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Capítulo 8

Aita Cabrera
Mi padre tardó unos instantes en responder:

—Lo importante es que ya lo entiendes.

Nicolás entró en la sala. Yo seguí sentada en el sofá. Dejó la carpeta sobre la mesa de centro.

—Estos son los documentos para transferirte la propiedad de la casa.

Fruncí el ceño.

—¿Qué significa esto?

—Quiero ponerla a tu nombre.

—No la quiero.

—Clara, te la debo.

Lo miré.

—No me debes una casa. Me debes cada momento de estos siete años en que no estuviste a mi lado, y eso no puedes devolvérmelo.

—Lo sé, pero ya
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  • Nunca Fui Su Prioridad   Capítulo 8

    Mi padre tardó unos instantes en responder:—Lo importante es que ya lo entiendes.Nicolás entró en la sala. Yo seguí sentada en el sofá. Dejó la carpeta sobre la mesa de centro.—Estos son los documentos para transferirte la propiedad de la casa.Fruncí el ceño.—¿Qué significa esto?—Quiero ponerla a tu nombre.—No la quiero.—Clara, te la debo.Lo miré.—No me debes una casa. Me debes cada momento de estos siete años en que no estuviste a mi lado, y eso no puedes devolvérmelo.—Lo sé, pero ya no sé qué más hacer.—Entonces no hagas nada.Se quedó inmóvil. Continué:—No tienes que compensarme ni intentar aliviar tu culpa demostrándome que estás arrepentido. No me fui para esperar a que te arrepintieras. Solo quería recuperar mi propia vida.Nicolás bajó la cabeza y rompió a llorar. Era la primera vez que lo veía llorar.Antes siempre lo había considerado un hombre sereno, capaz de resolver cualquier problema según el lugar que ocupara en su lista de prioridades. Solo entonces compren

  • Nunca Fui Su Prioridad   Capítulo 7

    Después de la reunión, regresé a casa de mis padres. Durante el mes siguiente, Nicolás me envió muchos mensajes. Ya no hablaba de Valeria; empezó a hablar del pasado."Encontré la primera agenda que preparaste para mí"."Habías anotado hasta el pronóstico del tiempo de cada uno de mis viajes"."Incluso habías anotado que solía dolerme el estómago después de aterrizar".No respondí.Un día más tarde, envió una fotografía del cajón del estudio. Dentro estaba el pastillero que yo le preparaba, con una etiqueta en cada compartimento.Nicolás añadió:"¿Cómo no me di cuenta de todo lo que hacías por mí?".Miré la fotografía y cerré el chat. Claro que nunca se había dado cuenta. Cuando llegaba a casa, los medicamentos ya estaban organizados, la comida caliente y sus camisas planchadas. Yo hacía todo en silencio, con tanta discreción que él terminó creyendo que las cosas aparecían solas en su lugar.Más adelante, me enteré de que, después de empezar a ponerle límites tras nuestra reunión, Nic

  • Nunca Fui Su Prioridad   Capítulo 6

    Durante los días siguientes, Nicolás no volvió a casa de mis padres. Elena me informó que por fin estaba dispuesto a revisar el convenio. Viajé de regreso a la ciudad para asistir a la primera reunión de negociación con Nicolás en el despacho. Cuando llegué, Nicolás ya estaba sentado en la sala de juntas con el documento frente a él.Los bordes de las hojas estaban arrugados; debía de haberlas leído muchas veces.Al verme, se puso de pie de inmediato.—Clara.Me senté junto a Elena.—Empecemos.El rostro de Nicolás se tensó.—¿De verdad tienes que tratarme con tanta frialdad?—Estamos aquí para resolver un asunto legal.Elena colocó el inventario de bienes frente a nosotros. Nicolás había comprado la casa antes del matrimonio, de modo que era exclusivamente suya y no formaba parte de los bienes que debíamos repartir. Tampoco pedí los muebles, aunque yo había comprado la mayoría.Solo quería quedarme con mis ahorros personales y mi equipo de trabajo, recibir la parte de nuestros ahorros

  • Nunca Fui Su Prioridad   Capítulo 5

    Al tercer día, Nicolás llegó a casa de mis padres. Cuando mi madre abrió la puerta, él estaba de pie en el pasillo, con ojeras profundas y la camisa completamente arrugada. Llevaba una bolsa de fruta.Había mangos dentro.Mi madre los vio y su gesto se endureció.—Clara es alérgica al mango. ¿No lo sabías?Nicolás apretó el asa de la bolsa.—Lo olvidé.Mi madre no tomó la bolsa.—No es que lo hayas olvidado; nunca te importó lo suficiente como para recordarlo.Nicolás se quedó en el umbral, sin saber qué decir. Yo estaba sentada en la sala y, al escuchar su voz, sentí una punzada en el pecho.Los hábitos adquiridos en siete años no desaparecen en cuestión de días. Al oír sus pasos, todavía alzaba la mirada por instinto. Aun así, no me levanté.Nicolás me vio desde la puerta y bajó la voz.—Clara, tenemos que hablar.Mi madre intentó impedírselo, pero me puse de pie.—Mamá, estoy bien.No había casi nadie en el pequeño jardín frente al edificio. Nicolás caminó despacio detrás de mí. Ant

  • Nunca Fui Su Prioridad   Capítulo 4

    Poco antes de que el avión despegara, firmé la última autorización en la sala de embarque, la escaneé con el celular y se la envié a Elena. En cuanto la recibió, me llamó y preguntó:—¿De verdad no quiere esperar a que el señor Ferrer regrese para hablar con él una vez más?Le puse la tapa al bolígrafo.—Ya no voy a esperarlo.—Quizá todavía no comprende que usted se marcha en serio.—Que lo comprenda o no, no cambia mi decisión.El altavoz volvió a anunciar el embarque. Avancé con la maleta mientras el celular vibraba sin cesar en mi mano. Nicolás llamaba una y otra vez, pero no contesté. Luego llegaron sus mensajes:"¿Dónde estás?"."¿Qué significa que hayas sacado tus cosas de la casa?"."¿Qué es ese convenio de divorcio?"."Contesta el celular".Al leerlos, recordé que Nicolás también me había pedido matrimonio en un aeropuerto. Regresaba de un viaje de trabajo y apareció en la zona de llegadas arrastrando su maleta, con un ramo de girasoles casi marchitos entre las manos. Me expli

  • Nunca Fui Su Prioridad   Capítulo 3

    El despacho de abogados quedaba cerca de casa. Después de revisar los documentos que había llevado, la abogada Elena Morales alzó la vista.—Señora Rivas, ¿está segura de que quiere divorciarse?Asentí.—Completamente.—Si el señor Ferrer no está de acuerdo, el proceso podría demorarse.—No importa.Hice una pausa antes de añadir:—No tengo prisa por conseguir su firma.Elena pareció sorprendida. Yo sonreí.—Él siempre da por sentado que voy a esperarlo. Esta vez le tocará esperar a él.Cuando salí del despacho, el cielo estaba cubierto de nubes oscuras. Recibí un mensaje de Nicolás:"Valeria se desmayó porque se le bajó el azúcar. Me quedaré con ella hasta que termine de recibir el suero".Unos minutos después, envió otro:"Vuelve a casa para cenar. Compré las costillas que te gustan".Contemplé la pantalla en silencio. Siempre hacía lo mismo: primero me hería y luego intentaba consolarme con una cena, como si una compensación bastara para que yo olvidara el daño.Cuando regresé, Nico

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