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作者: Ornella Carey
last update 公開日: 2026-10-27 04:15:08

El grito llegó desde el segundo piso.

Addison corrió antes de pensar.

Hades dijo su nombre detrás de ella, pero no se detuvo. Atravesó el vestíbulo de Santa Brígida con el corazón golpeándole las costillas y subió las escaleras casi de dos en dos, olvidándose de la rodilla hasta que una punzada de dolor la hizo trastabillar.

Hades la sostuvo del brazo.

—Despacio.

—Suéltame.

—Cuando deje de intentar romperse la otra pierna.

No tuvo tiempo de discutir y otro llanto sonó al final del pasillo.

Una de las cuidadoras abrazaba a Emma, la niña de siete años que dormía en la habitación más cercana al patio trasero. El cristal de una de las ventanas estaba roto.

Addison sintió que el mundo se detenía.

—¿Qué pasó?

Emma la vio y se soltó de la cuidadora.

—Addy.

Addison se agachó pese al dolor y la niña se lanzó contra ella.

—Estoy aquí. ¿Te lastimaste?

Emma negó con fuerza.

—Había un hombre.

La sangre de Addison se heló y Hades se volvió hacia Dorian.

—Cierra el edificio.

—Ya está hecho.

—Nadie sale.

—Hades —advirtió Addison.

Él la miró apenas.

—Nadie que no haya sido identificado.

Ella no respondió, esta vez no podía.

Emma lloraba contra su hombro.

—Lo vi por la ventana, me miró.

Addison cerró los ojos.

—Ya se fue, mi amor.

—Tiró algo.

La cuidadora señaló el suelo, había una piedra envuelta en papel junto a una pequeña fotografía. Hades llegó primero, pero Addison se levantó y se la arrebató antes de que pudiera impedirlo.

Era una imagen de ella saliendo de Everwell.

La habían fotografiado después de la reunión con la clínica.

En la parte trasera alguien había escrito con marcador negro:

Paga o elegiremos quién paga por ti.

Addison dejó de respirar.

—No.

Hades tomó la fotografía de sus manos.

—Dorian.

—Ya estoy revisando las cámaras.

—Quiero a todos los niños lejos de las ventanas.

—No los asustes —dijo Addison de inmediato.

—No pienso asustarlos.

—Están asustados.

Su voz salió más fuerte de lo que quería, Emma se estremeció y Addison sintió culpa instantánea.

—Perdón, cielo.

Reven apareció al final del pasillo y vio el cristal roto, su rostro perdió todo color.

—Todos abajo —ordenó con una calma que daba más miedo que un grito—. Sala común. Vamos.

Los niños obedecieron y Hades se acercó a Addison.

—Ahora entiende por qué no puede volver a su apartamento.

Ella lo miró con incredulidad.

—¿Ahora?

—Sí, ahora.

—Hay una niña llorando y tú quieres ganar una discusión.

—Quiero sacarla del lugar que está atrayendo esto.

La frase fue un golpe y Addison retrocedió.

—¿Yo estoy atrayendo esto?

Hades cerró los ojos un segundo.

—No fue lo que quise decir.

—Pues fue exactamente lo que dijiste.

—Addison.

—No.

Ella se alejó.

Necesitaba espacio antes de hacer algo estúpido, como gritarle delante de los niños o romperse ella también. Bajó al primer piso y se encerró en el pequeño cuarto de limpieza junto a la capilla. Era ridículo esconderse allí, pero no quería que Reven la viera llorar, mucho menos Maya.

Se apoyó contra la pared, pero no funcionó. La primera lágrima cayó en silencio, después otra y entonces todo lo que llevaba semanas sosteniendo se quebró.

Dylan, Karen, la deuda, los hombres en su apartamento, el embarazo, Hades, la fotografía.

Emma llorando porque un extraño la había mirado desde una ventana de la única casa que debía sentirse segura.

Addison se cubrió la boca para no hacer ruido.

No podía, no podía con todo.

Su teléfono vibró.

Mark: Raven me dijo lo de la ventana, me regreso para allá. No hagas ninguna estupidez.

Ella ni siquiera se había dado cuenta de que él se había ido.

Llegó otro mensaje.

