Esa era, sin duda, la explicación más inútil que podía dar.Del otro lado, Paulina vio que Adrián terminó la llamada y se apresuró a preguntar:—¿Qué pasó?—Nada, doña Rosa dice que quiere renunciar —respondió Adrián mientras guardaba el celular.Paulina suspiró, aliviada. Aunque, pensándolo bien, ¿qué importaba si esa sirvienta decía la verdad? Ella no le tenía miedo a nada. Frente a Adrián, ni siquiera Olivia podía competir con ella, mucho menos una empleada doméstica. A fin de cuentas, ella casi había matado a Olivia y Adrián seguía de su lado.Con eso en mente, se le iluminó la cara de alegría, y en ese momento terminó de sacar el vestido Estelar de Noche de Olivia.—¡Wow, qué vestido tan precioso! ¿Es un regalo para mí? —exclamó maravillada.—Eso... —Adrián le echó un vistazo—. Es de Olivia.—Olivia... —Paulina giró los ojos con astucia—. Adri, mira, necesito ir a un evento de beneficencia. Me van a llevar Beto y tú. No tengo vestido de gala, ¿me lo prestas?Adrián puso cara de in
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