patrick, después de todo, ha tenido muchas oportunidades de hacerme daño y no lo ha hecho, además, está con Adrien. Si Patrick es el monstruo que ha matado a esas chicas no creo que lo haga delante de su hijo. Me siento terrible por volver a desconfiar de él.
―¿Quieren algo de tomar? Tengo cerveza y… ―reviso el refrigerador ―lo siento, no tengo nada para ti Adrien, solo galletas de animalitos ―digo rebuscando en la alacena.
Adrien sale de la cocina, Patrick recuesta los codos en la encimera. Yo me pongo el cabello a un lado.
―No tienes que hacer eso
―¿hacer qué?
―Cubrir el tatuaje en tu cuello. Ya lo vi el día de la fiesta. Tuve que quitarte la ropa y meterte a la ducha; vi más que el tatuaje ―sonríe sin mostrar los dientes, es una sonrisa suave, tierna y a la vez pícara.
Trago saliva. ¡Joder! Debería tenerle miedo. Podría ser un asesino serial. Pero no le temo, quisiera abrazarlo, recostar mi rostro en su pecho y pensar solo en su olor. Bordea la encimera y se me acerca. Mis piernas se reblandecen.
―¡Papá! ¡ven a ver esto! Es tía Kathy ―Adrien grita. Es un grito de sorpresa, emoción y miedo a la vez. Patrick corre hacia él.
Adrien está en la habitación de mis pinturas. Sostiene en sus manos uno de los cuadros que he descolgado de la pared.
―¿Conocías a la tía Kathleen? ―pregunta Adrien volviendo su rostro hacia mí. No supe que decir.
―¿Crees que se parece a la tía Kathleen? ―dice Patrick cogiendo el cuadro de las manos de Adrien ―si, tienes razón, se le parece un poco.
Patrick acomoda el cuadro en la pared, al lado de las fotos y noticias que he pegado. Me mira fijamente.
―Dejavú ―dice y sale de la habitación con Adrien cogido de la mano ―vamos campeón veamos algo de televisión. Los sigo.
*******
Adrien se ha quedado dormido en mi regazo.
―¿A qué has venido? ―le pregunto a Patrick
―Solo quería verte, saber que estás bien
―Estoy bien ¿por qué no iba a estarlo?
―No lo sé, me temía que anduvieras por ahí en alguna fiesta, poniéndote como una cuba, haciéndote tatuajes y besando desconocidos.
Pongo los ojos en blanco.
―No es asunto tuyo Patrick, no tengo que darte explicaciones.
―Si, lo sé, no tienes que darme explicaciones Mérida, pero yo si te las daré
―¿tú? ¿darme explicaciones? ¿De qué?
―¿No te preguntas por qué me he venido de Francia con Paullete?
― No, no me interesa en lo más mínimo
―Vale, si no te interesa…
―Bueno, pero si quieres contarme puedes hacerlo ―Patrick se ríe.
―Ha venido por Adrien
―Ah, ¡Paulette es su madre!
―¡No! Es solo que, Adrien quería venir conmigo y pues, es algo especial; cuando salgo solo se queda con Théodora o con Paulette. Theodora no puede viajar, está algo enferma, así que Paulette se ofreció a venir para ayudarme
―Ah, qué amable ―miro a Adrien ―¿y quién es su madre?
―Eso es… es una larga historia
―Tengo tiempo
―Me has dicho que no tengo que darte explicaciones ¿no?
―Y tú has dicho que igual quieres dármelas
―¿Podemos quedarnos esta noche? No quisiera despertarlo ―dice Patrick señalando a Adrien
―Si, pueden dormir los dos en mi cama. Yo dormiré en el sofá. ―Ignoro el hecho de que no respondió a mi pregunta
Patrick lleva a Adrien a la habitación y regresa al sofá. Se sienta a mi lado.
―¿sabías que dos de las chicas muertas con las que soñé trabajaron en la revista de tu madre? ―le pregunto de inmediato.
―¿Ahora soy sospechoso de tu investigación? ―Me mira a los ojos. Es una mirada diferente, no es tierna ni pícara, es… intimidante. Se me erizan todos los bellos de la piel
―No…solo es que…
―¡Por Dios! De verdad sospechas de mí
―Solo quisiera saber por qué estas cuatro chicas están relacionadas de una u otra forma contigo.
―¿has notado que también están relacionadas contigo?
―¿!Joder Patrick!? Lo que dices ni siquiera tiene sentido
―Solo digo que el hecho de que esas cuatro chicas hayan tenido alguna relación conmigo no prueba que yo haya tenido que ver con sus muertes.
―No lo prueba pero…
―No puedo creer que pienses que yo podría… sabes, me voy a dormir mañana temprano me marcharé y no te molestaré más.
*******
Me levanto temprano. Necesito buscar mis cosas para irme a trabajar, abro la puerta de la habitación con mucho cuidado y entro de puntillas para no despertar a Patrick y Adrien. Pero, no están. “me marcharé y no te molestaré más” sus palabras retumban en mi mente al ver la cama vacía.
