LOGIN죽은 지 5년째 되던 해, 엄마는 경찰로부터 전화 한 통을 받았다. “따님의 소식이 들려왔습니다.” 엄마는 동생을 데리고 곧바로 고향으로 달려가 외할머니댁 문을 거칠게 열어젖혔다. “석경이는 어딨어요? 그 못된 계집애, 참 잘도 숨었네. 얼른 각막이나 빼서 동생한테 이식해야 해요!” 외할머니는 울음을 삼키며 말했다. “석경이는 이미 죽었단다.” 그러나 어머니는 비웃으며 소리쳤다. “헛소리하지 마요! 경찰이 분명히 소식이 있다고 전화했다고요.” “지금 당장 석경이 안 데려오면, 엄마도 당장 집에서 쫓겨날 줄 알아요!” 외할머니는 그런 엄마를 보며 눈물을 머금었다. 그리고 떨리는 손으로 내 사진을 꺼내 보이며 말했다. “석경아, 너는 네 동생을 구한 걸 후회하니?”
View MoreLos gemidos venian de la habitación matrimonial.
Se quedó paralizada en el pasillo, con el pastel de aniversario en las manos y el corazón latiéndole en los oídos. Diez años de matrimonio, diez velas que nunca encendería. Reconoció la voz de inmediato, porque era la voz de Mónica, su mejor amiga desde la universidad, la mujer que le había ayudado a elegir el vestido de novia.
La puerta del dormitorio estaba entreabierta, y la empujó con el codo sin pensar, sin prepararse para lo que iba a ver. Rodrigo estaba sobre ella, en su cama, en las sábanas que Valentina había lavado esa misma mañana con el suavizante que a él le gustaba.
El pastel se estrelló contra el suelo, y el ruido los hizo girar. Rodrigo la miró sin pánico, sin vergüenza, apenas con fastidio, como si Valentina fuera una molestia que había interrumpido algo importante.
—Llegaste temprano —dijo, y su voz sonó tan casual que le costó procesar las palabras.
Mónica ni siquiera se cubrió. La observó desde las almohadas con esa sonrisa condescendiente que Valentina había confundido durante años con cariño.
—Valentina, cariño —dijo, estirando las vocales como si le explicara algo a una niña—, esto iba a pasar tarde o temprano. No te lo tomes personal.
Rodrigo se levantó de la cama sin pudor alguno, caminó desnudo hacia el armario y sacó una carpeta que Valentina nunca había visto, una carpeta gruesa con el logo de un bufete de abogados que reconoció porque manejaba sus cuentas.
—Ya que estás aquí, ahorramos tiempo —dijo, extendiéndole los papeles con la misma indiferencia con la que le pasaba las facturas del supermercado.
Divorcio. La palabra la golpeó antes de que pudiera leer los detalles. Fecha de hoy, su firma ya estampada en la última página, todo listo, todo preparado mientras Valentina decoraba un pastel y planeaba una cena romántica.
—¿Tenías esto preparado? —preguntó, y su voz sonó extraña, ajena, como si viniera de otra persona.
—Desde hace tres meses —respondió él, poniéndose los pantalones con calma—. El abogado dijo que era mejor esperar a después del aniversario por temas de imagen pública. Ya sabes cómo son estas cosas.
Imagen pública. Después de diez años de matrimonio, de diez años cocinándole, limpiándole, manejándole las cuentas de la empresa familiar, Valentina era un problema de imagen pública.
—Firma, Valentina —insistió, con ese tono de quien no espera resistencia—. No compliques las cosas.
—¿Y la casa? —logró decir, porque su cerebro intentaba aferrarse a lo práctico, a lo tangible, a cualquier cosa que no fuera el dolor que empezaba a trepar por su pecho—. ¿Y mi trabajo?
Él se rio, una risa corta y cruel que nunca le había escuchado, o que quizás siempre había estado ahí y Valentina había elegido no oír.
—La casa es de mi madre, siempre lo fue. Tu trabajo es en la empresa de mi familia. ¿De verdad creías que algo de esto era tuyo?
Las rodillas le temblaban, pero se obligó a mantenerse de pie, a no darle el placer de verla caer.
