LOGINAl quedarnos solas, Elysia me observa en silencio, como si estuviera analizando cada parte de mí, y su mirada no resulta incómoda, al contrario, me transmite una paz que no había sentido en mucho tiempo. Ella es todo lo contrario a Bastian: serena, delicada, dulce…
—No deberías estar tan tranquila, algo me dice que eres distinta —suelta de pronto. —¿Distinta cómo? —A los demás humanos… tus ojos se han abierto a un nuevo mundo, otra persona en tu lugar se sentiría desorientada, asustada, inestable… pero tú… tú no. Siento tu energía, tienes una energía extraña. No pareces estar muriendo por dentro, como cualquier otro humano, más bien tu… pareces a punto de estallar. Éstos seres celestiales no son fáciles de comprender. —Gracias… supongo.—que más podía decir. Ella sonríe y se acerca con cautela, como si temiera espantarme. —¿Puedo hacerte una pregunta un poco… personal? —¿No lo has hecho ya? Elysia se ríe, una risa suave que suena como el viento moviendo hojas secas. —¿Alguna vez te ha pasado algo... que no puedas explicar? Algo que no tenga sentido ni siquiera para ti. —No que yo recuerde. —Piénsalo un poco. Me refiero a algo... profundo. ¿Te ha pasado que ves o sientes cosas que nadie más ve? Dudo. ¿Debería contarle lo que sucedió esta noche? Bastian no quiso responderme nada, pero Elysia parece realmente interesada. Tal vez con ella obtenga más respuestas. —A veces siento que alguien me observa, incluso cuando estoy sola. Como si algo… o alguien… estuviera muy cerca. —¿Y cuándo comenzó? —Después de que Bastian me salvo de… ya sabes… —¿Morir? —Eso, incluso hoy tuvo que volver a salvarme—señalé el vendaje que me envolvía—me atacó un espectro, ¿Cómo era que se llamaba? —me muerdo el labio mientras intento recordar—un lóbulo, un longevo, un… —¿Un lóbrego? —¡Si!, eso. Elysia da un paso atrás, sorprendida. —Eso es imposible —murmura—Los lóbregos no pueden tocar a los humanos… son leyes sagradas. ¿Estas seguras de que fue un lóbrego? —Eso fue lo que Bastian me dijo. —Entonces esto es mas complicado de lo que pensé… no solo puedes vernos, tienes una conexión mas grande con el plano espiritual. Pero cómo, si tú no estás muerta. Ni tampoco en coma. Serás acaso alguna clase de... error en el sistema. —¿Soy un error? —No me malinterpretes —se corrige rápidamente—. No quise ofenderte, mejor digamos que eres especial. Muy especial. Ahora puedes verlo todo con claridad, ya no estás completamente en un solo plano. —¿Y eso me pone en peligro? —Algo me dice que ya sabes la respuesta a esa pregunta—me mira con compasión. Tuve que hacer mucho esfuerzo para evitar que el miedo que estaba sintiendo se reflejara en mi rostro. De la nada, Bastian aparece como una ráfaga de aire frío, con el rostro tenso. —¿Ya estás jugando a ser oráculo, Uno? —Solo intento entender qué sucede —responde ella con calma. —No necesitas entender nada. Solo vigilarla por unos minutos, no te pedí que le escanearas el alma. —¿Dónde estuviste? —pregunto yo. —Trabajando—responde sin mirarme. —¿Y por qué estás tan tenso? —Porque hay rumores. Elysia alza una ceja.—¿Qué clase de rumores? Bastian se pasa una mano por el cabello, frustrado. —Despues de que el espectro te atacará algo se liberó en ti—me informa—tu energía es distinta al resto de los humanos, y ya en el otro lado empezaron a notarlo. Me siento como si hubieran lanzado una bomba en medio de mi habitación. —¿Más cosas horribles vendrán por mí? —pregunte aterrada—¿Cómo piensas arreglar ésto? —No me presiones—ordena con los dientes apretados—No fue mí idea que saltaras de ese acantilado. —Vamos a calmarnos—interviene Elisya—dos, ¿que fué lo que escuchaste? —Cuatro me encontró en medio de un cruce de almas. Me hizo preguntas. Se que no me creyó nada... Dijo que él se va a encargar de “corregir el error”. —¿Y como se supone que se va a encargar de corre... girme?