Evangeline.El silencio que siguió a las palabras de Maximilian en la sala de juntas era denso, pesado, cortante. Ninguno de los directores se atrevía a sostenerle la mirada, pero la furia contenida en sus expresiones era evidente. Fue Carlos Mendoza, el vicepresidente, quien apretó los dientes con una mueca de amarga derrota antes de hablar.—No tenemos otra opción, ¿verdad, Maximilian? —escupió Mendoza con desprecio y frustración evidente en la voz, negando con la cabeza—. Si rompemos el acuerdo ahora y nos vamos a una guerra legal por tus caprichos matrimoniales, las acciones se desplomarán antes de que termine la semana y los inversores nos devorarán vivos. Tienes el sartén por el mango.—Exacto, Mendoza —intervino otro de los directores mayores, un hombre de cabello cano que ajustó sus anteojos con temblorosa resignación—. Nos guste o no tu matrimonio exprés con ella, y por más absurdo que nos parezca saltarse los estatutos de esta manera, estamos atados de manos. Aceptamos tu
Dernière mise à jour : 2026-09-08 Read More