—Diez años, Rodrigo —dijo, y odió el temblor en su voz, la debilidad que delataba—. Te di diez años de mi vida.
Él se acercó, y por un momento pensó que iba a disculparse, que algo humano iba a asomarse detrás de esa máscara fría. Pero lo que hizo fue peor: la miró de arriba abajo con desprecio, evaluándola como a un mueble viejo que había dejado de ser útil.
—Y yo te di un estilo de vida que no merecías —dijo, bajando la voz hasta convertirla en un susurro venenoso—. Mírate, Valentina. Tienes 34 años, ya no eres joven, ya no eres bonita, ya no sirves para darme hijos. ¿Qué esperabas, que me quedara contigo para siempre?
Las palabras entraron como cuchillos, cada una encontrando el punto exacto donde más dolía, donde Valentina misma había enterrado sus inseguridades durante años.
Mónica apareció a su lado envuelta en la bata de seda de Valentina, la que Rodrigo le había regalado en su quinto aniversario de matrimonio, y la miró con una lástima tan falsa que le revolvió el estómago.
—No seas cruel, amor —le dijo a él, acariciándole el brazo—. Valentina siempre fue demasiado simple para ti, todos lo sabíamos. Ella también, en el fondo.
La puerta principal se abrió en ese momento, y doña Carmen entró con paso firme, como si la hubieran convocado, como si todo esto fuera un espectáculo ensayado donde cada uno conocía su papel excepto Valentina.
—¿Ya firmó? —preguntó la suegra que nunca la aceptó, mirándola con el mismo desprecio que había cultivado durante una década.
—Está siendo difícil —respondió Rodrigo.
Doña Carmen caminó hacia ella con esos tacones que siempre sonaban como sentencias, y la observó como quien examina una mancha en la alfombra.
—Escúchame bien, Valentina —dijo, con la voz helada que usaba para despedir empleados—. Firmas ahora o te saco con la policía. Esta casa es mía, todo lo que llevas puesto lo pagó mi hijo, hasta el aire que respiras nos pertenece. No tienes estudios, no tienes talento, no tienes nada. Eres una don nadie que tuvo la suerte de que Rodrigo se fijara en ella, y esa suerte se acabó.
Mónica soltó una risita desde el fondo, y el sonido la atravesó como cristal roto.
—Firma —repitió doña Carmen—. Tienes cinco minutos para recoger tu ropa y salir de mi casa.
Firmó. No porque se rindiera, sino porque no podía respirar, porque el aire se había vuelto espeso y tóxico, porque necesitaba salir de ahí antes de derrumbarse frente a ellos.
Salió con una maleta que ni siquiera era suya y la ropa que llevaba puesta, esa ropa que según ellos también les pertenecía.
Llovía. Por supuesto que llovía, porque el universo tiene un sentido del drama que a veces resulta obsceno. El agua la empapó en segundos, mezclándose con las lágrimas que ya no podía contener, desdibujando el mundo hasta convertirlo en un borrón de luces y sombras.
Su teléfono vibró dentro del bolsillo, y lo sacó con manos temblorosas para encontrar dos mensajes. El primero era del banco, informándole que su tarjeta había sido cancelada por solicitud del titular principal. El segundo era de recursos humanos, un correo frío y formal comunicándole que su contrato terminaba efectivo inmediatamente por reestructuración interna.
Diez años borrados en diez minutos, como si nunca hubieran existido, como si Valentina nunca hubiera existido.
Caminó sin rumbo por calles que ya no reconocía, arrastrando la maleta por charcos que le salpicaban las piernas. No tenía adónde ir, porque su madre había muerto hace cinco años, porque su padre nunca existió, porque todas sus amigas eran en realidad las amigas de Rodrigo, esposas de sus socios que le toleraban en los eventos pero nunca le llamaban para tomar un café.
Mónica era su única amiga de verdad, o eso había creído durante quince años. Y Mónica estaba en la cama matrimonial, usando su bata, riéndose de ella.
Encontró un banco en un parque y se dejó caer sobre él, sin importarle que estuviera empapado, sin importarle nada ya. La maleta quedó tirada a sus pies como un recordatorio patético de todo lo que había perdido.
