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No Puedo Escapar de Él

Author: Everglory
last update publish date: 2026-10-29 16:08:08

—Lo siento, señora. Su tarjeta fue rechazada.

Estrella frunció el ceño. Sin decir una palabra, sacó una segunda tarjeta de crédito de su bolso.

—Esta tampoco funciona.

—Es imposible. Ayer mismo la usé.

El empleado del taller negó con la cabeza, incómodo.

Estrella probó una tercera tarjeta, una cuarta y hasta una quinta: la última que le quedaba. El resultado fue el mismo.

—Lo siento, señora. El sistema rechaza todas sus tarjetas.

A Estrella se le tensó la mandíbula.

Maldita sea. Esto tiene que ser obra de Sebastián.

Esas tarjetas estaban vinculadas a las cuentas y los fondos de la familia Montalvo. Si Sebastián le había cortado el acceso, significaba que pretendía ponerle las cosas difíciles después de su partida.

—Un momento.

Estrella sacó el teléfono y lo encendió. En cuanto la pantalla se iluminó, aparecieron decenas de notificaciones de llamadas perdidas y mensajes. Entre ellas también figuraba el nombre de Renata.

Antes de que pudiera revisar los mensajes, recibió una llamada de un número desconocido.

Sabía perfectamente quién era. Rechazó la llamada y marcó de inmediato el número de Héctor.

Contestaron al segundo tono.

—¿Sí, señora?

Estrella apenas iba a hablar cuando escuchó la voz de Sebastián al otro lado de la línea.

—¡¿Dónde carajos estás?! ¡¿Qué demonios has hecho, Estrella?!

Ella apretó el teléfono con fuerza. Así que Sebastián había ido a buscarla incluso a través de Héctor.

—¿Ya te cansaste de vivir a costa de mi familia? —espetó Sebastián, respirando agitadamente—. ¡No creas que vas a vivir tranquila después de marcharte de esta manera! ¡Regresa ahora mismo o no volverás a recibir ni un centavo!

Estrella se tragó el asco que le subía por la garganta. Sebastián seguía creyendo que tenía derecho a controlar su vida, como si él no hubiera hecho nada malo.

—Ni lo sueñes. Jamás voy a regresar.

—Estrella, no me provoques...

—Tú mismo firmaste los papeles del divorcio. Eso significa que lo nuestro se acabó.

Estrella colgó antes de que Sebastián pudiera responder.

Respiró hondo y miró al empleado del taller, que seguía esperando el pago.

Rebuscó en su bolso. No quería desprenderse de sus pertenencias personales, pero tampoco pensaba dejar una deuda pendiente con Damien.

Sacó un reloj Patek Philippe de platino con correa de cuero negro. Su padre se lo había regalado años atrás y su valor superaba con creces el costo de la reparación del automóvil.

—¿Podría llamar al dueño del taller? Quiero vender este reloj para pagar la factura.

El empleado vaciló.

—Lo siento, señora. No aceptamos objetos como forma de pago.

Antes de que Estrella pudiera responder, una voz grave sonó a su lado.

—No hace falta.

Estrella se volvió. Damien estaba allí, sacando una tarjeta negra de su billetera.

—Dijiste que vendrías a recoger tu auto por la tarde —comentó ella, desconcertada.

—Cambié de opinión.

Damien le entregó la tarjeta al empleado. Unos segundos después, el pago quedó registrado y le devolvieron la tarjeta.

—Muchas gracias, señor.

Damien guardó la tarjeta y se dispuso a marcharse.

Estrella fue tras él de inmediato.

—Espera. No me gusta deberle nada a nadie.

Le extendió el reloj de platino.

—Toma esto a cambio de lo que pagaste. Vale mucho más que la factura del taller.

Damien observó el reloj y luego levantó la mirada hacia ella.

—¿Prefieres desprenderte de algo valioso antes que tener una deuda conmigo?

—¿Y por qué no?

Estrella esbozó una sonrisa fría. No permitiría que nadie pensara que dependía de ellos, ni siquiera Damien Montalvo.

Finalmente, él aceptó el reloj.

—Está bien.

Estrella soltó un suspiro de alivio.

—En cuanto a tu abrigo, haré que te envíen uno nuevo directamente a tu dirección. Después de eso, no tendremos nada más de qué hablar.

Damien se limitó a asentir. Guardó el reloj en el bolsillo de su saco y se alejó.

Estrella lo siguió con la mirada antes de dirigirse a la salida. Necesitaba abandonar la ciudad cuanto antes.

***

Dos horas más tarde, el taxi de Estrella se detuvo frente a un exclusivo complejo residencial.

En aquel edificio tenía un penthouse que había comprado un año atrás como inversión inmobiliaria. Jamás imaginó que aquella propiedad terminaría convirtiéndose en su refugio después de darle la espalda a la familia Montalvo.

Estrella arrastró su maleta hasta el ascensor. Justo cuando iba a pulsar el botón de su piso, las puertas se abrieron de nuevo.

Damien entró y se colocó a su lado con absoluta naturalidad.

Estrella lo miró, incrédula.

—¿Por qué me sigues?

En lugar de responder, Damien extendió el brazo y pulsó el mismo botón que ella: el del último piso, donde se encontraba su penthouse.

Estrella se quedó pasmada.

—Pero ¿cómo...?

—Antes de hacer acusaciones, deberías dejar de pensar que todo gira a tu alrededor —la interrumpió Damien con tono indiferente, sin siquiera mirarla.

Estrella se quedó callada un instante, tratando de asimilar la situación. El ascensor subía en silencio.

—¿Esto tiene algo que ver con mi divorcio? —preguntó finalmente—. ¿Me seguiste para convencerme de que vuelva con Sebastián?

Damien le lanzó una mirada de reojo.

—El mundo no gira alrededor de mi hermano.

Estrella apretó los labios, molesta por su respuesta.

—Sea cual sea tu motivo, dile a tu familia que no voy a cambiar de opinión. No pienso retirar los papeles del divorcio ni volver a formar parte de los Montalvo.

Damien no respondió.

Ding.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Damien salió primero, ignorándola por completo. Estrella tiró de su maleta y lo siguió con la mirada cargada de sospecha.

​Sin embargo, sus pasos se congelaron de golpe al ver que Damien caminaba hacia la puerta que estaba justo al lado de su propio penthouse.

​El hombre sacó una tarjeta de acceso, abrió la puerta y entró como si fuera el dueño del lugar.

​Estrella se quedó paralizada en su sitio.

​No podía ser verdad.

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