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Capítulo 4

Author: Irma Navarrete
Aunque ahora ya no quisiera jugar conmigo, habíamos crecido juntos desde pequeños. Cuando me encontraba en peligro, ¿ni siquiera estaba dispuesto a echarme una mano?

De pronto, una figura se lanzó rápidamente hacia mí y pateó al chico mayor que todavía quería golpearme.

Antonio me levantó del suelo y me protegió mientras corríamos hacia el edificio de aulas.

—¡Rápido, vámonos!

Cuando los maestros llegaron y detuvieron la pelea, yo todavía no me recuperaba del susto. Estaba sentada junto a la jardinera, temblando sin parar.

Antonio me entregó en silencio una botella de agua y me miró con una expresión difícil de descifrar.

Entonces noté que, durante el caos, la manga de su uniforme se había rasgado y dejaba ver una herida con costra.

—Tu brazo… —dije en voz baja.

—No es nada.

Él se bajó la manga rápidamente.

—Toma agua.

Le di las gracias en voz baja, y en mi corazón nació una pequeña calidez.

El asunto llegó muy pronto a oídos de papá.

Papá se enfureció tanto que fue directamente a buscar a los padres de Margarita.

Los padres de Margarita la castigaron y no la dejaron salir de casa, y además mandaron una caja de chocolates importados como disculpa.

Esa noche, Paul vino a buscarme de mala gana y arrojó una bolsa de golosinas sobre la mesa.

—Lo de hoy no tuvo nada que ver con Margarita. ¿Por qué hiciste que la castigaran?

Levanté mi brazo vendado.

—Mira bien.

Paul se quedó aturdido un instante, pero enseguida replicó:

—¿No estás bien ya? Todo el mundo sabe que tu papá te quiere más que a nadie. Seguro alguien iba a ayudarte. Pero Margarita solo me tiene a mí para protegerla. Tú también viste que hoy ella casi fue golpeada. ¿Puedes dejar de estar siempre en su contra? Ve a decirle a tu papá que no la encierre. Si no, no seré tu hermano.

Paul hablaba con toda seguridad, como si estuviera convencido de que yo iba a ceder.

—¡Qué descarado! —lo regañó mamá en mi cabeza.

Yo me decepcioné de él por completo. Ya ni siquiera quería decirle nada más.

—Tengo que hacer tarea. Vete.

Cuando la empleada lo acompañó hasta la puerta, Paul dejó una frase furiosa antes de irse:

—Raquel, te vas a arrepentir.

Dos días después, papá organizó un evento especial en el auditorio del complejo militar e invitó a todos los niños del lugar.

Me puse mi vestido floreado favorito y llegué al auditorio.

Para mi sorpresa, Margarita, quien supuestamente debía estar castigada, también estaba allí. Incluso llevaba un vestido de princesa nuevo y me hizo una mueca con aire presumido.

—Seguro Paul encontró la forma de traerla —dijo mamá con un resoplido frío—. En la vida pasada nunca lo vi esforzarse tanto por ti.

Cuando Paul me vio, giró la cabeza de inmediato y empezó a reírse y hablar con Margarita en voz alta a propósito.

Los demás niños susurraban entre ellos:

—¿Por qué Paul no le hace caso a Raquel? ¿Y por qué se lleva tan bien con Margarita?

—¿No era Raquel la que más quería jugar con Paul? Hoy seguro lo elige a él, ¿no?

Antonio estaba de pie en silencio en un rincón. Al escuchar esas palabras, miró fríamente a los niños que hablaban, y ellos se dispersaron de inmediato.

Papá me llevó sonriendo al centro del escenario y me entregó un pequeño megáfono rojo.

—Raquel, hoy tú misma le dirás a todos a quién elegiste como hermano mayor.

—Está bien.

Tomé el megáfono y noté que Paul me miraba con nerviosismo, mientras Margarita le sujetaba con fuerza la manga.

Le sonreí levemente. Respiré hondo y dije en voz alta por el megáfono:

—¡Gracias por venir!

El auditorio se quedó en silencio de inmediato. Todas las miradas se concentraron en mí.

Paul se enderezó sin darse cuenta. Margarita, en cambio, le jaló la manga con inquietud.

—Ahora voy a anunciarlo.

Mi voz clara se extendió por todo el auditorio a través del megáfono.

—Quiero elegir a…

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