Hablaba enserio, siento ganas de llorar al pensar que tal vez no vuelva a verlo. Apenas empezaba a recuperarme de la última vez que se fue. Pensar en que se irá otra vez me desgarra.
Cuando entro al baño mi corazón se estremece, siento que me cuesta mantenerme de pie, apoyo las manos en el borde del lavado y hundo la barbilla en mi pecho. Cierro los ojos. Un sonido punzante danza en mis oídos al ritmo de los latidos de mi corazón. No puede ser, ha sido él. Me incorporo y vuelvo a leer el mensaje en el espejo: “Deja de investigar las muertes de esas chicas o sufrirás las consecuencias”.
Creo que después de todo le haré caso a Johnny, me iré por un tiempo. Llamo a Eleonor y le explico que necesito unos días. Hago maletas y Llamo un taxi.
*******
Recorro el estacionamiento repleto de autos, me decido por uno azul, no sé nada de autos, según el recibo es un… Volkswagen Jetta..
Huele a plástico nuevo. Pongo la dirección que Johnny me ha enviado en el maps de mi teléfono.
He avanzado un par de kilómetros y de pronto no tengo ganas de ir a la casa del lago. Iré a otro sitio.
******
Mi madre se ve muy bien, lleva un vestido de flores de una tela muy ligera y un sombrero de paja, está descalza, solo está parada admirando el jardín. He estacionado el coche y la miro desde mi asiento, había olvidado lo atractiva que es. Me pregunto por qué nunca buscó a alguien con quien rehacer su vida. Mira hacia el auto con recelo, pero vuelve su vista hacia el jardín.
Da la impresión de estar mejorando. Por un momento fantaseo con que esté sanando, pero sé que tiene el tiempo contado y que no hay forma de que mejore. Aun estando consciente de esto, su buen semblante me reconforta. Estoy por bajar del auto cuando un hombre sale de la casa, lleva un vaso en cada mano, le da uno a mi madre y la besa en los labios. Es más joven que ella, por lo menos diez años menor. Siguen besándose y él mete su mano debajo de su vestido. Por un momento pienso en marcharme, pero el acompañante de mi madre entra de nuevo a la casa, mi madre mira el auto y entrecierra los ojos. Da unos pasos hacia mí. Me ha visto, una sonrisa de oreja a oreja se dibuja en su rostro.
―¡Mérida! ¡cariño!
―Mamá te ves hermosa
―Gracias cariño… ¿te quedarás? ―su expresión cambia al preguntarlo
―¿No puedo quedarme? ―le pregunto con un tono de sarcasmo. Me encanta el hecho de que mi madre esté saliendo con alguien, pero su forma de ocultarlo me resulta algo inquietante
―Claro que puedes quedarte.
No le menciono nada de lo que vi. Entro a la casa y voy directo a mi habitación. En algún momento la pareja misteriosa de mi madre debió salir a hurtadillas. Trato de entender que ocurre; por qué tanto sigilo al respecto.
―Iré a la tienda ―le digo a mi madre que está echada en el sofá viendo televisión.
―¿Me traes helado? ―pregunta sin despegar la vista de la pantalla.
*******
Avanzo por el pasillo de los licores empujando el carrito. Me detengo y cojo una botella de Vodka, la pongo con los demás artículos, pero la vuelvo a coger, cuando la voy a devolver al anaquel miro a un hombre de pie a unos cuantos pasos de mí. Viste jeans, camiseta blanca y encima una camisa a cuadros. Su cabello es un poco largo y lleva una barba que se ve bastante cuidada. Quita los ojos de las etiquetas de los vinos y me mira a mí, me recorre de pies a cabeza y sonríe de forma lasciva. En cuanto sus ojos vuelven a conectarse a los míos sufro una especie de delirio.
―Ryan, por favor no. Ryan me haces daño
― ¡maldición! ¡Ya cállate!
―Por favor Ryan no por…―su mano tapó mi boca y su cuerpo seguió moviéndose sobre el mío.
Era una niña y el un chico, le rogué que no siguiera, pero continuó. Esta imagen se repite en mi cabeza millones de veces en lo que me parecen unos segundos. Al volver en mí una chica con uniforme está terminando de recoger los trozos rotos de la botella
―Señórita tendrá que pagar lo que ha roto…señorita, ¿me escucha?
Estoy parada viendo todo a mí alrededor pero no logro reaccionar
―Ryan ―digo al fin, pero siento que no soy yo la que habla. Yo no lo conozco, no sabía su nombre, la primera vez que lo vi fue en la mañana cuando besaba y manoseaba a mi madre en el jardín. Él sigue parado frente a mí y al escuchar su nombre salir de mis labios, sonríe con satisfacción. Cojo otra botella de vodka, la pongo en el carrito y me alejo.
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp