Santo Pecado
Ciertamente, este Adriano Bonuchi no se parecía en nada al falso Padre Ignazio o a su versión anterior del tipo moribundo en sus brazos, este Adriano Bonuchi era frío, calculador, poderoso, peligroso e impredecible.
La puerta se abrió y Angelina apretó los puños alrededor de las sábanas bajo su cuerpo sin moverse un solo centímetro, mientras escuchaba los pasos de su esposo acercarse hasta la cama y trataba de controlarse para temblar de miedo.
— Angelina… — Le escuchó balbucear, evidentemente estaba ebrio, ¡Lo que le faltaba! Que el tipo también fuera un alcohólico.