MasukÁngela estaba recostada en el sofá, concentrada en el libro que estaba leyendo. David caminó los escasos pasos que conectaban el vestíbulo a la amplia sala comedor y la encontró allí.
El alivio en su rostro fue tan obvio que fue imposible no notarlo, y cuándo ella posó sus ojos en él, tuvo que preguntarle por qué sonreía de aquella forma.
―Estoy feliz de que estés aquí ―respondió con honestidad―. Por un momento tuve miedo de que te hubieses ido.
La morena cerró el libro y lo dejó a un lado, hizo una mueca con la boca que a David le pareció muy graciosa, un impulso fugaz cruzó su mente, el deseo de besarla fue tan avasallador que lo paralizó por un segundo.
Ella tomó una gran bocanada de aire y dejó escapar el aliento lentamente.
―Después de hablar con Robin decidí acceder a tu propuesta ―habló.
A David no le gustó lo que dijo, pero no se opuso a ello.
―¿Por qué su opinión es más importante que la mía o la de Alex? ―inquirió, alejándose a la cocina con las bolsas. Ángela lo siguió con la finalidad de ayudarlo a guardar las cosas.
―Porque él me contó la verdad de una sola vez… ―explicó la morena. No había acusación en su voz, solo la plana verdad―. No me dio muchos detalles, pero me explicó que ambos están trabajando juntos para destruir a los Murphy y para que tú puedas escapar de las manos de los Miller.
»Aunque… si me preguntas a mí, más que liberarte de los Miller siento que es una venganza personal para destruirlos hasta sus cimientos… ―aventuró ella―. No me lo contó él, pero puedo deducirlo.
―No es muy difícil si colocas las piezas en los lugares correctos y ves toda la imagen… ―No se sintió intimidado por sus presunciones, Ángela siempre fue muy inteligente, astuta e intuitiva; cualidades que tenías que desarrollar y cultivar si querías sobrevivir en el entorno en que ellos crecieron―. No solo me siento culpable por lo que te hice bajo la influencia de Laura y sus artimañas, también me siento furioso con ello, porque Laura es como es por la falta de carácter de su padre y la influencia de su madre, pero es toda una cadena, y el primer eslabón es Ruben Miller…
―Es una extraña y retorcida línea de pensamientos ―se burló Ángela, sonriendo con tristeza. Recibió el plato con comida china que David le tendió y ambos se sentaron a la mesa―. Pero no es como que no pueda comprenderla ―aceptó sin remordimientos.
―¿Quieres una cerveza? ―ofreció él, apenas había dado un bocado, ella asintió y David fue por las botellas.
―Cuando me divorcie de Laura, su madre hará todo lo posible por arruinarme, porque cree que me aproveché de ella ―contó con calma, David ya había hecho las paces con esa verdad y la aceptaba, ese era el motivo por el cual terminó asociándose con Robin, tener un enemigo en común―. Ruben no me va a proteger, sin importar que sea CEO de la compañía, no soy de su sangre, y él solo coloca gente de “su familia” en esos puestos, pensando que es mejor tener a alguien leal más que preparado. Y a pesar de que estoy más que calificado para el puesto, no dudará en despedirme al momento de que salga la sentencia de divorcio… al fin y al cabo, no puede romper la relación con los Murphy.
»Además, necesito proteger a Noah… No pienso dejar a Noah en esa familia, en ese lugar…
―Arruina a todos ―completó ella con voz cansada. David asintió.
―Laura está loca, no sé en qué momento pasará a lastimar a mi hijo para amenazarme, por eso es que debo divorciarme… una vez que demos el último paso, entonces podré pedir el divorcio y la custodia de Noah.
―¿Y luego qué? ―preguntó la morena―. Allí no terminará todo, lo sabes bien.
―Los Murphy no se enfocarán en ayudar a Laura una vez pierda su valor ―aseguró él con frialdad―. Y a Ruben Miller no le queda demasiado tiempo de vida.
―¿A qué te refieres? ―Los ojos de Ángela se abrieron por la sorpresa.
―Está enfermo de gravedad y ninguno de los miembros de su familia es compatible con él para un trasplanté… ―le contó, la sonrisa cruel le dio un toque atractivo a sus facciones―. Si a eso le sumamos que estamos bloqueando sus opciones en el sistema de salud y en el mercado negro de órganos, es muy posible que, tras nuestro último movimiento, Ruben no viva para finales de este año.
Ángela no sabía muy bien qué sentir, como médico, la vida tenía un valor diferente, la carrera le había enseñado que, sin importar qué, ellos debían salvar y proteger cada una. No obstante, ella no podía negar el denso rencor que sentía por los Miller, que no se regodeara en él era una cosa distinta, lo hacía porque no iba a permitirles que le quitaran más de lo que ya le habían quitado.
―¿Qué tiene? ―indagó Ángela.
―Su hígado está en las últimas, solo un trasplante puede salvarlo e, irónicamente, ningún miembro de su familia es compatible… ―explicó con satisfacción.
Una sonrisa triste apareció en los labios de la morena, sus ojos verdes se enfocaron en el rollito primavera que acababa de morder.
―El karma es una perra… ―dijo después de tragar el contenido de su boca.
