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Mga Maiikling Kuwento at Nobela Liarse con alguien

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Caos en el concierto - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
—Por favor, deja de empujar. No puedo soportarlo más. El lugar del concierto estaba abarrotado. Un hombre detrás de mí sigue presionándome el trasero. Hoy estaba vistiendo una minifalda con una tanga debajo, y eso solo empeora la situación actual. Él levanta mi falda y se aprieta contra mis caderas. A medida que el ambiente se calienta, alguien delante de mí me empuja y retrocedo un paso. Mi cuerpo se pone rígido al sentir como si algo se hubiera deslizado dentro de mí.
La Heroína Erótica Presa De Un Juego Mortal - undefined nobela & mga-kwento
Yvette
Soy la protagonista de una historia erótica. ¿Mi especialidad? Convertir lo que está frío o tibio en algo que siempre arde... y moja a mares. El primer día que llegué a un juego de terror, el BOSS les dijo a todos que eligieran cómo querían morir. Sonreí y, sin dudarlo ni un segundo, respondí: —Yo elijo por falta de aire, con las piernas temblando, los ojos brillando... y un placer tan intenso que me mate de puro gusto. BOSS: ¿Qué diablos...?
Verano En Familia Caliente - undefined nobela & mga-kwento
Lucía Tormentas
—Mmm… si tu hermano no está, el hermanito viene a jugar con su cuñada… ustedes dos, ah… Cuando mi hermano terminó sus cosas y se fue, solo quedó mi cuñada en la cama, dormida e indefensa. No pude resistir el tocarla, y sin pensarlo la desperté con mis caricias. En vez de apartarme, me abrazó contra su pecho y me dejó irle marcando la piel. Y en medio del frenesí, levanté la vista y vi la silueta de mi hermano.
Por Infidelidades del Destino - undefined nobela & mga-kwento
Lucía Tormentas
—Papi... ¿así te gusta? En la cama de otro... hazme tuya... ¿así te gusta, papi? Esa madrugada, mi cuñada estaba desnuda, boca abajo sobre la cama, empujando una y otra vez su trasero redondo y firme hacia atrás. Hasta los gemidos le salían temblorosos, con cara de que estaba bien satisfecha...
Nuera Compartida - undefined nobela & mga-kwento
Hombre Sucio
—Papi... no hagas eso... Ay... Mi hijo se quedó dormido sin satisfacer a mi nuera. Ella, tan provocativa, me rodeó el cuello con sus suaves brazos y frotó sus pechos grandes y firmes contra mí. Se me tensó todo el cuerpo y la monté sobre mí: —Zorra, ¿el inútil de mi hijo no te satisface?
Construyendo Un Quinteto - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
—¡N-no! ¡Cuatro son demasiados! ¡No voy a aguantar! En el autobús nocturno, los cuatro compañeros de obra de mi esposo me sujetaron contra el asiento y me abrieron las piernas a la fuerza. El compañero que estaba frente a mí sacó el cinturón y azotó con fuerza mis nalgas firmes. —¡Abre las piernas! Los cuatro nos vamos a dar gusto contigo. Después, me jaló las bragas empapadas.
Nadando En Las Medias De Mi Ahijada - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
—Padrino, ¿así es la postura correcta? Estábamos en el Club Deportivo y le enseñaba a mi ahijada la técnica para entrar al agua. Briseida se inclinó, dejando su trasero bien firme en alto, y sin querer terminó rozando mi paquete. Sentí un corrientazo, una sensación eléctrica que me sacudió. Pero lo que más me excitó fue lo que pasó después de que saltara. Como era malísima para nadar, empezó a chapotear con desesperación en cuanto entró al agua y, entre tanto ajetreo, se le soltó el hilo del bikini. Me lancé de inmediato a rescatarla. Ella forcejeaba y se aferraba a mí con todas sus fuerzas, haciendo que se la rozara una y otra vez. Y lo más increíble era que su padre estaba ahí mismo, observándonos a un lado de la alberca.
Montando A La Vieja - undefined nobela & mga-kwento
Pervertido Asqueroso
—¿Te gusta cómo se siente montar? Estábamos sobre el lomo del caballo que no dejaba de saltar; yo iba agarrando a la esposa de mi amigo de su cinturita mientras la falda se le subía con cada rebote. Él estaba ahí cerca, metido en la casa y concentrado con las cartas, sin saber que yo estaba con su mujer enfrente de él...
