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Me Quedé Sorda y Él Eligió a Otra
Me Quedé Sorda y Él Eligió a Otra
Penulis: Elena Castro

Capítulo 1

Penulis: Elena Castro
El maestro de ceremonias se acercó y señaló la entrada del salón. Mediante la lengua de señas, me preguntó si quería esperar un poco más.

Con las pocas señas que ya conocía, respondí:

"Ya no hace falta. Cancelemos nuestra parte de la ceremonia".

Sus manos se detuvieron por un instante.

En el salón había más de una decena de parejas. No se oía música ni felicitaciones; todos expresaban su amor por medio de señas.

Solo el lugar reservado para Alejandro, frente a mí, estaba vacío.

Una persona del equipo trajo una pizarra y me preguntó si necesitaba llamar a algún familiar. Negué con la cabeza, me quité el broche floral que Alejandro debía haberme colocado y lo dejé en una bandeja.

Antes de irme, volví a mirar la transmisión en vivo.

Lina estaba bajo las luces deslumbrantes del escenario y levantó el micrófono hacia la cámara. Sus labios se movieron y enseguida aparecieron subtítulos en la pantalla:

"Gracias a mi traductor personal. Sin él, esta noche no habría sido posible para mí".

La cámara enfocó a Alejandro.

Ya le habían limpiado la sangre junto a la oreja, pero seguía pálido. Lina extendió la mano y le rozó la oreja. Él no se apartó; solo la sujetó por la muñeca y murmuró algo.

Yo no llevaba puesto el audífono, así que no pude oírlo. Sin embargo, reconocí el movimiento de sus labios.

Había dicho: "No lo toques. Está sucio".

La primera vez que le limpié la sangre de la comisura de la boca, después de que se mordiera el labio durante una crisis, me había dicho lo mismo. En aquel entonces, me apretó la mano sin querer soltarme, aunque le temblaban los dedos.

Creí que solo conmigo tenía esa confianza. Por eso, durante los cinco años siguientes, mantuve nuestra casa en completo silencio.

Reemplacé los electrodomésticos que emitían alertas sonoras por modelos silenciosos e instalé amortiguadores en todas las puertas. Cuando terminó mi último programa de radio, me quité los auriculares y salí del estudio. Él estaba esperándome afuera.

—A partir de ahora, yo llenaré tu mundo —me prometió.

Ahora, él le había entregado a otra mujer las últimas palabras que yo deseaba oír.

La pantalla de mi celular se iluminó. Mi abogado me escribió para preguntarme cómo quería repartir los bienes conyugales; necesitaba esa información para preparar el primer borrador del convenio de divorcio.

Escribí mi respuesta:

"Solo quiero lo que me corresponde. Por favor, agiliza los trámites pendientes en Bellacosta".

Cuando salí del salón, recibí un mensaje de Alejandro:

"Todavía no hemos terminado aquí. Vuelve al hotel; te llevaré tus postres favoritos".

Inmediatamente después, envió otro:

"Avísame cuando llegues. Estás sola en Bellacosta y me preocupa que te pase algo".

Contemplé esas palabras durante unos segundos y dejé de compartir mi ubicación con él.

El auto que me llevó de regreso al hotel pasó junto al río. El conductor tenía la radio encendida, pero yo no distinguía nada. Solo veía cómo marcaba el ritmo con los dedos sobre el volante.

Ese gesto había sido uno de los más familiares para mí.

Volví a ponerme el audífono. Un zumbido áspero, mezclado con interferencias, me llenó los oídos.

Mi abogado me llamó y, con esfuerzo, conseguí escuchar su explicación del procedimiento. Cuando me preguntó si estaba segura, apreté el anillo de bodas entre los dedos.

—Sí. Que todo se reparta conforme al acuerdo prenupcial. Si él no fue capaz de elegir hasta el final, elegiré yo por él.

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    Tres meses después, la banda de Lina anunció su separación.La ruptura no tuvo que ver con Alejandro ni con ningún escándalo. Las tensiones acumuladas durante años entre la vocalista y el productor terminaron por estallar después de la etapa de la gira en Bellacosta, y varios integrantes optaron por seguir sus propios caminos.Tal como indicaba la declaración, el fragmento con mis votos fue eliminado de todas las versiones del video que se difundieron después.Alejandro pagó la indemnización por incumplimiento contractual y explicó ante la prensa de dónde provenía el fragmento que había incorporado a la versión traducida. No habló de mi diagnóstico ni utilizó mi sordera para conseguir que lo perdonaran.Cuando mi docente del centro de rehabilitación me mostró la noticia, solo la leí una vez antes de cerrar la página.Después de aquello, Alejandro comenzó a enviarme una carta escrita a mano cada mes.No me pedía que volviéramos ni enumeraba todo lo que había hecho para reparar el daño.

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