El amor del Ceo mexicano
Tan posesivo como siempre, murmuró él CEO Mendoza, pasen adelante están en su humilde casa, la mansión Mendoza podía ser todo menos humilde, era lujosa y muy, muy costosa, les había tomado generaciones hacer tan imponente mansión, hoy en día pocas se podían comparar con ella, las mansiones Altamirano, las del Villar y las del CEO Mandujano eran sin duda su mayor competencia
Una vez que pasaron y les asignaron una mesa, el bebé Cristóbal luchaba por alcanzar los dulces y la decoración, el Ceo lo llevó a dar un recorrido, se le ocurrió acercarlo dónde el algodonero les estaba dando a los niños enormes algodones de azúcar en todos colores, con lo que el Ceo no contaba es que su pequeño tazmanio