เข้าสู่ระบบNarrador omnisciente.El convoy que se aproxima no reduce la velocidad hasta que los Krishas levantan los brazos y delimitan el punto de encuentro. Dentro del perímetro establecido, cada vehículo detiene su marcha, dejando sobre la nieve las huellas profundas de sus neumáticos.La nieve cruje bajo las botas de los hombres que ocupan el perímetro. Los Volkis se distribuyen a ambos lados de la carretera, sin bloquear el acceso, pero dejando claro que cualquiera que intente abandonar su posición tendrá que explicar primero por qué.Los Voiny permanecen detrás de la línea de seguridad. Algunos reconocen a los hombres que custodian el lugar; otros mantienen la mirada fija en el vehículo que encabeza la comitiva de Vael Zarkov. No necesitan que nadie les explique quién tiene autoridad sobre ese terreno.Y, aun así, no les causa ningún temor poner un pie en el lugar que el Korol les indique. Los Voiny ada, elegidos estrictamente de la comitiva antigua de la Mafia Roja. Ninguno ha tocado Moz
Narrador Omnisciente. La sangre le corre por los nudillos.Su respiración se ha convertido en una sucesión de jadeos ásperos.El teléfono.Necesita el maldit0 teléfono. Pero está destrozado, por lo que acude a uno de los que suele guardar en su armario de su dormitorio y al encontrarlo, lo desbloquea con los dedos ensangrentados, que también reparten el líquido sobre las prendas colgadas. La pantalla se ilumina y busca entre códigos guardados. Cuando lo consigue, camina hacia el exterior de la Fortaleza, pasando del joven adolescente que se detiene a medio camino, dejándolo alejarse, mientras percibe la ira que eleva la presión en ese pasillo extenso. —Un Zarkov sin seguro —murmura Arkady, volviendo a caminar con el perro cuidando sus pasos. El Creador advirtió lo que vería y no exageró cuando dijo que lo mejor era no entrometerse en su camino. El hombre recién llega para aparcar el vehículo, tras ver a Yaro caminar a zancadas brutales, cargando un maletín, no alcanza a hacerse a u
Narrador Omnisciente. El aire entra, pero no le alcanza. El dispositivo tiembla tanto que la imagen vibra frente a sus ojos. Lo sujeta con ambas manos y obliga a sus dedos a quedarse quietos.No puede contenerse por más que lo intenta. Pero se obliga a seguir viendo lo que falta, aunque incluso respirar le estorba.La grabación continúa y la carretera queda vacía durante varios minutos.Yaro no se mueve. Tiene la mirada fija en la pantalla y el pecho subiéndole y bajándole con una violencia que empieza a dolerle. Cada segundo de la espera le arranca algo distinto: primero la incredulidad, después la esperanza absurda de que el archivo esté incompleto, y finalmente la certeza de que todavía no ha visto lo peor.Casi diez minutos después, Melor aparece en la imagen,dándole otro golpe cuando Yaro lo reconoce de inmediato.Su hermano sale conversando con Svetlana. Ella llevaba el cabello oscuro suelto y moviendo las manos mientras habla, animada por alguna historia que parece divertirla.
Narrador omnisciente.Yaro Zarkov siempre ha visto Tomsk como el lugar donde su familia comenzó a desintegrarse, cual torre de naipes golpeada por una mano invisible. Y decir que recuerda perfectamente cuando la familia estaba completa, no es algo que se puede permitir. Porque lo hace. Pero desprecia esa realidad. Por eso sale cuanto es posible, cómo accedió a atrapar una ratita con lengua muy larga. Por muy parte importante de las fuentes de la mejor amiga de su hija que fuera. Rompiendo así la primera regla de “no agresión” dentro del juego del rey de la Dinastía más fuerte conocido. Porque aún dentro de los integrantes de la pirámide, Vael aseguró que era valioso, y su sobrino puede ser un completo obstinado, pero nunca miente.Tal cual lo hizo Melor. Hasta que lo perdió.En un período demasiado corto, su hermano cometió la incoherencia más grande de su vida: marcharse de aquí hacia allá, exponiéndose como si nadie quisiera su cabeza y como si el apellido que cargaba bastara para
Vael Zarkov.Abandono el despacho sin dedicarle otra palabra a Yaro.Hay demasiados hombres convencidos de que pueden hacer de mi territorio una extensión de sus caprichos. No pienso perder más tiempo escuchando sus justificaciones cuando puedo observarlos de cerca y descubrir qué pretenden conseguir.La camioneta espera frente a la entrada de la Fortaleza, con el motor encendido y los faros atravesando la nieve. Dos vehículos blindados permanecen detrás, ocupados por hombres que ya saben que no deben hacer preguntas innecesarias.Timur abre la puerta trasera.Entro sin detenerme y me acomodo mientras él ocupa el asiento delantero. Apenas cierro la puerta, Margosha aparece por el acceso lateral, acompañada de dos mujeres del personal médico.—La Neder-Wolki está preparada para la extracción —informa, acercándose a la ventanilla—. Le he cambiado los vendajes, revisado las heridas y dejado instrucciones para el traslado. No está en condiciones de caminar distancias largas.La observo a
Vael Zarkov. —¿Sabes qué aprendí hoy?La pregunta me llega desde el marco de la puerta, cuando el pequeño demonio atraviesa el umbral completamente desinteresado en las alarmas que siguen movilizando a toda la propiedad. A estas alturas, deben de haber alcanzado incluso las cabañas más alejadas de la Fortaleza.Lo que vi me basta para saber lo que hizo.—Que eres incapaz de obedecer una orden sencilla.Tiene una expresión demasiado tranquila para alguien que debería estar bajo el Domo.—Los lobos, en ocasiones, sufren lesiones que se deben cortar antes de que se infecten —desvía el tema.—Y los cachorros imprudentes terminan entre los dientes de los que no deberían provocar —confino su hipótesis para que deje el intento de explicación. Arkady ladea la cabeza tensa su mandíbula. No baja la cabeza ni se apresura a disculparse. Nunca ha tenido esa clase de instinto de supervivencia cuando se trata de discutir conmigo. Svetlana le dejó demasiadas cosas, y la maldit@ costumbre de desafia






