—Se casó gracias a un contrato y ya se cree alguien —dijo Rocío.Milena no se quedó callada.—¿Y tú por qué te sientes superior? Aparte del dinero de tu familia, ¿qué tienes? Porque cerebro y conciencia, desde luego, no.Rocío se dispuso a pelear con ella, pero Fausto intervino a gritos:—¡Milena! ¿Qué manera de hablar es esa? ¡Discúlpate con Rocío ahora mismo!Milena soltó una risa seca.—¿No se la pasa presumiendo que es una señorita de buena familia? ¿Dónde está su educación? Cuando ella me insulta, tú no dices nada, pero ¿yo no puedo responderle? ¿Quién te crees que eres? ¿Por qué tendría que disculparme?Furioso, Fausto le lanzó un tazón. Milena giró la cabeza, pero el borde la golpeó junto a la sien. Un moretón empezó a formarse sobre su piel clara.Rocío alzó la barbilla, triunfante.—¿Quién te crees? ¿De dónde sacas que estás a mi altura?Milena estalló. Tomó el tazón que tenía enfrente para lanzárselo, pero Kevin le atrapó la muñeca.—¡Basta! —gruñó.Los ojos de Milena se e
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