Abrí la puerta del cuarto y me los encontré a los dos en pelotas, enredados en mis sábanas. La rubia esa, la de la recepción, tenía el rimel corrido y una expresión de venado atropellado. Javier, mi Javier, estaba tan blanco que parecía un flan con patas, tratando de cubrirse con mi almohada favorita.—Esto no es lo que parece —dijo él, con la voz toda ronca y estúpida.—Ah, ¿no? —me recosté en el marco de la puerta y crucé los brazos—. Porque a mí me parece que te estás cogiendo a la secretaria de ventas en mi cama, con mis cobijas, y por cómo tienes el pelo parado, no fue hace cinco minutos. Dime, Javier, ¿qué es entonces? ¿Un simulacro de incendio?La rubia soltó un chillido y se tapó la cara con la sábana, como si eso la hiciera invisible. Yo le aventé sus taconazos que estaban tirados en el suelo.—Ándale, vístete y lárgate antes de que se me ocurra subir una foto a Instagram y etiquetar a tu mamá.No necesitó que se lo repitiera. Salió hecha la mocha con la blusa al revés, casi
ปรับปรุงล่าสุด : 2026-09-22 อ่านเพิ่มเติม