Home / Romance / Mi campeón / Capítulo 7

Share

Capítulo 7

Author: Edgar Romero
last update publish date: 2026-09-18 19:48:43

Obviamente al capitán de policía Bryan Dutton no le hizo gracia lo ocurrido en la autopista. -Usted es una irresponsable, señorita, pudo haber ocasionado una múltiple colisión de carros y muchos muertos-, me regañó en la comandancia cuando fui hacer mi descargo de lo sucedido y la muerte del sicario que intentó reventarme la cabeza a balazos. El homicida murió en forma instantánea, triturado por los otros autos, después que se estrelló con la puerta de mi  carro y salió lanzado por los aires, estrellándose, finalmente, en el pavimento donde lo arrollaron muchos vehículos.

   -¿Qué quería? Ese hombre iba a matarme. Me apuntaba con su arma dispuesto a reventarme la cabeza-, no mentí. Yo tenía a mi favor las imágenes de las cámaras de vigilancia que mostraban al asesino esquivando los autos y acercándose hasta una de las ventanillas de mi auto con una pistola rastrillada en las manos.

    -Debió llamar a la policía, nosotros estamos para protegerla, usted no es ninguna súper chica ni se encuentra en el lejano oeste ni es la novia de Harry el asqueroso-, Dutton no entendía razones.

   -Winfield mandó a matarme, usted lo que debe hacer es detener a Winfield porque, en verdad, ese sujeto quiere matarme después que descubrí sus fraudes al estado-, le aclaré furiosa.

   -Le insisto señorita que usted no es una bandolera para que haga haciendo justicia con sus propias manos, para la próxima vez que esté en peligro, llame a emergencias e iremos prestos a su ayuda-, me siguió regañando Dutton con el rostro adusto.

    Igual no le hice caso. -Si no tiene una orden de detención, entonces, me voy-, me molesté y lo dejé a Dutton echando humo de las narices, desairado y con la palabra en la boca.

    Mi amiga Andrea Crocker me esperaba en la puerta de mi casa angustiada y empalidecida. Yo la había llamado llorando pensando que me meterían a la cárcel. -Deberías cambiar de profesión, mujer-, me dijo mi amiga acongojada. Ella es counter en el aeropuerto.

   -¿Estás loca? ¡¡¡Ahora sí que me estoy divirtiendo mucho!!!-, le dije y las dos entramos a la casa riendo y haciendo bromas. No muy lejos de allí, Winfield me miraba oculto desde un ventanal de un edificio tugurizado. -Perra-, fue lo único que se le ocurrió decir. 

     

*****

  -¡¡¡Galloway!!!-, me gritó, entonces,  mi jefe, remeciendo toda la redacción de "El Soplón". Yo estaba entretenida escribiendo la crónica de un crimen pasional  ocurrido en un mercado al oeste de la ciudad. Me encontraba tan concentrada redactando la información, con los detalles del truculento episodio,  cuando el rugido del jefe me hizo gritar espantada pensando que el homicida me venía sobre mí mandado por Winfield, provocando las risas estruendosas de mis compañeros de trabajo que se estiraron divertidos para verme empalidecida, aterrada y con mis cabellos erizados y convertidos en púas de puerto espín. Me alcé apurada de mi silla, arreglé mis pelos, tomé mi libre de apuntes y fui a toda prisa hacia  la oficina de Haskins al fondo de la sala. Lo vi en sus ventanales enormes, mascullando enojado, con la cara estrujada y maldiciendo con ira y furia no sé qué cosas.  -Rayos, está de peor humor que nunca-, me resigné.

  Haskins era  en realidad un tipo malgeniado, déspota y soez. Todos le teníamos miedo porque gritaba siempre como un tirano por cualquier cosa, en la mayoría de ocasiones sin importancia alguna. A mí me regañó varias veces, incluso por gusto, desfogando sus iras y cóleras acumuladas en el día. Haskins medía creo dos metros, era corpulento y sinceramente daba miedo. Fumaba tanto que parecía un volcán echando humo constantemente. Su mirada era horrible, como si lanzara rayos de los ojos o estuviera en medio de un incendio.

