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Capítulo 147

작가: Sofí Valiente
La semana después de Año Nuevo, Noelia decidió no perder el tiempo en visitas familiares.

Prefirió dedicarse en cuerpo y alma a Cecilia, llevándola a parques de diversiones y a recorrer los lugares turísticos más cercanos.

El día que fueron al zoológico, la familia de Martín se les unió.

A Elena le empezaron a pegar las náuseas del embarazo y, durante todo el camino, Martín no se le despegó ni un segundo.

Llevaban más de diez años queriéndose.

Era obvio que, a pesar de todo, el cariño que se t
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Elda Marquez
será que se la pueda llevar a vivir con ellos?
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    Justo en ese momento, salió la dueña del baño.—Señorita Bustos, el calentador ya quedó listo. Lamento muchísimo el mal rato que pasó. Para compensarla, le voy a cobrar solo la mitad de la tarifa de hoy.—No se preocupe, muchas gracias.—Es lo menos que puedo hacer, de verdad. Ya le dejé todo limpio para que pueda descansar tranquila.—Está bien.Noelia le asintió a Marcos con la cabeza y entró corriendo a su habitación.***La noche en la estepa era una historia completamente distinta a la del día. En cuanto el último rayo de sol se escondió en el horizonte, la oscuridad absoluta cayó de golpe como un enorme manto oscuro que lo cubría todo. Sin las luces de la ciudad ni árboles que estorbaran la vista, el cielo estrellado se veía imponente.Como Noelia no podía conciliar el sueño, se puso algo de ropa y se quedó contemplando las estrellas desde la ventana.Inmenso. No encontraba otra palabra para describir lo que tenía ante sus ojos.En ese fondo azul oscuro, casi negro, incontables

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    Ya que se habían topado, lo más lógico era quedarse en el mismo hotel para estar al pendiente de ella.—No tengo malas intenciones, de verdad —insistió Marcos—. Solo pensé que, al quedarme cerca, podría darle una mano si llega a necesitar algo.La desconfianza de la dueña se fue desvaneciendo poco a poco al escuchar sus razones. Llevaba años al frente de ese negocio y ya estaba curada de espantos. Este hombre tenía un porte fuera de lo común y no parecía ningún maleante. Aunque su mirada era profunda y seria, no reflejaba malas intenciones. Y lo más importante: la genuina preocupación que se le notó en los ojos al mencionar que la señorita Bustos había estado enferma y viajaba sola para despejarse, no era algo que se pudiera fingir.—Ya veo, caballero. Disculpe la desconfianza, lo malinterpreté —la dueña tomó la identificación de Marcos, revisó la pantalla de la computadora y le entregó una llave—. Mire, las dos habitaciones que dan pared con pared con la seis ya están ocupadas, per

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