La Bestia Ordenada A Embarazarme - undefined nobela & mga-kwento
Leep
—Señora Valle, el jefe me ordenó… que la embarazara. Durante una fiesta en yate, llevaba un vestido de seda con tirantes y sin sostén, pero el empleado más despiadado de mi padre me arrinconó y me puso en una situación humillante. Me costó mucho escapar, pero cuando nos llevaba a mi esposo y a mí de regreso a casa, inició su “misión”. Nos detuvimos en un semáforo en rojo, como si aquella pausa formara parte de su plan. Mi esposo estaba tirado en el asiento trasero, borracho y perdido. En el asiento delantero, la enorme mano áspera y ardiente de Dylan Valenzuela ya había apartado sin piedad mi tanga delgadita mientras sus dedos húmedos y calientes me penetraban con fuerza.
Mi Jefe El Cornudo - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
La jefa de la empresa estaba demasiado sensual: estiraba uno de sus lindos pies en medias caladas y lo balanceaba frente a mí. No me pude aguantar, le tomé una foto a escondidas y me metí al baño para masturbarme pensando en sus pies blanquitos. A mitad del asunto, la jefa abrió la puerta y me miró sorprendida. —¡Qué diablos! ¿Cómo la tienes tan grande? ¿Y por qué me tomaste una foto a escondidas hace rato? Pegué un brinco del susto y me subí los pantalones a las carreras. La jefa me miraba con una sonrisa de superioridad. —Estás frito. Voy a decirle al jefe. Al rato apareció el jefe. Pensé que me iba a hacer un escándalo, pero, contra todo pronóstico, me puso un fajo de mil dólares en la mano. —Mi esposa no logra embarazarse. Tú te ves macizo, hazme un favor.
El Pervertido De Mis Fantasías - undefined nobela & mga-kwento
Romanticuyo
Cuando el lente del telescopio del departamento de enfrente se posó en mí, yo estaba acurrucada en la cama, temblando todita mientras jugaba con mi juguetito. Al darme cuenta de que alguien me espiaba, el pánico llegó acompañado de una oleada abrumadora de placer y emoción. Alcancé el orgasmo bajo esa mirada ardiente, deshecha, como si esa misma mirada me acariciara y jugara conmigo. Hice lo más atrevido de mi vida. De frente a esa mirada ardiente a la distancia, abrí las piernas poco a poco para mostrarle cómo me metía el juguetito. Pero en ese momento aún no lo sabía… Que en el futuro, aquella mirada me haría perder el control hasta la perdición.
La Sombra Del Pastel - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
En la penumbra del cine privado, mi padrastro me llevó a ver una película para adultos; dijo que era mi regalo de cumpleaños. Mientras miraba en la pantalla a un hombre y una mujer disfrutando de lo que hacían, sentía un cosquilleo por todo el cuerpo. No pude evitar apretar los muslos mojados, intentando soportar esa corriente entumecedora. Al verme con la cara enrojecida, mi padrastro me metió la mano y me arrancó los calzones. —Te voy a enseñar a ser toda una mujer. ¿Te vas a portar bien?
Masajitos a Domicilio - undefined nobela & mga-kwento
Leep
—Grite para mí, señora. Mi jefe es impotente. Me pagó un millón de dólares para que me acostara con su esposa, Hanna Castillo, una directora ejecutiva seria y bellísima, y la dejara embarazada. En la lujosa mansión de la montaña, usé la rodilla para abrirle a la fuerza las piernas, blancas como la nieve, que mantenía bien cerradas y deslicé por debajo de su camisón de seda rosa la pistola de masaje, que zumbaba sin parar. Por encima de la última capa de seda, ya húmeda por su emoción, apreté el cabezal vibrador justo contra su punto más sensible, y lo froté contra ella a un ritmo constante. Un hormigueo insoportable le recorrió el cuerpo hasta la coronilla. Aquella mujer siempre tan seria, medio desvestida, se desplomó sobre el sofá. Lloraba de humillación y odio, pero arqueaba la espalda sin poder contenerse y se estremecía frenética con cada embestida. Mientras ella dejaba escapar un gemido de placer, sus jugos brotaron y empaparon la pistola de masaje...
¿¿¿Mi Compañera Es Estrella NoPor??? - undefined nobela & mga-kwento
Lucía Tormentas
“No traigo calzones”. Cuando la bonita de mi mesa me puso esa nota en la mano, el corazón me retumbaba como tambor. Acto seguido, me pasó una segunda nota. “Quiero meterme algo en la boca, ¿qué me recomiendas…?”
