LOGINSe derrumbó entre sollozos.Me puse de pie y caminé hacia la puerta de embarque sin volver la cabeza.Poco antes de que el avión despegara, recibí un mensaje suyo: "Perdóname. Te amo".Miré aquellas palabras y recordé la indiferencia de su rostro cuando confesó que me había enviado lejos a propósito. Después borré su contacto.No tenía derecho a pronunciar la palabra amor.***Al regresar al noroeste me entregué por completo al trabajo.El nuevo proyecto avanzó sin contratiempos y el equipo que dirigía obtuvo un premio internacional.Durante la ceremonia de premiación, el presentador anunció:—Carmina trabajó durante cinco años en condiciones extremas y logró un avance tecnológico crucial para el país.El auditorio estalló en aplausos.Entonces comprendí que aquello era lo que quería hacer con mi vida.El Grupo Alcázar terminó en bancarrota. Su padre nunca se recuperó del derrame y, antes de morir, no dejó de reprocharle su fracaso.Recibí la noticia mientras realizaba una prueba en el
—Ahora todos comentan que tú eres la verdadera experta y que Verónica no es más que una impostora.No respondí.Más tarde supe que Verónica había perdido el control por completo. Destrozó todo lo que encontró en la casa y le gritó a Pablo:—¡Todo es culpa tuya! ¡Tú me arruinaste! ¡Dijiste que nadie descubriría nada!Fue entonces cuando Pablo comprendió que Verónica también lo había utilizado. Desde el principio, ella se había servido de él para ascender. La prueba demostraba que el primer niño no era suyo y, después de descubrir la relación de Verónica con Héctor, ni siquiera podía estar seguro de ser el padre del bebé que ella esperaba.La madre de Pablo encontró mi dirección. La oí llorar al otro lado de la puerta.—Carmina, sé que nuestra familia te hizo mucho daño, pero Pablo también fue engañado. Él ha sufrido durante estos cinco años.Se quedó frente a la puerta.—Te lo suplico, deja en paz a nuestra familia. Su padre sufrió un derrame cerebral por todo esto y sigue hospitalizado
La cadena de mensajes demostraba que Pablo había respondido personalmente:"Modifiquen el informe conforme a las indicaciones de Verónica. La autoría corresponde al equipo".—¿Al equipo? —Solté una risa sin humor.—Carmina, todos sabíamos que era una injusticia —dijo Mateo—. Hiciste el trabajo más duro y ella lo usó para construir su carrera.Copié todos los correos. Cuando me marchaba, Mateo salió tras de mí.—Ten cuidado. La familia Alcázar tiene mucha influencia en esta ciudad.Asentí.Lo más irónico fue encontrar indicios de que el bebé que Verónica esperaba quizá tampoco fuera de Pablo.Una enfermera del hospital, esposa de un obrero con quien había trabajado en el noroeste, me confió en secreto:—Durante este embarazo, un hombre venía a ver a Verónica con frecuencia. Llevaba lentes y siempre iba muy bien vestido. Los oí decir que, en cuanto consiguieran el dinero de la familia Alcázar, se marcharían juntos.Me mostró una fotografía que había tomado discretamente con su celular al
El mensaje no contenía ningún dato que permitiera identificar al remitente. Llevaba adjunto el informe de una prueba de paternidad prenatal no invasiva, fechado cinco años atrás y emitido por uno de los hospitales más prestigiosos de la ciudad.Muestras analizadas: Pablo Alcázar (presunto padre) y ADN fetal aislado de una muestra de sangre de Verónica Serrano.Conclusión: la paternidad biológica de Pablo Alcázar queda excluida.Me quedé paralizada.El niño por el que Pablo había tomado aquella decisión cinco años atrás nunca había sido suyo.Imprimí el informe y pasé las hojas con manos temblorosas hasta llegar a la última. El informe estaba firmado por el doctor Arturo Vega, antiguo jefe del Departamento de Genética del mismo hospital, ya jubilado.Con ayuda de algunos contactos conseguí su dirección y regresé por unos días a la ciudad donde estaba la sede del Grupo Alcázar. Cuando abrió la puerta, fui directa al asunto. Él evitó mi mirada.—Señorita Torres, no puedo ayudarla.Intentó
Tenía una manta sobre las rodillas y mantenía la cabeza inclinada sobre un libro. Su rostro era delgado y su mirada, serena.Al pasar junto a ella, levantó la vista.—¿Tú también eres paciente de aquí?Me detuve.—Sí.Sonrió.—Vengo a rehabilitación desde hace seis meses y nunca te había visto.Cerró el libro. En la portada se leía El hombre en busca de sentido.—Me llamo Marina Fuentes. Antes era profesora de piano.Miré de reojo la pernera vacía de su pantalón, pero no me atreví a preguntar. A ella no pareció importarle.—Perdí la pierna en un accidente hace dos años. Mi esposo se fue con su amante y también perdí el trabajo —contó con tanta calma que parecía hablar de otra persona—. En el peor momento, yo también quise morir.Señaló el libro.—Después leí cómo alguien podía sobrevivir incluso a lo peor y encontrar una razón para seguir adelante. Entonces pensé: ¿por qué yo no iba a poder vivir?Indicó con un gesto una silla vacía a su lado.—¿Quieres sentarte un rato?Me senté en la
Tres meses después había adelgazado tanto que parecía otra persona.El aire húmedo de aquella pequeña ciudad del sur se pegaba a mi piel. Alquilaba un estudio en el sexto piso de un edificio sin ascensor y cada vez que subía las escaleras tenía que apoyarme en la pared para recuperar el aliento.Había un espejo detrás de la puerta. La mujer que veía reflejada tenía el cabello corto y revuelto, los pómulos marcados y profundas ojeras. Ya no me reconocía.La propietaria era una buena mujer. Me veía pasarme el día haciendo traducciones y, de vez en cuando, me llevaba comida.—No te exijas tanto, muchacha.Yo se lo agradecía y regresaba a la computadora.Primero necesité una pastilla para dormir, luego dos y, con el tiempo, ni siquiera tres bastaban para descansar unas horas.En sueños volvía a sentir el viento del desierto azotándome el rostro. Al despertar, la almohada estaba húmeda.Una tarde terminé de traducir un contrato y me desplomé sobre el escritorio, agotada. El celular vibró.U







