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14- Te vi...

Author: Andry07
last update publish date: 2026-09-08 10:26:13

BASTIAN.

Hoy debía ser una jornada simple.

Una de esas donde se guía un alma sin mayor contratiempo, se dice la frase ceremonial, y se vuelve al encierro de la casa espiritual antes de que el teléfono vuelva a sonar. Sin complicaciones, sin miradas, sin errores.

Pero eso fue antes de que ella me viera.

...

El nombre llegó como siempre, con un mensaje encriptado:

> “GUSTAVO RÍOS – 46 AÑOS – ACCIDENTE”

Aparezco en el lugar, es a una cuadra de la tienda donde trabaja Legna. Coincidencia que no me hizo gracia, pero no podía rechazar el encargo. Hay cosas que están por encima de nuestras preferencias.

Llegué al lugar en cuestión de segundos. Un gimnasio. Olía a sudor, desesperación y proteínas. El hombre salio caminando y lo seguí, hasta escuchar el ensordecedor sonido de unas yantas de auto intentando frenar sobre el pavimento, seguido de un golpe seco.

Segundos despues, Gustavo yacía en la carretera, rodeado de gente que intentaba reanimarlo con torpeza. A unos metros, su alma ya había abandonado el cuerpo.

—¿Murió? —preguntó él, mirándose desde lejos, aún sin aceptar la idea.

—Sí —respondí con la voz baja y directa—. Gustavo Ríos, llegaste a este mundo hace cuarenta y seis años. Es momento de partir.

—¿Y quién eres tú?

—Dos.

—¿Dos… qué?

—Solo Dos. Dame tu mano, por favor.

—No me toques, aléjate de mí—quiso alejarse y lo sostuve del brazo con fuerza.

—No me des problemas Gustavo, hoy he tenido una jornada tranquila.

Trató de zafarse y no se lo permití. Él me miró con miedo y yo a él, con cansancio. Cité mis palabras lo mas rápido que pude para no prolongar su sufrimiento y lo envié al otro lado.

Justo cuando levanté mis dedos para desaparecer, algo se movió al fondo de mi visión periférica.

Un latido frío me recorrió la espalda.

Giré la cabeza lentamente, buscando al otro lado de la calle, o en el otro plano, donde solo los míos pueden entrar. Pero no era una presencia espiritual.

Era ella.

Legna.

En la acera de enfrente. Oculta detrás de una parada de autobús. Mirando directamente hacia mí.

Sus ojos no eran de sorpresa, ni de confusión.

Eran de reconocimiento.

Y peor aún: de comprensión.

Desaparecí tan pronto como pude y reaparecí en el callejón detrás de la tienda.

Ella no tardó en aparecer, bajando la calle con paso rápido, sin disimular su expresión de alarma.

—¡Te vi! —dijo al verme, sin rodeos.

—No deberías haber estado ahí.

—¡Y tú no deberías haber estado visible! —Me señala, agitada—Lo vi, Bastian. Vi al hombre, no solo a ti. Vi el alma, parecía un ser humano normal.

No dije nada. Solo la observé.

El corazón me pesaba como piedra dentro del pecho. Esto no debía pasar. Ella no debería ver eso. No debería verlos a ellos.

—¿Desde cuándo? —le pregunté al fin.

—¿Desde cuándo qué?

—¿Desde cuándo puedes verlos?

—Desde hoy. Al menos, eso creo. No lo sé Bastian. Estaba en la tienda, y sentí algo raro, una punzada en el pecho. Salí por instinto. Y entonces… te vi. Y vi al tipo, estaba fuera de su cuerpo. No me digas que lo imaginé.

Cierro los ojos, respiro profundo. Quisiera poder decirle que sí, que fue su imaginación, que su mente la traicionó un instante.

Pero ya cruzamos demasiado lejos para mentiras piadosas.

—Estás desarrollando más sensibilidad —digo finalmente.

—¿Sensibilidad?

—Hacia el plano espiritual. Los vivos no deberían poder ver las almas, pero tú lo estás haciendo. Algo cambió después de aquella noche en el acantilado. Tu conexión con el umbral se activó. Ahora no solo eres visible... también puedes ver.

Legna me mira en silencio.

El miedo le baila en los ojos, pero no retrocede.

—¿Eso es malo?

—No lo sé —respondo con honestidad—. Pero puede ser peligroso.

—¿Por qué?

—Porque si tú puedes verlos tu energía se hace más fuerte, te has vuelto más llamativa. Podrían encontrarte más rápido

—¿Los que son como tú?

—Peores.

Se cruza de brazos, se muerde el labio. Su energía cambia. Ya no está molesta. Está dolida.

—¿Por qué no me lo contaste antes?

—Porque pensé que se detendría. Que con el tiempo tu energía se estabilizaría, que el contacto que hiciste con la muerte se apagaría.

—Pero no fue así.

—No.

Se sienta en una caja vacía, junto a las bolsas de basura del callejón. Como si fuera lo más natural del mundo estar hablando de esto en plena ciudad, entre olores nauseabundos y el incesante ruido.

—¿Qué me va a pasar, Bastian?

—No lo sé aún.

—Entonces dime qué vas a hacer.

—Voy a protegerte.

—¿Aunque seas un “guía” que no debería interferir?

—Aunque seas un error que nunca debí cometer.

Sus labios tiemblan, pero no por miedo. Esta vez es rabia. Dolor. Orgullo.

—¿De verdad vas a seguir llamándome así?

No le di una respuesta.

---

Más tarde, cuando regresamos a la casa espiritual, Legna lanza su bolso al suelo y se acuesta en el sofá sin hablar.

Yo me quedo en la sala, con la capucha puesta.

Mirando el punto exacto donde su energía empezó a brillar, donde el alma de un hombre y el alma de una chica se cruzaron sin permiso.

No sé cuánto tiempo me queda antes de que alguien más lo note.

Debo hayar una solución, cada vez es más difícil ocultarla.

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