La Maldad De Esa Cabeza - undefined nobela & mga-kwento
Señor Calabazón
Después del accidente de auto, la tía Lore se confió demasiado porque creía que yo estaba mal de la cabeza. Jamás se cubría frente a mí y, cuando me aprovechaba de ella, solo le quedaba intentar calmarme con cariños. Poco a poco fui sobrepasando los límites, tentando el terreno para ver hasta dónde podía llegar con ella. Por fin, un día, aproveché que el tío Roberto estaba profundamente dormido y me metí en su cama para gozar de ese cuerpo que tanto me hacía babear. Ella temblaba entre mis brazos, muerta de miedo de que el tío Roberto nos descubriera. No tuvo más remedio que tragarse sus gemidos y tratarme como loquito; se fue quedando sin fuerzas, atrapada entre el placer y la culpa que sentía. Pero lo que ella no sospechaba era que yo ya estaba bien de la cabeza desde hace mucho tiempo.
Un Polvo en Familia - undefined nobela & mga-kwento
Señor Calabazón
Mi cuñada pensaba que yo estaba ciego y por eso nunca le importó mostrar su cuerpo delante de mí. Pero nunca imaginé que me pediría que la ayudara a sacarse algo que tenía dentro. Le palpé el cuerpo a mi cuñada y, al final, guiado por ella, terminé por hundir los dedos en su intimidad húmeda y caliente, hasta tocar el pedazo roto del pepino. Nadie lo sabía, pero yo ya había recuperado la vista.
Colegiala Pública - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
—Padrino, me equivoqué, no volveré a ir al club nocturno... Mmm, ahí no me puedes tocar. A altas horas de la noche, en la entrada del club nocturno, una atractiva mujer con medias negras estaba tirada en la calle, tan borracha que dejaba a la vista su calzoncito blanco. Me puse eufórico y deslicé la mano por debajo de su falda. Para mi sorpresa, me confundió con su padrino y creyó que venía a darle una lección, por lo que se quedó tan asustada que no se atrevió a moverse. Aproveché la situación para separarle las piernas y me abalancé sobre ella con fuerza. —¡Padrino! ¿Por qué me castigas de esta manera? —gritó aterrada.
Fotos De Mal Tercio - undefined nobela & mga-kwento
Lucía Tormentas
—Qué... qué delicia... nadie me la mete como tú... Soy fotógrafo de desnudo artístico. A través de mi lente he capturado a incontables mujeres en sus poses más seductoras y desinhibidas. Las mujeres que pasan por mi cámara, sin importar cómo fueran antes, terminan convertidas en modelos de primera. Por una sola razón: todas fueron moldeadas por mí. En la penumbra de la habitación, la mujer estaba desnuda, hincada a cuatro puntos sobre la cama, jadeando mientras su pecho subía y bajaba. Tenía las mejillas encendidas, la mirada llena de deseo, y solo su trasero redondo y perfecto, sostenido por mis manos, seguía en alto...
El labial de mi jefe mafioso - undefined nobela & mga-kwento
Heliotrope
Yo había amado a Damian Moretti desde lejos durante dos años. Él era mi jefe, el heredero intocable de una de las familias más peligrosas de Nueva York y el tipo de hombre que ninguna mujer debería desear, a menos que estuviera preparada para terminar destruida. Entonces me entregó un lápiz labial. Al principio pensé que solo era un regalo. Hasta que lo toqué y Damian Moretti, el hombre más frío de la habitación, casi se derrumbó frente a todos. Fue entonces cuando descubrí su secreto. El lápiz labial estaba conectado a él. Cada toque, cada giro, cada pasada de color, él podía sentirlo. No me había dado un regalo. Me había entregado poder sobre él. Y cuando la oficina empezó a murmurar, cuando otra mujer intentó reclamar lo que era mío, Damian finalmente les mostró a todos la verdad. El despiadado heredero de los Moretti solo se arrodillaba ante una mujer. Yo.
El Hueco Que Dejó Papá - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
—Me pica muchísimo. Mi papá salió, ayúdame a rascarme con la cuchara. En la mesa, la hija de mi amigo había comido demasiados ostiones; las hormonas se le alborotaron y el deseo se le desbordó. Llevaba una minifalda; sus piernas se abrieron hacia mí, dejando ver su tentador calzoncito blanco. Llevaba años sin estar con una mujer, y al ver la intimidad ligeramente hundida de la jovencita sentí que el cuerpo me traicionaba. Me desabroché el pantalón, saqué mi hombría y la agité frente a ella. —¿Qué tanto te va a ayudar una cuchara? Ráscate con esto.
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