¿Quién era Valentina ahora? No era la esposa de Rodrigo Mendoza, no era la contadora del Grupo Mendoza, no era la nuera de doña Carmen, no era la amiga de Mónica. Le habían arrancado todas las etiquetas, todos los roles que había desempeñado durante una década, y debajo de ellos no quedaba nada. Solo una mujer de 34 años sentada bajo la lluvia sin un peso en el bolsillo y sin un lugar al que volver.
Se levantó porque el frío empezaba a calarle los huesos, porque necesitaba encontrar un techo, un café caliente, algo que le recordara que seguía viva. Cruzó la calle sin mirar, sin pensar, sin importarle.
Las luces la cegaron primero, dos faros blancos atravesando la cortina de lluvia, y después llegó el chirrido de los frenos cortando la noche como un grito metálico.
Un coche negro, enorme, venía directo hacia ella, y Valentina no se movió. No pudo, o quizás no quiso, quizás una parte de ella pensó que sería más fácil así, que el dolor terminaría antes de que pudiera procesarlo.
Cerró los ojos y esperó el impacto, pero el impacto nunca llegó.
Cuando abrió los ojos, el capó del coche estaba a centímetros de su cuerpo, tan cerca que podía sentir el calor del motor atravesando la tela mojada de su vestido. El olor a goma quemada llenaba el aire, mezclándose con la lluvia y el latido furioso de su corazón.
La puerta del conductor se abrió, y un hombre bajó con movimientos deliberados, como si la lluvia no se atreviera a molestarlo. Llevaba un traje negro que debía costar más que todo lo que Valentina había poseído en su vida, y tenía una mandíbula tallada en piedra y unos ojos que parecían carbón encendido.
—¿Estás loca o quieres morir? —preguntó, y su voz grave cortó el aire con la misma autoridad con la que seguramente daba órdenes en salas de juntas.
No respondió, porque no tenía respuesta, porque quizás las dos cosas eran ciertas.
Él la observó durante un momento largo, recorriendo con la mirada su ropa empapada, su maquillaje corrido, la maleta abandonada en el charco, y algo cambió en su expresión, algo que parecía reconocimiento.
—Eres la esposa de Rodrigo Mendoza —dijo, y no era una pregunta.