Raven: No eres responsable de la maldad de otros, repite eso hasta que te lo creas.

Addison soltó una risa rota.

Raven siempre sabía.

Addison: Estoy bien.

La respuesta llegó en segundos.

Raven: Esa frase debería ser ilegal cuando viene de ti.

Addison dejó caer la cabeza contra la pared.

—Mierda.

La puerta se abrió y Hades entró.

—Vete.

Él no se movió.

—Addison.

—No quiero discutir.

—Yo tampoco.

—Entonces sal.

Hades cerró la puerta detrás de él.

—Eso tampoco.

Ella se secó las mejillas con rabia.

—¿También vas a decidir dónde puedo llorar?

Algo cambió en su rostro.

—No.

—Perfecto.

—Pero no voy a dejarte sola así.

—No necesito... —La voz se le quebró y eso la enfureció todavía más—. No necesito que me rescates.

Hades se acercó despacio.

—No estoy intentando rescatarte.

—Todo lo conviertes en algo que puedes arreglar.

—Porque quiero arreglarlo.

—¡Pues no puedes! —El grito ahogado rebotó contra las paredes y Addison se llevó ambas manos al cabello—. No puedes arreglar a Dylan. No puedes borrar la deuda. No puedes deshacer lo que pasó en esa clínica. No puedes prometer que esos niños van a estar bien y no puedes decidir que todo se soluciona metiéndome en tu casa.

Hades la dejó hablar y eso fue peor.

—Yo estaba intentando protegerlos —continuó ella, ya llorando sin poder detenerse—. Todo lo que hice fue para mantenerlos fuera. Trabajé, pagué, acepté esa maldita donación porque necesitaba tiempo y ahora hay una niña aterrada porque alguien rompió su ventana por mi culpa.

—No es tu culpa.

—¡Claro que sí!

—No.

Su voz fue firme.

—Dylan hizo esto, los hombres que te persiguen hicieron esto. Tú no falsificaste esos préstamos ni llevaste a nadie hasta este lugar.

—Pero me siguen a mí.

—Eso no te convierte en culpable.

Addison bajó la mirada.

—Si algo le pasa a uno de ellos...

No pudo terminar.

Hades estaba frente a ella, pero no la tocó.

—Mírame.

—No.

—Addison.

Ella levantó los ojos y aquello fue suficiente.

La expresión de Hades no tenía arrogancia ni control. Solo una preocupación tan limpia que terminó de romperla.

—No puedo hacer esto —susurró.

Él abrió los brazos apenas.

No fue una orden, fue una pregunta y, Sorprendentemente, Addison dio un paso, después otro y se derrumbó contra él.

Hades la abrazó.

No como en la calle, cuando la sostuvo para evitar que cayera. Esta vez la rodeó por completo, una mano en su espalda y la otra en su nuca, y Addison enterró el rostro en su pecho.

Olía a él, limpio, oscuro, demasiado familiar para un hombre al que apenas conocía.

En ese instante ella lloró de verdad, sin cuidar el maquillaje, sin intentar respirar bonito, sin decir que estaba bien.

Hades no habló durante un largo rato, solo la sostuvo.

—Odio esto —murmuró ella.

—Lo sé.

—Te odio un poco también.

—Eso también lo sé.

—Eres controlador.

—Addison.

—Estoy llorando… puedo insultarte.

Sintió el movimiento de su pecho.

¿Está riendose?

Ella levantó la cabeza.

—¿Te estás riendo?

—Muy poco.

—Idiota.

—Eso no estaba en la lista anterior.

A pesar de todo, Addison soltó una risa ahogada y fue un error porque quedaron mirándose, muy cerca.

La mano de Hades seguía en su cintura, la de ella estaba apoyada en su pecho. Addison podía sentir los latidos debajo de la camisa. No eran tan tranquilos como él fingía.

Hades bajó los ojos hacia su boca y el aire cambió.

Addison lo sintió en cada centímetro de piel, por un segundo pensó que iba a besarla. Pero fue peor todavía: por un segundo quiso que lo hiciera.

Hades levantó la mirada otra vez.

—No.

Addison frunció el ceño.

—¿No qué?

