LOGINLe rogué a mi esposo trescientas cuatro veces que me acompañara. Finalmente aceptó venir conmigo para cumplir el último deseo de mi padre, caminar junto al mar antes de despedirse de este mundo. Pero mientras yo esperaba en la orilla, sentada junto a la silla de ruedas, la temperatura del cuerpo de mi padre se iba apagando poco a poco… y Javier nunca apareció. Ese mismo día, Renata publicó una foto en sus redes sociales. Él estaba con ella, mirando las nubes en la pradera, como si nada más existiera. —Lejos del mundo, mientras estés tú. Sin querer, le di me gusta… y enseguida él me escribió para reclamarme. —¿Cuántas veces tengo que decirte que no molestes a Renata? Si no sabes controlarte, entonces divorciémonos. No recuerdo cuántas veces había usado el divorcio para amenazarme. Solo sé que esa vez… me cansé de escucharlo. Mi padre murió sin verlo llegar. Y yo, por primera vez en ocho años de matrimonio, dejé de insistir. —Está bien —respondí—. Divorciémonos.
View MoreGabriel negó con la cabeza.—Les pedí una ración extra, todavía no ha llegado.Después de decir eso, ya no tuve cómo rechazarlo. Los dos nos agachamos en el pasillo del laboratorio, comiendo pollo frito, como si hubiéramos regresado a nuestros años de universidad.En el laboratorio estaba prohibido comer. Cuando no aguantábamos más el hambre, salíamos al pasillo a escondidas para comer la comida que pedíamos que nos trajeran a domicilio. Y casi siempre el profesor nos descubría al volver.Gabriel también había pasado por lo mismo, así que entre recuerdos empezamos a compartir nuestras historias sufridas como estudiantes. Reímos juntos, recordando una anécdota tras otra.Hasta que unos zapatos de cuero se detuvieron frente a nosotros, interrumpiendo nuestra conversación.Era Javier.Llevaba un termo de comida en la mano y me lo extendió con cuidado.—No cenaste bien. Luego te va a doler el estómago.Así que todavía lo recordaba. Cuando hacía experimentos en aquellos años, pasab
—¿Cómo va a saber de química una mujer?—Ella fue una estudiante a la que los profesores de la Universidad le rogaron que continuara estudiando directo al doctorado. Ha publicado más artículos académicos que contratos has firmado tú.Y diciendo eso, Javier, apareció detrás de mí y caminó hacia adelante, apoyando una mano sobre mi hombro.—Si ella no entiende, ¿acaso tú sí?Al ver quién era, el inversionista empezó a tartamudear:—P-presidente Montenegro… así que usted la conoce…—Es mi esposa —respondió él, y luego me miró, como esperando reconocimiento.—No lo soy.Su sonrisa se congeló en su rostro. Justo cuando iba a decir algo más, alguien le apartó la mano que tenía sobre mi hombro.Un hombre que no conocía entró al salón y me miró con una sonrisa cordial.—¿Eres la asistente del profesor Ricardo Fuentes? Había oído mucho de ti. Soy Gabriel Salgado… fui alumno del profesor Fuentes antes que tú.Recordé que mi tutor había mencionado que un alumno de él trabajaba en un la
Para poder ponerme al día con el ritmo de mi tutor, no tuve más opción que empezar a trasnochar, estudiando y repasando todo lo que había dejado atrás. Por suerte, lo que una vez se aprende nunca se olvida del todo, así que repasar no resultó tan terrible como imaginaba.El trabajo como asistente no era demasiado pesado. Las clases seguían impartiéndolas mi tutor, y yo me encargaba principalmente de ayudarlo con algunos asuntos administrativos y de coordinar temas con las empresas asociadas.Aunque nunca trabajé en la compañía de los Montenegro, solía escuchar a Javier hablar por teléfono sobre negocios en casa. Así que cuando empecé a involucrarme, descubrí que, sin darme cuenta, ya estaba familiarizada con todo aquello y me desenvolvía con facilidad. Incluso asistir a cenas de negocios con inversionistas dejó de parecerme algo extraño.Lo que nunca imaginé fue que volvería a encontrarme con Javier en una ocasión así.Ya había pasado medio mes desde que dejé a Javier. Y aunque aún
—¿Te mudaste?Me sorprendió que hubiera podido darse cuenta. Después de todo, lo único que me llevé fue el regalo de bodas que mi papá nos había dado. Era un perchero de madera que siempre había estado en la entrada y, cada vez que regresaba a casa, él solía colgar ahí el gorro y la bufanda que se quitaba.Yo creía que, a sus ojos, aquello ya no era más que un adorno cualquiera.—Sí —respondí con indiferencia.No podía oír nada del otro lado, y pasó algo de tiempo, hasta pensé que ya había colgado. Pero entonces Javier habló, con la voz un poco ronca:—Vuelve… Lo que dije en ese momento fue solo porque estaba enojado.Su voz era más suave de lo que jamás le había escuchado, incluso parecía como si me estuviera suplicando. Hace apenas unas horas decía que yo no era digna de él, y ahora era capaz de hablar con tanta humildad.—¿No era justo lo que querías cuando propuse el divorcio? ¿Por qué no querrías?—No… entre Renata y yo no pasa nada, no es lo que te estás imaginando —me di






Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.