—pregunte temerosa, sabiendo perfectamente que el "error" soy yo. —No lo sé con exactitud. Solo se que cuatro no es tan comprensible como Uno. —¿Eso quiere decir que... en algún momento va a venir por mí? —No solo por ti —dice Elysia, con una expresión preocupada—. También por él. Bastian rompió una regla mayor… si lo descubren deberá enfrentar graves consecuencias. El silencio se instala entre los tres. —¿Y qué se supone que debemos hacer? —pregunté finalmente—¿Esperar a que me maten de verdad? —Nadie va a tocarte —afirma Bastian, esta vez mirándome directamente—este asunto es culpa mía, y me da igual lo que digan los demás. Ya me metí en esto, ahora lo termino yo. —No puedes ir en contra de los tuyos—le recuerda Elysia. —Soy Dos. No Uno. No tengo tu diplomacia. Yo continuaba petrificada, casi podía imaginar la expresión fúnebre que tenía mi rostro en ese momento. Elysia suspiró y se acercó a mí una vez más. Me tomó la mano, suavemente. —No puedo prometer que no vendrán por ti. Pero puedo prometer que haré lo posible por retrasarlo. Tal vez... haya una salida para todo éste enredo. —¿Qué salida? —Un ritual muy antiguo. Peligroso. Podría desconectar tu vínculo con el plano espiritual. Si funciona, serías… normal. —¿Y si no funciona? —Podrías quedar atrapada entre la vida y la muerte. Ni viva, ni muerta. Y ahí, querida… nadie puede protegerte. Mi mano tiembla dentro de la suya. —¿Tengo otra opción? —Morir—dice Bastian, con brutal sinceridad. —No—respondo—. Esa opción queda descartada por el momento. —Voy a pensar en lo que le diré a cuatro. Si te buscó a ti también me buscará a mí.—Le dice a Bastian. —Se discreta. —No tienes de qué preocuparte. Ahora el deber me llama—nos informa ella, quien se despide antes de desaparecer. Bastian me observa en silencio con expresión neutral. Solo puedo imaginar lo arrepentido que está por haberme salvado aquel día...Cuando regresamos, Legna se sentó en el sofá y se quedó mirando al vacío. Ya no lloraba. No sé si eso era bueno o malo. Creo que lo segundo. Me quedé de pie frente a ella sin saber qué hacer. Ignorando el hecho de que mi teléfono no paraba de vibrar con nuevos mensajes. Una parte de mí quería gritarle "te dije que no debías venir conmigo, testaruda", y la otra solo quería hacerle compañía. Había aceptado llevarla conmigo porque solo quería quitarmela de encima. Ahora me arrepiento. Me senté a su lado. —Legna... No respondió. —Lo lamento. Ella giró lentamente la cabeza hacia mí. —¿Por qué? —Por permitir que vieras eso. No fué mi intención... Bajó la mirada. —Yo te lo pedí, te pedí que me llevaras. —Aun así. Guardó silencio. Me quedé observándola, continuaba con la mirada perdida. No me había percatado de la presión que sentía en el pecho. Cómo una especie de tristeza, aunque eso era imposible. Llevo cuatro siglos sin saber lo que es tener esa clase de e
Aparecimos en un lugar que Legna no conocía. Una calle estrecha, oscura y silenciosa. La noche estaba particularmente fría. El viento atravesaba las calles casi desiertas y era tan fuerte que hacía temblar los árboles. Ella se abrazó a sí misma. —Hace frío. Caminé unos pasos y el teléfono vibró en mi bolsillo. Lo saqué. La pantalla mostró un nuevo mensaje. SIN NOMBRE — RECIÉN NACIDO — HIPOTERMIA Me quedé inmóvil. Legna se acercó con curiosidad. —¿Qué sucede? Guardé el teléfono. —Nada. —Bastian. —Quédate aquí. No me sigas. —¿Por qué? —Porque sí. Ella intentó seguirme. —Te dije que te quedaras. —Pero... —Legna. Lo prometiste. Mi tono fue suficiente para detenerla. Caminé hasta el final de la calle y lo único que vi fue una pequeña caja de cartón que se encontraba junto a un contenedor. No había nadie más alrededor, solo el viento. Me acerqué lentamente. Y allí se encontraba, un cuerpo diminuto envuelto en una manta de color azul cielo,