—Ya no —respondió, y su voz salió rota, apenas un susurro que la lluvia casi se tragó—. Ya no soy nada.
Él sonrió entonces, pero no era una sonrisa amable ni reconfortante; era la sonrisa de un depredador que acaba de encontrar exactamente lo que estaba buscando.
—Perfecto —dijo—. Entonces tengo una propuesta para ti.
“그 계집애 말이에요. 내가 손 좀 대보려고 했더니, 감히 물건을 던져서 날 치더라고요?”“걔는 당신들이 날 위해 주워 온 장난감일 뿐인데 무슨 자격으로 날 거부하는 거죠?”주석형의 말을 듣는 순간, 나는 그 혼란스럽고 어두웠던 여름이 떠올랐다.그날, 나는 샤워를 끝내고 화장실에서 나오다가 내 방에 있는 석형을 마주쳤다. 그는 내가 입고 있던 잠옷을 보고 눈빛이 변하며 달려들었다.그리고 나를 침대에 눌러놓고 옷을 찢기 시작했다. 나는 침대 위에 있던 스탠드를 잡아 그의 머리를 내리쳤다.그러나 아빠가 방에 들어왔을 때, 그는 석형을 꾸짖지 않고 오히려 나를 폭행했다.“넌 석형의 장난감일 뿐이야. 석형이가 널 건드린 건 네게 영광인 줄 알아!”나는 그 말을 듣고 침묵했다.한 달 뒤, 석형의 성인식 여행에 나는 억지로 따라가야 했다. 그 여행이 바로 나를 어둠 속으로 밀어 넣는 발판이 되었다.엄마는 진실이 낱낱이 드러나자 충격에 휘청이며 바닥에 주저앉았다. 그녀는 멍한 눈으로 석형을 쳐다보며 말했다.“어떻게 그런 짐승 같은 짓을 할 수 있지?”하루 만에 아버지와 아들의 모든 이미지가 한순간에 무너졌고, 엄마는 그걸 받아들일 수 없었다.나는 엄마를 이해했다. 내가 과거 석형에게 짓눌리고, 아빠에게 맞았던 그날, 진실을 엄마에게 말하고 싶었다. 하지만 엄마는 나를 차갑게 바라보며 이렇게 말했다.“네 동생이 다치지 않게 잘 돌봐. 다치게 하면 너도 돌아오지 마.”나는 반항하고 싶었지만, 그녀는 기회를 주지 않았다.“짐승들이야. 너희 모두 짐승들이야.”엄마는 자리에서 일어나 밖으로 나가려 했고, 경찰을 부르겠다고 결심한 것이다.그러나 돌아서는 순간, 석형이 뒤에서 그녀를 내리쳤다. 석형의 손엔 엄마가 성인이 된 그에게 선물한 사인이 있는 야구 방망이가 들려 있었다. 방망이의 서명 자리엔 엄마의 피가 묻어 있었고, 핏방울이 바닥에 뚝뚝 떨어졌다.“너...”엄마는 머리를 감싸며 믿을 수 없다는 눈으로 석형을 바라봤다. 석형은 방망이를 쥔 채
엄마는 주석형이 돌아오길 기다리며 내가 어릴 적 머물렀던 방으로 갔다. 그곳은 작은 방이었고, 창문도 없는 공간이었다.먼지로 뒤덮이고 잡동사니로 가득한 그 방을 여는 엄마를 보며, 나는 가슴이 아팠지만 영혼은 울 수 없었다.엄마는 오랜 세월 동안 그 방에 들어오지 않았다. 낯설게 느껴지는 방 안에서, 그녀는 천천히 기억의 문을 열었다.침대 옆에 앉은 엄마의 손이 무언가를 만졌다. 그것은 바로 내 일기장이었다.[외할머니가 말씀했다. 엄마가 날 키워주지 않았으면 난 이미 죽었을 거라고. 그래서 난 엄마에게 꼭 효도하고, 절대 화를 내지 않을 거다.][오늘 난 다섯 살이 되었다. 엄마가 동생을 낳았는데 동생은 정말 귀엽고 부드럽다. 난 앞으로 동생을 정말 잘 챙길 거다.][동생이 초등학교에 들어갔다. 하지만 매일 나쁜 애들과 어울리며 괴롭힘을 당한다.내가 동생을 도와줘야지.][동생은 나를 별로 좋아하지 않는 것 같다. 항상 엄마 앞에서 거짓말을 하고 나를 고자질하지만, 내 동생이니까 화를 낼 수 없다.]...일기의 내용을 읽던 엄마는 결국 무너졌다. 엄마는 스스로를 끌어안고 바닥에 무릎 꿇은 채 흐느끼며 말했다.“석경아, 엄마가 미안해. 정말 미안해!”“왜 이런 일을 한 번도 엄마에게 말하지 않았니?”‘엄마, 사실 전 당신께 말하고 싶었어요. 하지만 저는 감사하는 마음이 더 컸어요.’‘동생이 태어나기 전, 저는 5년 동안 엄마의 사랑을 받았어요.’‘그 짧은 시간 동안의 사랑은 이후 당신이 내게 퍼부은 모든 냉대와 험담을 덮어줄 만큼 충분했어요. 저는 당신을 사랑했어요, 엄마.’석형은 당황하며 물었다.“무슨 일기요?”엄마는 일기장의 내용을 한 줄씩 외워 내기 시작했다. 엄마가 한 줄씩 읊을 때마다 석형의 얼굴빛은 점점 변했다. 마침내 그의 얼굴에서 순진함과 두려움은 완전히 사라졌다.“그 역겨운 계집애가 일기를 남겼다고요?”“어째서 그걸 그냥 없애지 않았지?”엄마는 석형을 차갑게 바라보며 말했다.“내가 왜 너 같은 아들을 낳았을까
