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10-Me siento un poco más viva.

Author: Andry07
last update publish date: 2026-09-08 04:19:04

La habitación se quedó en silencio. Solo quedamos él y yo.

—¿Y ahora qué? —pregunté, para romper la tensión.

Bastian no dice nada. Su mirada continúa clavada en mí, y segundos después, la desvía para mirar el lugar donde Elisya estuvo momentos atrás, como si estuviera evaluando la mejor forma de desaparecer también.

—¿Me vas a dejar aquí? —insisti, cruzando los brazos con algo de dificultad—¿O vas a seguir fingiendo que no me escuchas?

Suspira profundamente, sin responder. Después se gira lentamente y me observa.

—Vámonos.

—¿Disculpa?

—Te llevaré a un lugar más seguro. No puedes quedarte aquí.

—¿Y por qué no?

—Porque… —hace una pausa breve, y de la nada, sus ojos se endurecen—¿Quieres quedarte a esperar que cuatro venga por ti? "bien".

Desaparece.

—¡Bastian!—grité, para que volviera a aparecer—había olvidado lo detestable que puedes llegar a ser...

—Yo había olvidado que sólo haces preguntas estúpidas.

Tuve que respirar profundamente para no perder la paciencia. Lo mejor es buscar soluciones, no estamos para perder el tiempo.

—Dejemos a un lado nuestras diferencias, deberíamos intentar llevarnos mejor—le propuse, antes de soltar una pregunta que me tenia bastante inquieta—Y... ese tal cuatro, ¿Es tan malo como dicen?

—Tiene cero paciencia y un historial cuestionable con entidades “problemáticas”. Tú entras en esa categoría.

—Oh, genial, ya no solo soy un error, ahora resulta que soy “problemática”.

—Un completo dolor de cabeza—agrega en tono de burla, yo le doy una mirada matadora— Basta de perder el tiempo, recogeré un par de cosas tuyas y nos iremos en cinco minutos.

—¿Y qué lugar es ese al que quieres llevarme?, ¿una cárcel mágica?, ¿una cueva?, ¿tu guarida secreta bajo tierra?

—Es… mi hogar —responde con un dejo de incomodidad.—Mi hogar espiritual —aclara—, aunque a ti te parecerá una casa común. Y no, no es un calabozo ni tengo mazmorras escondidas. Es solo un refugio.

—¿Y por qué debería confiar en ti? — fruncí el seño—Hasta hace un rato querías que muriera, y ahora pretendes tenerme en tu casa. ¿Y si esto es una trampa?

—Si quisiera hacerte daño, ya lo habría hecho. Créeme, formas menos complicadas no me faltan —dice sin una pizca de emoción.

Tiene razón. Y eso, de alguna forma da miedo.

—Igual no quiero ir —le digo firme.

—No es una invitación, Legna. Es una advertencia.

—¿Y qué pasa si me niego?

—Te mueres.

La frase queda suspendida en el aire como una sentencia. Ni siquiera la dice con rabia o dramatismo. Es… una verdad, una muy brutal.

—No tengo opción.

—No—confirma—. No sé cuánto tiempo más puedo protegerte si estás al alcance de todos. En mi casa estarás oculta. No podrán rastrearte. Ni los lóbregos, ni los de mi clase. Al menos hasta que sanes.

Miro a mi alrededor. Esta casa vacía, esta ciudad, este mundo… todo parece hostil de repente. Inseguro. Frágil.

Y yo no tengo a dónde más ir.

—Está bien —digo finalmente, con un suspiro resignado—. Vamos.

NARRADOR

Bastian extiende la mano hacia ella para ayudarla a levantarse, y aunque Legna duda un segundo, termina tomándola.

La envuelve en sus brazos, mostrándose un tanto incomodo, y al instante, un pulso de energía los envuelve. En un parpadeo, desaparecen del plano humano.

Y reaparecen frente a una especie de cabaña, de madera oscura, rodeada de árboles que parecen respirar. El cielo no es azul ni gris, sino un tono entre violeta y cobre, como si estuvieran dentro de un atardecer infinito. El aire es cálido, pero no quema. Huele a tierra y a algo... viejo.

LEGNA

—¿Dónde estamos?

—En un cruce entre planos. No estás ni en el mundo de los vivos, ni en el de los muertos. Este lugar solo existe para mí.

"¿Y ahora también para mí"—Digo para mis adentros.

—Solo mientras yo lo permita—susurra él, como si pudiera escuchar mis pensamientos.

Frunzo el ceño, pero no digo nada.

La cabaña parece antigua pero cuidada, como si llevara siglos en pie pero el polvo no se atreviera a posarse.

Entramos. Por dentro es más grande de lo que parecía. Tiene un salón amplio, con muebles de madera, una chimenea, estantes con libros viejos, y ventanas que no muestran el exterior, sino una especie de neblina luminosa. Me dan escalofríos.

—Puedes dormir ahí —dice señalando un sofá que parece mas cómodo que mi cama—. No hay habitaciones, así que si te molesta mi presencia… lidia con ello.

—Gracias por la hospitalidad—mencioné en tono sarcástico.

— Esto no es un hotel.

Me ayuda a recostarme y luego se sienta en una silla frente a mí y se queda en silencio. Yo lo observo, aún sigo intrigada.

—¿Qué son ustedes exactamente?

Él suspira.

A decir verdad, no esperaba que me respondiera.

—Soy un recolector de almas. No me considero del todo un ángel, pero tampoco soy un demonio. No fui humano, ni lo seré. Fui creado para lo que hago. Nací del equilibrio, del orden. No tengo alma, no tengo corazón, y no responderé más preguntas.

—Mentira —digo con calma.

—¿Qué?

—Que mientes. Sí tienes corazón. Por algo me salvaste.

—Fue un error —repite como una letanía.

—¿Entonces por qué me sigues protegiendo?

Silencio.

Ahora evita mirarme directamente. Como si temiera que lo lea con la mirada.

—¿Ves? No puedes responderlo —digo, con una sonrisa débil—. Quizás tú tampoco entiendes por qué.

—No necesito entenderlo. Solo necesito mantenerte a salvo—la última frase apenas fue audible.

Nuestras miradas se cruzan, ésta vez sin hostilidad ni burla.

Solo una pausa. Una grieta en la barrera que él insiste en sostener.

Pero al segundo, se pone de pie, como si ese instante lo hubiera sacudido demasiado.

—Te traeré algo de comer —dice sin mirarme—, aunque no estoy seguro de si la comida que tengo te alimente o te envenene.

—Gracias pero no tengo hambre—le grito mientras se aleja.

Estoy sola en medio de un mundo que no entiendo. Protegida por alguien que no quiere sentir. En una casa que no existe en ningún mapa.

Y, sin embargo, a pesar de todo lo malo… me siento un poco más viva. Que irónico.

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