   -Quiero un reportaje a Jim Reynolds para ahora, será la central de la edición impresa de mañana-, me dijo rebuscando un papel en el terrible caos que era su pupitre. Su laptop estaba de cabeza, habían lápices rotos, puchos de cigarros por doquier, restos de galletas, servilletas echas pelotas, un cenicero repleto y toneladas de hojas impresas sin ton ni son. No sé cómo ese hombre podía trabajar en medio de esa marejada que era su cubículo.

    -¿Quién es Jim Reynolds?-, abrí mi libreta de apuntes. Nunca había escuchado de ese sujeto. Pensé en un policía o quizás un fiscal o un tipo acusado de mafioso. 

    -¿Cómo no vas a saber quién demonios es Jim Reynolds, mujer? acaba de ganar  seis peleas seguidas por nocaut, revisa tu periódico-, se molestó una vez más Haskins mirándome iracundo.

    Yo no leo deportes, no es que no me guste, sino que se supone que únicamente hago policiales en "El Soplón". Yo sigo desde hace dos años los casos de homicidios, los robos, las denuncias y pesquisas de corrupción y de chantajes. Haskins mismo decía que yo era su mejor redactora de las que llamábamos crónicas rojas. Ahora mi jefe quería que entreviste a un boxeador. Me pareció descabellado y fuera de lugar. No era lo mío.

    -¿Algún ángulo en especial? ¿Ese tal Jim está metido en mafias?-, me interesé.

    -Sí, sí, sí, su padre, Harold Reynolds fue encontrado muerto hace cinco años en unos basurales, nunca se supo quién lo mató, era buen boxeador, tuvo como cien peleas, magnífico tipo, yo lo conocí, pregúntale  su hijo si seguirá sus pasos, si aspira a emularlo y convertirse en ídolo de la afición-, Haskins encendió un cigarro. -Le haces también un video para la web y la cuelgas de inmediato en nuestro portal-, me pidió con el tono áspero.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Mi campeón   Capítulo 56

    Me quedé sin defensas, inerme, sollozando sin cesar, aullando igual a una mujer lobo, rendida y excitada, mientras Reynolds iniciaba con premura la conquista de mis profundidades igual a un potentísimo huracán arrasando con todo lo que encontraba a su paso. -¡¡¡Fuerte, muy fuerte, más fuerte!!!-, clamaba yo seducida y excitada, sintiendo la virilidad de Jim invadiendo mis vacíos convertido en un tórrido río que avanzaba incontrolable hacia las fronteras más lejanas de mi sensualidad, alcanzando distancias que yo ignoraba y que me hacían delirar aún más, al extremo de sentirme naufragando en un idílico océano sin tener donde asirme o sujetarme. Me arranchaba, entonces, los pelos desesperada sintiéndolo avanzar como un tren descarrilado, incluso le mordí los brazos desesperada, y luego hundí mis uñas en su espléndida y formidable espalda, abriéndole surcos en su musculatura, víctima de mi desesperación, haciéndole brotar hilos de sangre de esas múltiples rajaduras a su piel.

  • Mi campeón   Capítulo 55

    Volví a hacer el amor con Jim. Lo deseaba en realidad, estaba hambrienta de él, quería besarlo, disfrutar de su virilidad y él me hiciera suya. La tensión me tenía convertida en un volcán en erupción. Quería desfogarme, olvidarme de todo después que intentaran matarme varias veces. Fui al apartamento de Jim en el gimnasio y apenas abrió la puerta, él quedó maravillado conmigo. Yo lo esperaba recostada junto a la puerta, con una rodilla alzada, tamborileando impaciente con mis dedos la pared, con un baby doll transparente y una minúscula lencería roja que se extraviaba, por completo, en mis apetitosas curvas y múltiples redondeces. Llevaba además medias rojas, un coqueto liguero verde, me había calzado zapatos taco catorce y tenía mis pelos revueltos, resbalando sobre mis hombros como grandes cascadas doradas, sensuales y excitantes. Estaba bien maquillada además, y lucía lindísima provocativa como un erótico manjar. Reynolds se admiró de mis pechos inflados como gra

