El Valle de los Lobos
Tú preguntaste.
La casa vecina pertenecía al jefe de cazadores, y yo jamás había entrado. Me sorprendió que fuera tanto más espaciosa que la de Tea, cómoda al borde del lujo para lo que era la norma del pueblo. Tenía una amplia cocina, bonita y limpia, con los utensilios prolijamente dispuestos en ganchos y anaqueles. La pequeña despensa estaba atestada de provisiones. Más allá, como otra habitación pero sin pared de por medio, dividida con las estanterías de la cocina, estaba el comedor, donde también había dos largos bancos contra la pared bajo las ventanas, a ambos lados de la puerta principal. El hogar era un fogón cuadrado, como el de Tilda, que quedaba mitad en esa habitación y mitad d