BASTIAN —Ya entiendo a que sé refería Uno cuando mencionó que no quería que tuvieses el mismo destino que tuvo Seis.—Comenta Legna alterada—¿Y si nos descubren?. No quiero que temines exiliado por mi causa. No podría con la culpa. —Eso no sucederá, yo no soy Seis. Y tú... bueno, eres... diferente. Levantó lentamente la mirada hacia mí. —¿Diferente? —Solo... confia en mí. —¿Y ya haz hallado alguna solución?, o quizas una pista de lo que debemos hacer. —Por los momenton no—fui sincero. —"Perfecto", "estamos avanzando." Odio su sarcasmo. —Hago lo que puedo con el poco conocimiento que manejo del tema. Y te recuerdo que mi trabajo es algo que no puedo dejar para despues. —¿Y que otra cosa tienen prohibido hacer ustedes los guardianes? Ahí vamos otra vez con un nuevo interrogatorio. Decidi ir al grano. Descubrí que no cierra la boca hasta que no le contesto todas sus preguntas. Todo sea por mi paz mental. —No debemos intervenir en el equilibrio del universo,
Los días en la casa espiritual comenzaron a cambiar, o tal vez los que cambiamos fuimos nosotros. No habían discusiones matutinas, solo unos cuantos gestos, de vez en cuando unas sonrisas y por suerte silencios menos pesados. Bastian se había recuperado por completo. A veces al volver de su trabajo, lo encontraba recostado en el sofá, con los parpados cerrados y los cuchillos cerca, como si incluso en su descanso se negara a dejar de ser lo que era. Yo me encargaba de todo lo demás. Preparaba cosas sencillas para comer, organizaba la enorme biblioteca que parecía llevar siglos sin tocarse, incluso descubrí cómo encender la música de esa casa extraña que parecía no estar en ningún lugar. La primera vez que lo escuché tararear, creí que lo había imaginado. —¿Estás… cantando? —le pregunté desde la cocina. —Estás delirando —respondió él, sin dejar de leer. Pero sonrió. Apenas, pero lo vi. De alguna forma la convivencia dejó de sentirse, no se... impuesta. Días atrás pare
Volver a la casa se sintió diferente esta vez. Bastian se apoyaba en mí con más peso del que reconocería. Su túnica se resbaló dejando uno de sus hombros al descubierto y yo traté de acomodarsela como pude. Sus cuchillos apenas colgaban de su cinturón. Respiraba lento, pero cada vez que lo miraba de reojo, sus labios seguían tensos… como si se negara a aceptar que estaba sintiendo dolor. —¿Te lastimó mucho? —pregunté mientras lo ayudaba a sentarse en el sofá. —No lo suficiente... no voy a morir—dijo, intentando sonreír. No le salió. —¿Y lo suficiente como para que tengas que quedarte quieto al menos unas horas? No contestó. —Eso pensé. Fui por una toalla húmeda, me senté a su lado y sin pedir permiso, comencé a limpiarle la sangre seca que tenía en el cuello. Él ni siquiera protestó. Me resultaba extraña su falta de resistencia. Era la primera vez que me permitiera estar cerca de él. —¿Sabes qué fue lo peor? —dije sin mirarlo—Pensé que no vendrías, no me salían las
LEGNA. Cuando creí que Bastian lo tenía, una onda oscura lo golpeó de lleno en el pecho. Salió disparado contra una pared del callejón, golpeando con un estruendo seco. La túnica se rasgó en el torso y él cayó de rodillas. —¡NO! —grité, logrando por fin ponerme de pie. El Lóbrego se abalanzó sobre él. Pero antes de que pudiera tocarlo, Bastian se impulsó de nuevo hacia arriba, clavando ambas cuchillas en el pecho del espectro, con una fuerza que me hizo contener la respiración. Una luz amarillenta e intensa, surgió del centro del espectro. El Lóbrego chilló, se retorció… y finalmente se desintegró en una nube de humo oscuro. Se hizo un silencio, solo se podía escuchar mi respiración pesada y mi corazón golpeando contra mis costillas con una fuerza descomunal. Corri hacía él lo más rápido que pude. —¿Estás bien? Bastian cayó de rodillas, apoyándose en una de sus cuchillas como si fuera un bastón. El otro cuchillo se le cayó de la mano. Su capucha ya no cubría su ros