RECUPERÁNDOLOS
, ¿y si quiere quitármelo?
—No puede, Diego es nuestro, él no va a llevárselo, nadie va a hacerlo —aseguró Fabián.
—Alguien ya se lo llevó —le recordé— y a las niñas con él.
Fabián me abrazó, su cuerpo temblaba de impotencia, de rabia y de miedo.
—Maldición —dijo llorando a mi lado.
Cerca de la una de la mañana recibí la llamada de Rocío, informado que tenía la dirección de Damián Belmonte. Vivía en Santa Clara.