El Cruel Juego De La Venganza
Caminó con pasos firmes hacia la salida, guiada por Alejandro, mientras los hombres de seguridad bloqueaban a un Rodrigo que cayó de rodillas sobre el suelo de mármol, sollozando de rabia y desesperación en medio de la inmensidad de su ruina.
Al cruzar el umbral de la casa, el aire de la noche golpeó el rostro de Virginia. Miró a la pequeña Isabella, que comenzaba a abrir sus pequeños ojos, y por primera vez en muchos meses, una sonrisa genuina y llena de paz iluminó sus labios. La venganza estaba consumada, el imperio del monstruo había caído, y bajo su nuevo apellido y su nueva fuerza, el futuro finalmente le pertenecía.