—No voy a hacerlo cuando estás así.

El calor le subió al rostro.

—Yo no dije que quisieras...

—Mientes fatal.

—Eres insufrible.

—Y tú acabas de dejar de llorar.

Ella se apartó, odiaba que tuviera razón.

—No confundas esto con que vaya a hacer lo que dices.

—Jamás cometería ese error.

La puerta se abrió y Maya asomó la cabeza.

Miró a Addison, luego a Hades, después la distancia sospechosamente corta entre ambos.

—Voy a fingir que no vi nada.

—No viste nada —espetó Addison.

—Perfecto, entonces puedo decir lo que vine a decir. —Entró y cerró, luego su expresión cambió—. Addison, tienes que irte de aquí.

—Ya lo sé.

Maya pareció sorprenderse.

—¿Así de fácil?

—No es fácil.

Addison miró hacia la capilla.

—Pero no voy a usar a los niños para demostrar que puedo sola.

Maya se acercó y le tomó las manos.

—Eso era lo que necesitaba escuchar.

—No significa que Hades gane.

—Jamás dije semejante barbaridad.

Hades suspiró y Addison se volvió hacia él.

—Voy a tu casa. —Él asintió una vez, demasiado satisfecho—. Temporalmente.

—Bien.

—Y con condiciones.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

Addison levantó un dedo.

—Dormitorio separado.

Segundo dedo.

—Voy a seguir yendo a la universidad, no vas a encerrarme ni a decidir mis horarios.

Tercero dedo.

—Tendré un abogado independiente. Elegido por mí, no por Sinclair Crown.

Hades ya había empezado a tensar la mandíbula, pero Addison levantó el cuarto dedo.

—Y ninguna decisión médica sobre mi cuerpo o este embarazo se toma sin mi consentimiento. Ninguna cita, procedimiento, medicamento ni médico porque tú lo ordenes.

Hades la observó en silencio.

—Esas son mis condiciones.

—Tengo modificaciones.

—No.

—Ni siquiera las ha escuchado.

—No necesito escucharlas.

Los ojos verdes se endurecieron.

—En una emergencia médica no voy a quedarme sentado esperando autorización mientras...

—Mi médico decide una emergencia, no tú.

—Si estás inconsciente...

—Mi representante legal y mis instrucciones médicas decidirán.

—Eso no es suficiente.

Addison cruzó los brazos.

—Entonces no voy contigo.

Hades dio un paso hacia ella.

—Después de lo que acaba de pasar, volver sola no es una opción.

—Mi cuerpo tampoco es una opción que puedas negociar.

Quedaron frente a frente.

La ternura de minutos antes desapareció bajo la tensión y Hades apretó la mandíbula.

—No acepto la última condición.

Addison tomó su bolso.

—Entonces se acabó la conversación.

Hades bloqueó la puerta antes de que ella llegara, no la tocó, solo apoyó una mano sobre la madera y la obligó a detenerse.

—Muévete —espetó ella con furia.

—Escúchame.

—No.

—Una vez.

Addison levantó la barbilla.

—Tienes diez segundos.

Hades bajó la voz.

—No quiero decidir sobre tu cuerpo. No quiero escoger por ti ni convertirte en algo que me pertenece. Pero si un médico me dice que hay una emergencia y tú no puedes hablar, no voy a quedarme quieto viendo cómo te pierdo porque un papel me exige esperar.

El corazón de Addison dio un golpe extraño.

—Eso no te da autoridad.

—Lo sé.

—Entonces acepta la condición.

Hades sostuvo su mirada.

—No puedo prometerte que en una situación límite no voy a intentar salvarte.

—Eso lo decide el médico y no eres mi representante legal.

—Pero si me preguntan a mí, voy a decir que hagan todo lo necesario.

Addison sintió que la rabia y algo mucho más peligroso se mezclaban dentro del pecho.

—¿Aunque yo haya dejado instrucciones contrarias? —Hades tardó un segundo, demasiado—. Hades.

Él apartó la mano de la puerta.

—Si tengo que elegir entre respetar una orden y mantenerte viva... —Sus ojos verdes se clavaron en ella—. Voy a elegir que me odies.

Aquella frase la congeló de inmediato.

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