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Fuego en los Rieles – Capítulo 2

last update 게시일: 2026-06-16 12:22:49

El metro entró en otro túnel, sumiendo el vagón en una oscuridad momentánea antes de que las luces se estabilizaran de nuevo. En ese breve instante, Camila sintió algo extraño: como si la oscuridad le hubiera permitido acercarse sin ruido, sin tiempo, sin espacio. Cuando la claridad regresó, él seguía en el mismo lugar, pero la sensación persistió.

Frunció el ceño, molesta consigo misma. No era el tipo de mujer que fantaseaba con desconocidos en el transporte público. No era el tipo de mujer qu
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    El metro cortaba los túneles con un rugido constante, el balanceo de los vagones como un latido cardíaco que parecía hacer eco al pulso acelerado de Camila Duarte. Sentada en el asiento de plástico frío, sentía el cuerpo vibrar con la tensión que el desconocido había encendido. La falda lápiz, antes un símbolo de su rutina enyesada, ahora parecía una barrera demasiado fina, la tela rozando sus muslos de forma casi torturante. Sus ojos verdes, antes apagados por el aburrimiento, brillaban con una mezcla de miedo y excitación, fijos en la ventana oscura donde el reflejo del vagón vacío temblaba.El desconocido estaba más cerca ahora, a solo unos asientos, el cuerpo imponente ocupando el espacio con una presencia que parecía absorber el aire. La camisa social, con los botones abiertos en el cuello, revelaba la curva del pecho musculoso, y el cabello oscuro le caía sobre la frente, dándole un aire de quien desafiaba las reglas sin esfuerzo. No la miraba directamente, pero Camila sentía su

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    El metro entró en otro túnel, sumiendo el vagón en una oscuridad momentánea antes de que las luces se estabilizaran de nuevo. En ese breve instante, Camila sintió algo extraño: como si la oscuridad le hubiera permitido acercarse sin ruido, sin tiempo, sin espacio. Cuando la claridad regresó, él seguía en el mismo lugar, pero la sensación persistió.Frunció el ceño, molesta consigo misma. No era el tipo de mujer que fantaseaba con desconocidos en el transporte público. No era el tipo de mujer que dejaba que su mente escapara a territorios peligrosos. Pero había algo en aquel silencio compartido que la perturbaba.El vagón siguió su curso, balanceándose. Uno de los pocos pasajeros restantes bajó. Luego, otro más. En cuestión de minutos, solo quedaban tres personas allí: Camila, un joven dormido al fondo y el hombre.Su corazón latió más fuerte.El silencio se volvió denso, roto solo por el sonido de los rieles y el aire acondicionado. Cada estación que pasaban parecía acercar más lo ine

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