“나는 저는 물건을 사러 나갔다가 그 사람들이 절 알아봤어요. 따라오지 못하게 하려고 했지만, 그들에겐 칼이 있었어요.”“엄마, 난 무서웠어요. 진짜로 무서웠어요.”주석형은 말을 더듬으며 엄마에게 애원했다.“엄마, 제발 경찰이 저를 잡지 못하게 해 주세요. 나는 아직 젊고, 앞으로 크게 될 사람이에요.”석형은 공포에 질려 말을 제대로 잇지 못했다.“저 잡히면 안 돼요. 저 교사로 임용됐잖아요. 만약 제가 잡히면, 제 학생들은 어떻게 해요?”엄마는 석형의 팔을 꽉 붙잡았는데, 손톱이 그의 피부를 파고들 정도였다.“하지만 네 누나는 너 때문에 죽었어. 경찰이 널 그냥 놔둘 리가 없잖아.”석형은 무릎을 꿇고 엄마에게 빌었다.“엄마, 누나는 이미 세상에 없어요. 만약 저까지 잡혀가면, 누가 엄마를 부양해요?”석형은 엄마의 약점을 정확히 찔렀다. 바로 아들은 자신의 노후를 책임져야 한다는 그녀의 신념이었다.이에 엄마의 눈빛이 흔들리기 시작했다.“너 자수해, 석형아. 자수하면 경찰도 가벼운 처벌을 내릴 거야.”하지만 석형은 엄마의 손을 꼭 붙잡은 채 망설임을 보였다. 그러다 천천히 손을 풀며 말했다.“엄마, 제가 자수하면 인생이 끝장이에요.”“누나는 엄마의 딸이잖아요. 엄마가 탄원서만 하면, 저는 아무 일 없을 거예요.”석형은 엄마를 똑바로 바라보며 말했다.“그것만 있으면 저를 살릴 수 있어요.”엄마는 고민하며 망설였다.“하지만...”“하지만은 없어요!”석형은 갑자기 폭발하듯 소리쳤다.“엄마, 엄마는 내 엄마 맞아요? 이런 사소한 것도 날 위해 못 해 주는 거예요?”석형은 화가 난 사자처럼 방 안을 돌아다니며 성을 냈다.“엄마는 내 엄마예요. 그 애는 길에서 주워 온 떠돌이 개일 뿐인데, 왜 날 돕지 않고 그 애를 도우려고 해요?”그 말에 엄마는 차분히 말했다.“네가 어떻게 석경이를 그렇게 말할 수 있니?”석형은 비웃으며 말했다.“엄마가 그 애 이름을 주석경이라 지은 이유가 뭔데요? 제가 왔으니 그 애의 역할은 끝난 거잖
그들은 석형까지 데려가려 했지만, 석형은 기지를 발휘했다.“내가 자동 신고 시스템을 설정해 놨어요. 30분 안에 취소하지 않으면 경찰이 바로 출동할 거예요.”그들은 비록 범죄자였지만 경찰은 두려워했다. 그래서 나만 낡은 인형처럼 끌고 갔고, 석형은 그대로 놔두었다. 그들은 자신들이 잡히지 않을 거라 자신했다.“우리가 인정하지 않으면, 아무도 우릴 잡지 못할 거야.”“여긴 다 그런 사람들이 사는 곳인데, 지금껏 아무 일 없었잖아.”그들은 그렇게 안심하며 나를 다시 끌고 갔다.그날의 도망은 내게 피로 물든 대가를 치르게 했다. 그들은 내 무릎을 산산조각 내고, 손을 벽에 못으로 박아버렸다. 마을 이장은 못질을 하며 누런 이를 드러내고 웃었다.“이건 널 말 잘 듣게 하려는 거야. 다시 도망치면 이번엔 네 몸 전체를 벽에 못 박아버릴 거야!”“이 산골짜기에서 너 하나 묻어버리는 건 일도 아니야. 늑대 밥이 되면 뼈 한 조각도 안 남을걸!”나는 이장을 증오로 가득 찬 눈빛으로 쏘아보며 머릿속으로 그를 죽일 방법을 여러 번 상상했다. 하지만 그들을 죽일 수 없다는 걸 알고 있었다.그래서 순종하는 법을 배우기 시작했다. 그들이 들어오면 나는 스스로 옷을 벗었고, 그들에게 기어가 복종했다.1년 반 동안 나는 그들이 경계를 풀 때까지 기다렸다. 그리고 다시 한번 기회가 찾아왔다.폭우로 산사태가 일어나 오두막이 무너졌다. 하지만 나는 부러진 다리 때문에 설 수 없었고, 산속에서 반년 동안 기어다녔다. 그러다 마침내 착한 사람을 만나 구조되었다.외할머니를 찾았을 때는 이미 2년이 지난 뒤였다. 외할머니의 이야기를 들은 엄마는 충격으로 말을 잇지 못했다.한편으로는 나를 불쌍히 여겼지만, 또 한편으로는 믿을 수 없다는 듯 고개를 저었다.“석형이가 그럴 리 없어. 걔는 착한 아이야.”외할머니는 엄마의 얼굴에 몇 대의 뺨을 내리쳤다.“그러면 네 생각엔 석경이가 목숨을 걸고 너랑 장난이라도 쳤다는 거야?”“아니면 석경이가 석형이를 모함하려고 이러는 거냐?”