―Pues sí… ―aceptó David―. Más cuando las personas creen que no han hecho nada malo, ¡o peor! Saben que han hecho algo malo pero no se arrepienten por ello.
―¿Y tú? ¿Qué hay de ti? ―cuestionó Ángela, la expresión en su rostro era agridulce―. ¿Te arrepientes de lo que hiciste?
Ella no deseaba hacer esa pregunta, pero su inconsciente la traicionó antes de que pudiese detenerse.
Abrió los ojos, sorprendida de su propia estupidez, David compuso una cara compungida, pero antes de poder responderle que sí, que se arrepentía de lo que le hizo y de cómo la lastimó, ella se levantó de la silla, dejando su plato a medio comer.
―Olvídalo, no tienes que responder… ―Se alejó rumbo a la sala.
David alcanzó a ver un leve rubor en las mejillas de Ángela, ella no solía sonrojarse, a menos de que se sintiera muy avergonzada, porque la timidez no era parte de su personalidad. Él soltó una risita, se puso de pie también y la persiguió, alcanzándola en medio de la sala con solo un par de zancadas.
Sostuvo su codo y la hizo girarse para que se enfrentaran, la diferencia de estatura era obvia, más cuando ella llevaba zapatillas deportivas sin tacón.
―Sí, me arrepiento cada día de mi vida ―respondió en voz baja, pero su tono no tenía el dolor de siempre, en cambio, había resignación y un deseo de redimirse―. A veces fantaseo con la idea de que Noah fuese nuestro hijo y no tuviese nada que ver con su verdadera madre…
―Eso es cruel, David ―lo reprendió ella.
―Soy una persona cruel, Angie ―aceptó él.
Estaban demasiado cerca, y los iris dorados del hombre brillaban con un deje de deseo. David se moría por besarla, estrecharla entre sus brazos y enterrar su nariz entre el hombro y el cuello solo para aspirar el aroma de su piel.
Por su parte, Ángela sintió escalofríos erizando su piel, por suerte llevaba un suéter ceñido de mangas largas que ocultaban la piel de gallina; sin embargo, no podía ocultar su propia turbación en sus ojos.
Ellos tenían historia, una triste y dolorosa, pero eso era una sola parte. Aunque para los dos fue un momento difícil en una época complicada de sus vidas, también vivieron instantes maravillosos, llenos de felicidad.
Y era inevitable evocarlos estando tan cerca.
Después de haber pasado tanto tiempo juntos llegó un momento en su relación en que se volvieron demasiado familiares el uno con el otro, se dieron por sentado, nada podía hacerles creer que no pasarían el resto de su vida juntos y que después de la universidad la situación sería mucho mejor. David y Ángela se hicieron compañía en la época más difícil de sus vidas.
Aunque se hicieron novios desde la adolescencia, conquistar y coquetear fue algo que no disfrutaron en realidad, porque ambos tuvieron que madurar demasiado rápido y demasiado pronto.
Ángela empezó a vivir por su cuenta después de la muerte de su mamá.
David y ella comenzaron a convivir cuando él entró a la universidad.
Todo fue demasiado rápido.
―Dame una oportunidad, por favor ―le susurró él con voz ronca, dando un paso más cerca de ella.
―David… yo… ―dudó Ángela.
―Angie, no somos las mismas personas de antes ―continuó con el mismo tono―. Yo ni siquiera soy la misma persona que era antes de perder la memoria… En lo único que puedo pensar ahora es en acabar con todos los peligros y obstáculos que nos rodean para poder perseguirte y conquistarte de nuevo.
»Quiero poder llevarte a los lugares más románticos del mundo, ir a cenar en un restaurante en el último piso de un edificio y mientras vemos la ciudad con las luces brillando en la noche, pedirte matrimonio; quiero comprarte flores, bombones y mimarte como te mereces, quiero abrazarte por la noches y despertarme a tu lado cada día, quiero verter dormir y sentir el calor de tu cuerpo cuando sea invierno.
»Quiero darte todo lo que nos quitaron… lo que te quité… porque no veo un futuro sin ti en él, Ángela.
»Y no te lo voy a negar, Angie, en este momento me siento como un niño abriendo los regalos de navidad, solo porque estás aquí, conmigo…
Ángela dio un paso involuntario hacia atrás, cada palabra que salía de sus labios sonaba dulce y dolorosa al mismo tiempo; sabía que su corazón latía con fuerza porque deseaba creerlas, deseaba que cada una de ellas fuese verdad y poder entregarse a sus propios anhelos.
Pero al mismo tiempo, mientras dio ese paso hacia atrás, intentaba escapar.
Tenía miedo de creerle una vez más y que se repitiera la historia.
No obstante, en su nerviosismo se enredó con sus propios pies y trastabilló torpemente; el resultado era inevitable, los dos supieron lo que iba a suceder, sin embargo David fue más rápido y la sostuvo con firmeza para evitar que Ángela diera de bruces contra el suelo.
―No tiene que ser ahora, Angie ―le susurró aún más cerca que antes, sus labios casi se tocaban y el aliento de él acarició su boca, olía a cerveza y nublaba su juicio―. Pero pronto, muy pronto, los dos nos liberaremos de los monstruos del pasado y entonces, podremos ser felices… y estaré eternamente agradecido si me concedes el honor de ser feliz a tu lado…
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







