—¿Viniste a ver a Leo? ¿Por qué no subes?Laura echó un vistazo a la recepción y comprendió de inmediato. Luego, con naturalidad y desenfado, añadió:—Yo te llevo arriba.Catalina la miró:—Si subo, pondré nerviosos a los empleados. —Mejor no les interrumpo la jornada.Fue una respuesta sutil, pero absolutamente aplastante.Por más que Laura dijera o hiciera, seguía siendo una empleada. Catalina y ella pertenecían a clases distintas.Sin importar cómo estuviera su relación con Leo en ese momento, ella seguía siendo la Sra. Cantú, la dueña de la familia Cantú.No solo Laura, sino también la compañera que la acompañaba torció el gesto.Ambas se callaron y se fueron.En cuanto entraron al ascensor, la compañera estalló indignada:—¿Qué se cree? Pronto vas a ser tú la Sra. Cantú. —Ha llegado a este punto, todavía quiere guardar las apariencias. —Como si no supiera que, en cuanto salga de la familia Cantú, le van a llover los problemas.Laura bajó la cabeza y bebió su café:—No digas t
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