외할머니는 갑작스럽게 힘이 빠진 듯 주저앉았다. 그동안 강인했던 외할머니의 모습은 엄마의 말 한마디로 무너져 버렸다. 주먹을 꼭 쥔 손등엔 핏줄이 드러났다. 외할머니는 이 악물고 말을 이어갔다.“석경이는 산에서 도망쳐 나왔다고 했어. 무려 2년이나 걸렸지.”외할머니는 말을 할 때마다 이를 꽉 물어서, 말투가 흐릿하고 어눌했다.“작은 오두막에 갇혀 있었어. 매일같이 다른 남자들에게 짓밟혔지. 누가 오기만 하면, 그 애가 밥을 먹든 자고 있든 끌어내어 땅바닥에 눕혔어.”“더러운 진흙물이 그 애의 몸을 문드러뜨렸어. 그러면 그자들이 찬물
보름이 지나고, 엄마가 주석형을 데리고 다시 돌아왔다. 엄마는 정말 몰상식한 행동으로 외할머니를 집에서 쫓아냈다.“날 원망하지 마요. 엄마가 그렇게 자랑스러워하던 손녀라면서요? 엄마가 이렇게 당하면 반드시 나타날 거야.”석형은 엄마의 팔을 붙잡으며 겉으로는 걱정스러운 척 말했다.“엄마, 외할머니 나이도 많으신데 이제 그만하세요.”“아마 누나가 여전히 제가 엄마의 사랑을 뺏어갔다고 생각하고 화난 거예요. 그래서 일부러 안 나타나는 거겠죠.”그는 한쪽 눈을 감싸며 말했다.“저는 한쪽 눈으로도 볼 수 있어요. 괜찮아요.”그러
외할머니는 조용히 앉아 엄마가 집안을 다 뒤지고 난 뒤에야 입을 열었다.“그 애는 정말로 여기 없어. 이미 시신도 기증했어.”“걔 이미 다짐했었어. 살아서든 죽어서든 다시는 너를 만나고 싶지 않다고.”엄마의 얼굴은 일그러졌고, 외할머니를 향한 시선엔 증오가 가득했다.“엄마, 그래도 내가 엄마 딸이잖아.”“아빠가 어떻게 돌아가신지 기억은 해요? 그게 다 저 애 때문이라고요. 아빠가 멀쩡히 살아계셨을 수도 있었고, 주석형 눈도 이 모양은 아니었을 거예요.”“나는 지금 그 살인자의 각막 하나만 필요할 뿐이에요. 생명까지 뺏으려
멀끔한 정장을 차려입은 엄마가 외할머니 집 문 앞을 가로막고 있었다.“주석경 어디 있어요? 얼른 서류에 서명해야 해요!”“그냥 각막 기증 동의서에 서명만 하면 돼요. 두 눈 다 가져가는 것도 아니고, 이렇게 쪼잔하게 굴 필요 없잖아요?”외할머니는 감정이 담기지 않은 표정으로 엄마를 바라보며 대답했다.“그 애는 5년 전에 이미 세상을 떠났어.”엄마는 이 말을 듣고 비웃었다.“엄마는 내 엄마잖아요. 병든 건 당신 친손자고, 그런데 지금 타인의 편을 들겠다는 거예요?”“다 그 애 때문이야. 석형이 눈이 이렇게 된 게!”“두
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