  • Mi campeón   Capítulo 54

    El nuevo listado del ranking mundial mantuvo en el quinto lugar a Reynolds pese a que le había ganado a Jones.¡¡¡Otra vez Warren había metido sus narices!!! Warren tenía amigos incondicionales en la entidad mundial de boxeo y ellos impidieron que Reynolds subiera uno o dos peldaños más en el escalafón ecuménico. Yo estaba indignada. El cuarto en la escalera de clasificación era Wilson. Lo lógico era hacer pelear a los dos para tentar el título del mundo, sin embargo Reynolds no había logrado subir en la clasificación como era mi deseo. De remate Hugh Bryan me pedía pactar una pelea cuanto antes. Reynolds era la atracción en los pesos completos y había hecho un buen combate contra Jones. Entonces entré en contacto con los representantes del sexto en la clasificación, "Metralleta" Goods. Su promotor era un ta Donato Anastasi. -Por supuesto que me interesa una pelea con Reynolds-, se entusiasmó Anastasi. -Si Goods le gana a Reynolds podría alcanzar a Wilson en la clasificación mu

  • Mi campeón   Capítulo 53

    En la comandancia donde presenté la denuncia acompañada de Reynolds, me dijeron que el tipo que disparó al gimnasio era un tal "Canguro" Woodrow un maleante de poca monta, especializado en robos menores. Fue identificado por las imágenes de las cámaras de vigilancia que yo tenía instalado rodeando mi local para evitar justamente atentados. -Lo contrató Warren-, no me cabía duda, sin embargo Reynolds aún defendía a ese sujeto. -Ya lo dijo la policía, Alana, es un hampón de cuarta, seguro pensando en chantajearte-, me subrayó. El chantaje, o sea el cobro de cupos para evitar ser atacados, estaba en boga en el país y era una práctica muy común entre los hampones, sin embargo yo no había recibido amenaza alguna, simplemente atacaron mi gimnasio. Llamé a Hugh Bryan y él me confirmó que el empresario Sparwasser era muy amigo de Warren. ¡¡¡Les dije que todo era sintomático!!! Mientras conversábamos sobre la posibilidad de pactar una pelea entre Wilson y Reynolds, el tal Sparwasser s

  • Mi campeón   Capítulo 52

    Haskins me destinó para cubrir informaciones de una cita de prensa del sindicato de pescadores que se iban a la huelga. -Tienes reservada la página cinco, Galloway-, me adelantó. La conferencia de los hombres de mar sin embargo se canceló porque el ministerio del sector convocó a sus líderes para tratar de resolver el impasse. Llamé a Haskins . -No hay conferencia, jefe, se canceló todo-, le informé. -Bueno, bueno, bueno, gajes del oficio, hoy editarás policiales, entonces, te vienes a las cuatro y luego te vas hacer tus fotos de modelo-, me subrayó Haskins. Eran recién las dos de la tarde y como estaba libre, decidí apoyar a Rick en su reportaje. Contra mis principios, me aparecí en el gimnasio. Jim y Rick ya estaban charlando y le hacían fotos a Reynolds mostrando sus músculos. -¿No te digo? Yo la tengo bien dominada a ésta hembra-, le dijo jim a Rick, dándose de machote. -Ya te he dicho hasta el cansancio que cuides tu vocabulario-, le aclaré muy molesta a Jim.

  • Mi campeón   Capítulo 51

    La tónica del combate continuó igual en los siguientes episodios. Jones no había podido conectar ni un golpe certero a Reynolds, que, de atinarle, le hubiera arrancado la cabeza a mi enamorado y por el contrario, sus ataques se estrellaban siempre en los brazos y el plexo de Jim sin mayor contundencia. Por el contrario Jim pegaba y pegaba y sumaba puntos. Era lo que me decía Rick. Él también estaba eufórico viendo el buen despliegue que hacía Reynolds en el ring. La multitud que colmaba las graderías del coliseo empezó a gritar al unísono ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! golpeando el suelo con sus pies, haciendo una estridencia contagiosa y musical. Eso entusiasmó demasiado a Jim lo volvió un huracán impetuoso y febril. Empezó a hacerle fintas a Jones, le acercaba la cara, le movía los hombros y no dejaba de bailarle o menearlas caderas, enardeciendo aún más al "Mastodonte" que lentamente se volvía un volcán en erupción. Justo en el último r

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status